Siria: Los límites de la guerra de recursos

El veto de Rusia y de China a la reciente resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas acerca del conflicto en Siria, ya era esperado, como también las inflamadas reacciones contrarias. De hecho Las dos potencias no podían tener actitudes diferentes, ante la intervención internacional en Libia, encabezada por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que transformó la “zona de exclusión aérea” aprobada en la Resolución 197 del Consejo en una devastadora compaña de bombardeos aéreos.

El veto demuestra que la estrategia de los conflictos por el control de recursos naturales, hecha evidente en Libia, en substitución a la década de “guerra al terror”, pudiera llegar a su límite prematuro, con la actual crisis en Siria. Es evidente que, el eje angloamericano y sus aliados europeos intentan perpetuar su control de la región, para mantener intacta la estructura mundial de poder; tanto China como, principalmente, Rusia, ya saben que una nueva intervención en Siria y, después a Irán, implica amenazas directas a sus fronteras estratégicas. Así, Siria, es escenario de de una especie de un nuevo “Gran Juego”, independientemente de las simpatías o antipatías que generen el régimen de Bashar al-Assad.

En las semanas anteriores a la votación, el canciller ruso Sergei Lavrov había establecido los motivos de la postura rusa, como se ve en una entrevista que dio a la red de televisión australiana ABC el 31 de enero pasado: “Infelizmente, la comunidad internacional eligió un lado en Libia y nunca permitiríamos que el Consejo de Seguridad autorice algo similar a lo que ocurrió en Libia…sería un desastre para el mundo árabe y para la política mundial”.

En el mismo tono, el premier Vladimir Putin se dirigió a una asamblea de líderes religiosos rusos, el pasado 8 de febrero, en Moscú, afirmando que el mundo encara un “culto de violencia en las relaciones internacionales”. En clara advertencia a la actitud de los miembros de la OTAN, afirmó: “Está claro que condenamos toda violencia, independientemente de su origen, pero no se puede actuar como un elefante en una tienda de locos…Hay que apoyarlos, aconsejarlos, limiten, por ejemplo, su capacidad de usar armas, pero no interfieran bajo ninguna circunstancia (Reuters, 8 de febrero del 2012).

Otra muestra de que las preocupaciones rusas y chinas están fundadas, la dio el ex-analista de la CIA Philip Giraldi, en un artículo publicado todavía en diciembre pasado, en el sitio The American Conservative. Según él, una intervención occidental en Siria sería mucho mayor de lo que se ha admitido:

“Aviones de guerra sin identificación de la OTAN han estado llegando a bases militares turcas, cercanas a Iskenderum, en la frontera Siria, entregando armas de los arsenales del fallecido Muamar Kadafi, así como voluntarios del Consejo Nacional de Transición libio, con experiencia en la agitación de voluntarios locales contra soldados entrenados, una habilidad que adquirieron en la confrontación con el ejército de Kadafi. Iskenderum es también una sede del Ejército Libre de Siria, el brazo armado del Consejo Nacional Sirio (SNC, siglas en inglés). En el local se encuentran instructores de fuerzas especiales francesas y británicas, apoyando a los rebeldes sirios, mientras que la CIA y el (Comando de) Operaciones Especiales de EU están proporcionando equipos de comunicaciones e inteligencia, para apoyar a la causa rebelde, permitiendo que los combatientes eviten concentraciones de soldados sirios” (The American Conservative, 19 de diciembre del 2011).

En su columna del 9 de febrero de en el Asia Times Online, el corresponsal Pepe Escobar describe al SNC como un “grupo sombrilla” con sede en París, cuya credibilidad dentro de Siria es bastante cuestionable. Por su parte, el llamado Ejército Libre de Siria (FSA, en inglés) se compone de “desertores sunitas, la mayoría fragmentada en pandillas armadas, algunas de ellas directamente infiltradas por mercenarios del Golfo”. Según él, “hasta el informe de la Liga Árabe tuvo que reconocer que el FSA está matando civiles y fuerzas de seguridad, además de bombardear lugares, trenes y oleoductos”.

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