Ucrania: Jugando a la ruleta rusa

En la teoría de los juegos, la expresión “juego de las gallinas “, (chicken game en inglés) se emplea para calificar una situación en la que dos competidores prefieren no ceder terreno uno frente al otro, para no parecer cobardes, y el resultado termina siendo desastroso para ambos. Ante la escalada de la situación en Ucrania Oriental, la cuestión es: ¿Cuándo la “ruleta rusa” -una nueva forma del “juego de las gallinas”-que está siendo disputada entre los EUA y la Federación Rusa, llegará al punto en el que los esfuerzos diplomáticos serán inocuos y el uso de la fuerza acabará siendo desatado?
Claramente, las primeras víctimas de este juego peligroso serán los habitantes de Ucrania Oriental, después los países europeos vecinos, quienes sufrirán los efectos de las sanciones impuestas a Rusia, aún más que los propios EUA. La cuestión crucial será si todas las lecciones del trágico siglo XX fueron olvidadas y como lo dijo en la época el Papa Juan Pablo II en su célebre discurso en la Naciones Unidas, “habrá sido en vano todas las lágrimas que se derramaron en el sangriento siglo XX”.

En este contexto, vale la pena recordar una entrevista televisiva en vivo concedida por el presidente ruso Vladimir Putin el pasado 17 de abril, en vísperas de la reunión de Ginebra celebrada entre representantes ucranianos, rusos, estadounidenses y de la Unión Europea (UE) intentando aliviar las tensiones.

Una de las preguntas más importantes fue la del influyente especialista alemán en asuntos rusos, Alexander Kahr, miembro del consejo directivo del Foro de Discusiones de Valdai, que se había reunido con anterioridad, que hizo las siguientes consideraciones: “Varios miembros del club, incluyendo nuestros propios colegas alemanes, manifestaron sus preocupaciones sobre el tipo de Europa en que vivimos, además de la tarea compartida de estabilizar a Ucrania, la cual se convulsiona en este momentos que estamos hablando. Al final, es un país de 45 millones de personas y nuestra preocupación es común”. Sus preguntas a Putin fueron “¿Qué futuro se vislumbra para Europa, en cinco o diez años?¿Vivimos en una Europa común, del Atlántico al Pacífico, o en dos Europas diferentes? Le recordó lo que dijo en el Club Valdai, en septiembre pasado, acerca de que Rusia es de un tipo diferente de Europa, cuyos valores difieren de aquellos del Occidente pos-moderno. ¿Será que podemos conciliar estas dos visiones? ¿Qué puede hacer Alemania para ayudar a construir una Europa común?”

En su respuesta, primero Putin resaltó que no observaba contradicción alguna con respecto a lo que dijo en Valdai:

“Los valores de Rusia no difieren dramáticamente de los valores europeos. Pertenecemos a la misma civilización. Somos diferentes y tenemos algunas características que nos son únicas, pero tenemos los mismos valores arraigados. Creo que debemos, ciertamente luchar para crear una gran Europa, de Lisboa a Vladivostok (…) Si fuéramos exitosos en esta tarea, seríamos capaces de lograr nuestros legítimo lugar en el mundo del futuro. Pero, si escogemos un camino diferente, si dividimos Europa, los valores de los pueblos europeos, si promovemos el separatismo, en el sentido más amplio del término, volvería a todos los actores insignificantes y mediocres y no tendrían ninguna influencia sobre su propio desarrollo, para no hablar del desarrollo global”.

En el mismo contexto, reiteró que Rusia está inclinada a recomponer la “confianza” con los EUA, pero, lamentablemente, Washington se ha esmerado en emplear “dos pesos y dos medidas”, como se demostró en los casos de Kosovo y de Libia.

¿Por qué intereses lucha Europa?

En una reciente discusión que tuvo quien esto escribe con un influyente analista de asuntos rusos, este observó que lo que vemos en Ucrania es solamente el resultado de una dinámica que se viene desarrollando desde hace algún tiempo, como lo ha sido resaltado por muchos especialistas alemanes y rusos. Lo que existe es una “brecha de comunicaciones” entre Rusia y Occidente, marcada por desconfianza y desencuentros. Desde hace tiempo, Rusia se ha sentido irritada y perturbada por ciertos intentos occidentales de “imponerle” un estilo de vida y valores occidentales. Comparo la situación con alguien que va a la cocina y le da instrucciones al chef de donde debe poner la sal, donde colocar las mesas y las sillas, hasta que el chef se irrita: “¿Qué significa todo esto?”

Según el analista, la actual crisis ucraniana no tiene mucho que ver con el país; en realidad, tiene a Rusia como objetivo. Los EUA, que no tienen ningún interés real que defender ahí, están haciendo todo lo posible para promover una escalada en la situación, lo cual podría resultar en una profunda división en Europa.

¿Qué está en juego, en términos geopolíticos? Rusia no tiene otra opción, a no ser que la de actuar como lo hizo en Crimea -asegurando el geopolíticamente sensible puerto de Sebastopol, tan importante para la Marina Rusa como el puerto sirio de Tartus. La propia Ucrania, aparte de su propia historia, trágica y atormentada -un país que nunca fue una nación verdadera, se encuentra en un pozo sin fondo, en términos económicos. El volumen de dinero colocado por la UE en Grecia es “un salario de miseria” comparado con lo que Ucrania necesita, en términos de asistencia financiera -por lo menos, cien mil millones de euros.

En lo que respecta a las posibles soluciones para el embrollo, el especialista afirmó que la mejor salida sería la adopción de un “modelo federal” para Ucrania, pero, a estas alturas, la situación es tan volátil que, hacia finales de mayo (cuando habrá elecciones), nadie puede anticipar si todavía habrá una Ucrania. Y Europa no debe entrar en histeria y jugar con fuego, dijo. La verdadera cuestión a enfrentarse es saber que intereses reales de Europa están en juego y que debe hacerse para preservarlos.

Tanto del lado ruso como del europeo, se necesita que haya más empatía -un esfuerzo claro para la comprensión recíproca de las culturas y la historia de ambos. Debe haber una apertura para la comprensión de las especificidades espirituales y religiosas orientales y un esfuerzo para comparar los valores occidentales y orientales. Mientras Occidente enfatiza el “individualismo” y la “libertad” ambos lados comparten el valor de la “fraternidad”- el aprecio por la participación y la justicia, lo que une a Rusia y Europa Occidental es el hecho de pertenecer a la misma matriz civilizatoria.

Lo que también unifica los dos lados es el mismo sufrimiento de sus respectivas soluciones, en términos de crímenes de guerra persecución de los cristianos. Se han hecho muchos esfuerzos para confrontar esta historia pasada, pero lo que se necesita más, en particular, en Rusia, es un compromiso en un “esfuerzo de reconciliación”, semejante al hecho por Alemania después de la II Guerra Mundial, para rehabilitar a las víctimas, especialmente, los cristianos perseguidos por Stalin y Kruschov.

En lo que atañe al futuro de Rusia, el analista afirmó que, a a pesar del hecho de que Putin tiene el apoyo de más del 80% de la población, el país debe enfrentar algunos problemas domésticos urgentes, principalmente, en el área económica, como una producción y una capacidad de innovación declinantes. Moscú ya no es una “ciudad del boom” y, aunque solamente una minoría de jóvenes esté mirando hacia el exterior, podría haber cambios dramáticos en caso de que la situación empeore.




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