Putin insta a la reconstrucción del Estado nacional

La 10a reunión anual del Foro de Discusiones de Valdai, transcurrida del 16 al 19 del pasado septiembre, fue un evento verdaderamente extraordinario, en particular por las consideraciones presentadas ahí por el presidente ruso Vladimir Putin. Fundado en el año 2004, en una iniciativa conjunta de la agencia Novosti y el Consejo Ruso de Asuntos Exteriores y de Defensa y dirigido por el especialista en asuntos de seguridad Sergei Karaganov, el foro ha reunido todos estos años a especialistas en seguridad y defensa, académicos, periodistas, empresarios y funcionarios de los gobiernos de Rusia, Europa, China y otros países, para discutir tanto en público como privado, asuntos centrados en el papel y las perspectivas de la Federación Rusa en el escenario global. En los últimos años, Putin ha participado en las discusiones, dirigiendo el discurso de clausura del evento, el cual se considera como una importante plataforma en el intercambio de ideas franco y fructífero entre el Occidente y el Oriente.

Este año, el tema central fue “La diversidad de Rusia para el mundo moderno”. En su discurso, Putin planteó un enfoque crucial en torno a los principios esenciales de lo que calificó como el “estadismo ruso” -y, cosa no menor, trazó una “línea roja” acerca de las características fundamentales del Estado nacional. Compartió el panel final con el ex-ministro de Defensa alemán Volker Rühe, el ex-primer ministro francés François Fillon, el ex-premier italiano Romano Prodi y el presidente del Centro para el Interés Nacional estadounidense, Dimitri K. Simes.

Putin habló acerca de la necesidad de hacer de Rusia una nación de “creadores”, una nación de individuos y ciudadanos que se consideren como constructores de la nación, a partir del recurso más esencial de Rusia: su historia secular, sus valores cristianos y su extraordinaria literatura. Para una “sociedad civil” funcional, como la definió, en donde cada individuo sea consciente de sus responsabilidades y tome decisiones autónomas, es importante prestar atención a las lecciones de la Historia y ser consciente de sus partes buenas y malas. En su visión combina una sociedad creativa más compleja y la idea de que Rusia debe de participar, simultáneamente, en un renovado esfuerzo para construir la Unión Económica Euroasiática y promover más activamente el desarrollo de la infraestructura de la región.

Observando que el Foro de Valdai tiene su sede en la región de Novgorod, que consideró como “la cuna del estadismo ruso”, Putin delineó los principios fundamentales de semejante orientación, la cual está vinculada al futuro del mundo globalizado y al papel que Rusia puede desempeñar en el. En la sociedad rusa, afirmó, hay una intensa discusión en torno a la cuestión de el “qué somos y el que queremos ser”. Dejó claro que no habrá un retorno a la ideología soviética y que los conservadores que enaltecieron el período anterior a 1917 están tan ajenos a la realidad como los liberales “globalizantes” pro-occidentales.

Así describió los principios básicos de la nacionalidad rusa:

-“No se puede progresar sin una autodeterminación espiritual, cultural y nacional”; sin ella, no hay como resistir a los competidores.

-“Cada país debe tener su fuerza militar, tecnológica y económica, pero la calve para una nación y lo que determina su éxito es la calidad de los ciudadanos; la calidad de la sociedad es su fuerza intelectual, espiritual y moral”.

-“Si los ciudadanos de un país dado se consideran como una nación, esto dependerá de hasta donde se identifiquen con su propia historia, valores y tradiciones, y si ellos están unidos por objetivos y responsabilidades comunes. Realmente, la cuestión de encontrarse y fortalecer la identidad nacional es fundamental para Rusia”.

En la perspectiva de Putin, el catastrófico siglo XX representó un gran golpe contra los códigos nacionales y espirituales del pueblo ruso, dejando atrás de si “un déficit de confianza y de responsabilidad” en la sociedad.

Por consiguiente, el principio crucial del estadismo, actualmente, es desarrollar en cada ciudadano un sentido de “responsabilidad propia ante la sociedad y la ley”. Putin enfatizó que, en el período posterior a 1991, no se hizo un esfuerzo suficiente para promover un amplio debate sobre el tema de la identidad nacional rusa. La identidad nacional no se desenvuelve de acuerdo a las reglas del mercado, ni es un modelo que pueda ser impuesto de fuera hacia adentro. “El deseo de independencia y soberanía en las esferas espirituales, ideológicas y de política exterior constituye una parte integral de nuestros carácter nacional”, aseveró.

“Necesitamos de creatividad histórica, una síntesis de las mejores ideas, una comprensión de nuestras tradiciones culturales, espirituales y políticas, de diferentes puntos de vista, y entender que ella (la identidad nacional) no es una cosa rígida que durará para siempre, sino un organismo vivo”, resaltó.

Por lo tanto, dice Putin, se necesita un amplio debate en la sociedad, involucrando a personas con diferentes puntos de vista políticos, promoviendo una cultura de diálogo libre: “Todos nosotros .los llamados neoeslavófilos y neooccidentalizantes, estatistas y los así llamados liberales -toda la sociedad debe trabajar en conjunto para crear metas comunes de desarrollo”.

El líder del Kremlin destacó que quiere ayudar a crear una sociedad creativa y vibrante, en la que cada individuo sea capaz de escuchar a los otros y se dejen de lado los hábitos de oír solamente a los que piensen igual y de reaccionar rabiosamente a cualquier otro punto de vista -esto es, debe haber un amplio debate en la sociedad, en la cual los liberales aprenden a conversar con representantes de izquierda e, igualmente, los nacionalistas entiendan que Rusia fue formada específicamente como un país multiétnico y multiconfesional.

Al mismo tiempo, Putin se mostró bastante crítico del hecho de que, en varios países de Occidente, muchas personas renieguen de los valores y raíces cristianos de sus identidades, enraizados en la Civilización Occidental, negando la identidad tradicional occidental y promoviendo excesivamente los preceptos de “corrección política”, que debilitan a la familia. “Sin los valores basilares del cristianismo y de otras religiones mundiales, sin las normas de moralidad configuradas a los largo de milenios, las personas, inevitablemente, pierden su dignidad humana. Consideramos que es natural y correcto defender estos valores”.

Por consiguiente, el papel de Rusia en la política global se orienta por el desarrollo de una nación basada en la diversidad, armonía y equilibrio. Rusia, como lo puso Putin, ha evolucionado como una “complejidad floreciente”, una civilización de Estado reforzada por el pueblo, la lengua y la cultura rusa, por la Iglesia Ortodoxa Rusa y por las otras tradiciones religiosas del país.

Putin finalizó, enfatizando que el pueblo ruso debe desarrollar una identidad civil de una manera nueva, con base en valores compartidos y en la participación activa de los ciudadanos en la vida de la sociedad. “La principal fuerza de Rusia, en este siglo y en los venideros, se basará menos en los recursos naturales, y más en la educación, creatividad y salud física y espiritual de su pueblo”, afirmó. “Los ciudadanos rusos deben sentir que son los propietarios responsables de su país, de su región, de su ciudad, de sus bienes y propiedades, y de sus vidas. Los gobiernos locales y las organizaciones de ciudadanos autorreguladas funcionan como la mejor escuela para la conciencia cívica”.

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