Sin una Rusia estable no habrá una Europa estable

Esta autora tuvo el privilegio de asistir recientemente a una evaluación significativa del general brigadier Josef Niebecker sobre la magnitud de las relaciones de Europa con la Federación Rusa, fundada en su experiencia personal de ex agregado militar alemán en ese país, entre 2008 y 2011. Además de ese puesto, desempeñó funciones de gran relevancia como jefe del Estado mayor de la fuerza militar europea en Sarajevo y, actualmente, es vicepresidente del Departamento de Planeación del Ejército.

En el acto, organizado por la Asociación Atlántica Alemana y la Fundación Konrad Adenauer, Niebecker fue enfático al afirmar que “sin una Rusia estable, no habrá Europa estable y, por lo tanto, se debe hacer todo para alentar el desarrollo positivo de Rusia.”

Desde un principio Niebecker dejó claro que, al contrario de la visión distorsionada con la que gran parte de la prensa alemana pinta al presidente Vladimir Putin, el líder del Kremlin enfrenta enormes dificultades, entre ellas, la de gobernar un país gigantesco con 153 grupos étnicos y tener que servir de intermediario entre los diferentes grupos de poder. Desafíos que no son menores para un país donde la servidumbre se abolió en 1865 y apenas en 1913 los antiguos siervos pudieron adquirir tierras. Uno de ellos, recalcó, es la reestructuración de las Fuerzas Armadas, para hacerlas más capaces y eficientes.

Todo observador que vea a Rusia con una visión sin prejuicios, afirmó, se impresiona con la “amnesia histórica,” con la arrogancia y la estupidez política” de algunos círculos políticos cuando se refieren al país. Esos círculos, recalcó con ironía, están más preocupados en saber cuándo habrá un “Christopher Street Day” (día de manifestaciones en Europa -n.e.) en Rusia, en lugar de prestar la debida atención a las tareas primordiales de la política exterior referente a ese país.
Niebecker concentró su presentación en tres cuestiones centrales: ¿Qué es Rusia?; ¿Cuál es hoy la identidad de Rusia?; y ¿Cuáles son las nuevas Fuerzas Armadas rusas?

Durante su estadía en Moscú, Niebecker viajó por toda Rusia, un país con 12 husos horarios y cuyas distancias son casi impensables para los extranjeros (el aeropuerto más cercano a Javarovsk, la segunda ciudad más grande del Extremo Oriente ruso luego de Vladivostok queda a 2 300 kilómetros). Mostró una transparencia de la confluencia de los ríos Amur y Usuri, cercanos a la frontera con China para ilustrar el permanente temor ruso con una invasión china, considerando que la densidad demográfica del lado ruso es de apenas 1.5 habitantes por kilómetro cuadrado, contra 800 habitantes del lado chino. Para él, es tan sólo una cuestión de tiempo para que la región se vuelva “china.”

A pesar de tamaña dimensión, el país tuvo siempre un “gobierno central.” Hizo un resumen de la turbulenta historia rusa desde el inicio de los años noventas -el derrumbe del comunismo y la fundación de la Federación Rusa con el presidente Boris Yeltsin, cuyo gobierno fue marcado por la corrupción, la inflación y la privatización violenta de las empresas del Estado. En el inconsciente colectivo del pueblo ruso, la era de Yeltsin se identifica como un periodo de taos total y de desorden. Esta es una de las razones por las que, hasta hoy, la expresión “democracia” tiene una connotación negativa para la mayoría de los rusos, dijo.

Un hecho que llamó la atención fue la existencia de numerosos servicios de seguridad y de organizaciones paramilitares, de forma paralela a las Fuerzas Armadas: por ejemplo, tanto la petrolera estatal Gazprom como los Ferrocarriles Rusos (el patrón más grande de Rusia) tienen sus propias fuerzas de seguridad armadas.

Un aspecto importante para evaluar la situación rusa es la cuestión de la identidad nacional. Desde la década de los años noventa se han realizado varios esfuerzos para “redefinir” la identidad del pueblo ruso. En un momento dado se comenzó a celebrar la memoria de la victoria rusa sobre los polacos en el siglo XVII. Otro intento fue celebrar la memoria de Alexander Nevski, el vencedor de los Caballeros Teutónicos en el siglo XIII. Otra fue celebrar el día de la Constitución. El efecto más fuerte, sin embrago, se obtuvo con el feriado nacional del 9 de mayo, día de la victoria en la Gran Guerra Patriótica, como llaman los rusos a la Segunda Guerra Mundial.

Niebecker reveló que, en una de esas ocasiones en las que fue invitado para participar en las celebraciones, quedó perplejo cuando los jóvenes rusos, al reconocer su uniforme militar, fueron a felicitarlo por la “victoria” sobre el fascismo, pues consideraban que también la había obtenido Alemania. Para él, este hecho denota las profundas raíces culturales de las relaciones ruso-alemanas entre la población. “Para Rusia, la Guerra fue un accidente de la Historia, mientras que los lazos de amistad entre los dos países son profundos y sustanciales,” recalcó.

Destacó que los rusos admiran mucho la manera en que los alemanes celebran a sus muertos en la guerra y cómo cuidan las tumbas de los militares. Por iniciativa de la Comisión Alemana de Tumbas de Guerra, soldados de los dos países y voluntarios de toda Europa han ayudado a cuidar los cementerios militares de Volgogrado (la antigua Stalingrado), Kursk y Smolensko, sitios en los que ambos lados trabaron sangrientas batallas y tuvieron pérdidas enormes. En agosto, soldados rusos y alemanes participan en una ceremonia en un cementerio militar de Smolensko, en un gesto simbólico que expresa la memoria de los muertos de ambos lados en el conflicto mundial.

Adelantos en la reforma militar

Niebecker afirmó que en la gestión del ex ministro de la Defensa Anatoli Serdyukov (2007-2012) se inició una reforma de las Fuerzas Armadas, en respuesta a los numerosos problemas enfrentados por ellas en las últimas décadas. Entre otras medidas, el servicio militar obligatorio se redujo a un año y medio y la propuesta es establecer un ejército con un núcleo de 600 mil soldados y suboficiales. Un problema es la escasez de sargentos y de suboficiales, que son los que se encargan del entrenamiento fundamental con armas y que lo proporcionan oficiales con grado de hasta teniente coronel (tarea que en el Ejército Alemán le cabe a suboficiales). Las reformas de Serdyukov contemplan una reducción sustancial del número de oficiales y una reforma en la preparación de estos.

En los debates, la autora preguntó a Niebecker sobre sus impresiones respecto al memorable discurso del presidente Putin en el Foro de Valdai, en el cual esbozó su intención de ampliar el compromiso y la participación rusa en el sistema político.

Respondió que Putin se encuentra en una situación complicada, teniendo que mediar entre intereses y disputas entre los diferentes grupos de poder, en particular los ultranacionalistas. No se debe olvidar, afirmó, que Rusia tiene una enorme concentración de riquezas en manos de un grupo pequeño de personas muy ricas, un gran estrato de pobres y una clase media todavía débil.

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