Se juega con fuego en la península coreana

Es irónico que haya sido Fidel Castro quien hiciera una de las más serias advertencias sobre la confrontación en curso en la península de Corea y del riesgo inherente de que la disputa retórica salga de las manos y se convierta en un conflicto de grandes proporciones. En un artículo divulgado el 4 de abril, Castro calificó la crisis de “uno de los peligros más serios de guerra nuclear desde la Crisis de octubre, en torno de Cuba, en 1962, hace ya cincuenta años” – y, por haber estado en el centro de esta, él sabe bien una o dos cosas sobre el tema de la crisis nuclear.

Con la misma gravedad, en una entrevista colectiva en la Feria Comercial de Hannover, Alemania, el Presidente ruso, Vladimir Putin, advirtió sobre los peligros del agravamiento de las tensiones:
“Estamos preocupados con el agravamiento de la situación en la península coreana, porque somos vecinos y porque, Dios no lo permita, si alguna cosa aconteciera allá, en comparación, Chernobyl, que conocemos muy bien, parecería un juego de niños… me gustaría hacer un llamado para que se calmen, se sienten a la mesa de negociaciones y resuelvan calmadamente los asuntos que tienen acumulados por tantos años” (RIA Novosti, 8/04/2013).

El temor generalizado de los conocedores de la realidad de la península, una de las zonas más militarizadas del planeta, es la posibilidad de un incidente que, en la atmósfera tan cargada de provocaciones mutuas, termine por desencadenar un conflicto abierto. Como resumió Alan Romberg, ex diplomático del Departamento de Estado, y actual coordinador de los programas de Este Asiático del Centro Stimson: “La preocupación es que una granada perdida disparada de cualquier lado pueda echar a andar una cadena de acontecimiento que nos podría llevar, accidentalmente, a una situación muy peligrosa” (IPS, 4/04/2013).

En un artículo publicado en su blog el 30 de marzo, el veterano periodista Eric Margolis, uno de los observadores más perspicaces de la política exterior estadounidense, toco la misma tecla, además de atraer la atención en la responsabilidad de Estados Unidos en la crisis:

“Estados Unidos y las dos Coreas en pugna pueden tropezar y caer en una guerra real, a menos que tanto Pyongyang y Washington dejen de provocarse mutuamente… Ahora sería un buen momento para que Estado Unidos ceda, en lugar de seguir apretando las sanciones contra Corea del Norte. Los objetivos reales de Pyongyang son la obtención de un tratado de no agresión con Estados Unidos y relaciones directas normales. Washington no quiere escuchar nada de esto, aunque lidie con otros regímenes repelentes. Los neocons estadounidenses están decididos a derrumbar el régimen de Corea del Norte, por temor a que esta envíe armas modernas a los enemigos de Israel en Oriente Medio. Las fuerzas militares de la península coreana se encuentran en alerta con el dedo en el gatillo… Diplomáticos, y no generales de la Fuerza Aérea, deberían estar dedicados a la solución de esta crisis fabricada en gran medida”.

Hasta el mismo comandante de las fuerzas estadounidenses estacionadas en Corea del Sur (28 500 hombres en 40 bases militares), general James Thurman, admite que la situación es “volátil” y “peligrosa” y que el menor “error de cálculo” puede provocar una “situación cinética” -jerga militar para definir el combate abierto (ABC News, 2/04/2013).

Aunque la prensa occidental prefiera destacar las incendiarias bravatas del juvenil dirigente norcoreano, Kim Jong-un, por otro lado, la responsabilidad mayor en este agravamiento de las provocaciones es de Washington y de Seúl. En entrevista concedida a radio Pacífica, la doctora Christine Hong, profesora de la Universidad de California en Santa Cruz y especialista en asuntos coreanos, señaló con el dedo las dos capitales:

“(…) Luego de que falleciera (el dirigente norcoreano) Kim Jong-il, en diciembre de 2011, Estados Unidos y Corea del Sur iniciaron la serie más grande y prolongada de ejercicios de guerra nunca antes realizados. Y, por primera vez, entrenaron el Plan Operativo 5029, que es el plan de guerra estadounidense que simula, esencialmente, el derrumbe del régimen de Corea del Norte. También prevé la ocupación de Corea del Norte por tropas estadounidenses. La rutina de esos ejercicios militares, que ocurren en este mismo momento, mientras conversamos, es que simulan ataque con armas atómicas contra Corea del Norte. Son una combinación de actividades simuladas en computadoras con ejercicios de fuego real. El año pasado, el primero de gobierno de Kim Jong-un, se le preguntó a un oficial sudcoreano sobre el plan 5029 y por qué estaban entrenando ese escenario de derrumbe del régimen. Dijo que la muerte de Kim Jong-il hacía madura la situación para ejercitarse, precisamente, en ese tipo de planes de guerra.

“Para nosotros, en Estados Unidos, es casi imposible imaginar a México y al enemigo histórico de Estados Unidos, Rusia, realizando ejercicios conjuntos para simular una invasión y la ocupación extranjera de Estados Unidos. Esto es, precisamente, lo que Corea del Norte ha soportado por décadas” (Information Clearing House.info, 6/04/2013).

El 3 de abril, un reportaje del Wall Street Journal informó que la Casa Blanca aprobó un plan detallado, denominado “itinerario” (playback, en el original), para atizar las tensiones con Corea del Norte durante las maniobras militares en curso en Corea del Sur, desde principios de marzo. De acuerdo al periódico, el “itinerario” fue elaborado por el Comando del Pacífico del Pentágono y fue analizado en varias reuniones con los más altos oficiales y funcionarios en la Casa Blanca. El plan incluye sobrevuelos de bombarderos B-52 y B-2 en zonas cercanas a la ultra militarizada frontera de las dos Coreas. La intención, de acuerdo a un oficial del Pentágono, es producir un efecto intimidatorio. “Podríamos volar de noche, pero se trata de que los vean,” dijo.

Otro ejemplo del insidioso plan de Washington y de sus aliados es el tratamiento condenatorio aplicado al lanzamiento de cohetes norcoreanos lanzadores de satélites, lo que ya persuadió al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a aprobar dos resoluciones que, literalmente, prohíben a Pyongyang lanzar satélites al espacio -para evitar, supuestamente, que esa técnica se utilice en proyectiles balísticos militares (no obstante que los norcoreanos ya disponen de varios proyectiles de ese tipo). En este sentido, Seúl disparó con éxito su primer cohete lanzador, con el respaldo de Estados Unidos .cuya insidiosa hipocresía explícita no dejó de irritar a Pyongyang profundamente.

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