Una sabia alerta para valorar el papel de Rusia

En la reciente reunión de cancilleres de los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Bruselas, Bélgica, el pasado 2 de abril, seguida por un encuentro informal entre representantes de los Estados constituyentes de la Unión Europea (UE) en Atenas, Grecia, resultó evidente la existencia de dos posiciones distintas en el escenario creado por la crisis de Ucrania. Mientras algunos países de Europa Oriental, en especial, Polonia y los estados del Báltico, piden una presencia mayor de la OTAN en sus territorios, así como la expansión de la organización al este del continente, hay posiciones más moderadas, como la alemana, representada por el ministro de Relaciones exteriores, Frank-Walter Steinmeier, para quien la única forma de encontrar una solución razonable para la crisis ucraniana es por medio de un “diálogo directo con Rusia.” Por tal posición, Steinmeier se convirtió en el blanco de duras críticas y hasta de la ridiculización por la mayoría de la prensa occidental.

El ministro alemán dijo apenas lo obvio al subrayar que “el diálogo con Rusia tiene que continuar.” Al tiempo que afirmaba que la UE ve la reincorporación de Crimea como una ruptura inaceptable del derecho internacional, recalcó también que “no podemos dejar ese conflicto de lado, pero también vamos a necesitar de Rusia si queremos estabilizar Ucrania. Rusia tiene mucho que contribuir en la cuestión de la estabilización económica, ya que esta depende esencialmente de la forma en la que los rusos definirán su política energética respecto a Ucrania.”

A su vez, en una entrevista publicada en el semanario Die Zeit del 27 de marzo, el ex canciller alemán Helmut Schmidt (1974-1982) alertó también contra una “reacción exagerada” de Occidente y calificó de sin sentido la imposición de sanciones a Rusia. Interrogado sobre la tesis de que Rusia habría violado el derecho internacional, respondió que, en la práctica, “el derecho internacional se ha violado diversas ocasiones en los últimos años, por ejemplo con la intervención en la guerra civil de Libia, que no estuvo de acuerdo con la legislación internacional. Occidente dejó de lado por mucho el mandato del Consejo de Seguridad de la ONU.” Para Schmidt, los actos del presidente Vladimir Putin son “comprensibles,” y declaró que la situación es “peligrosa,” porque Occidente está “terriblemente agitado y esto, a su vez, crea una espantosa agitación en la política y en la opinión pública rusas.”

Las sanciones, en su opinión, son “completamente sin sentido, en especial el intento de prohibir a altos representantes rusos viajar libremente,” en un momento en el que su presencia en conferencias internacionales se hace todavía más necesaria. “Las sanciones económicas tendrán consecuencias en Rusia y en Occidente,” resaltó.

Sobre la sugerencia de que Alemania y otros países se pudieran hacer menos dependientes de la energía rusa, como tanto se ha debatido en las últimas semanas, no es “una idea muy inteligente,” dijo el ex canciller. “Si vemos la situación actual y pensamos cómo estaremos a finales de este siglo, concluiremos que Rusia seguirá siendo un socio importante.” Para él, tal realidad se remonta históricamente al periodo de Pedro el Grande (1694-1725) y de Catalina II (1762-1796): “Durante la Segunda guerra mundial, Rusia estuvo del lado de Occidente… mientras que Alemania estaba del lado equivocado. Hoy, los alemanes olvidan eso… No hay odio entre el pueblo ruso contra los alemanes. Lo que hay es una admiración por la economía alemana, y, en Alemania, no hay odio hacia Rusia.”

Schmidt, interrogado sobre si Putin habría actuado de forma “megalomaniaca” respecto a Crimea, dijo: “Eso no es megalomanía. Si usted estuviese en la situación de Putin, probablemente habría actuado de la misma forma que él hacia Crimea.”

A propósito de la afirmación de que Europa estaría amenazada por una nueva Guerra Fría, Schmidt dejó claro que ve las cosas de esa manera en el momento, y que todo dependerá del “grado de éxito de (el senador estadounidense John McCain) y otros agitadores.”

Schmidt dejó claro también que “el pueblo alemán no quiere una Guerra Fría. Este puede ser un caso en el que las élites políticas se distancian más rápidamente del pensamiento pacifista de su propio pueblo.” En Polonia y en los países bálticos, por razones históricas, la opinión pública es mucho más hostil a Rusia que en los países occidentales.

Resaltó, finalmente, que la iniciativa de excluir a Rusia del G-8 no tiene mayor relevancia, ya que el G-20 es un foro mucho más importante.

Lo que el veterano estadista expresó se corresponde la opinión mayoritaria de la población alemana y deja claro que las élites políticas se están separando rápidamente de la percepción subjetiva de la sociedad. Un buen indicador de esto son las cartas de los lectores de las principales publicaciones alemanas, cuyo tenor es muy diferente a la visión editorial que presenta la gran prensa occidental.

Este hecho se refleja también en las investigaciones de opinión, como la recientemente realizada por el instituto FORSA, cuyo tema fue las sanciones contra Rusia. El resultado fue que casi dos tercios de los entrevistados (63 por ciento) se mostraron totalmente contrarios a ellas, mientras que 53 por ciento de los entrevistados fueron contrarios al ingreso de Ucrania a la UE.

 





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