MSIa Informa, 10 de junio de 2022.- “¿Serán los Estados Unidos capaces de sobrevivir al ascenso de un mundo multipolar?” Esta pregunta estratégicamente importante no fue planteada por algún opositor a la política de Washington, sino que fue hecha por un prominente economista estadounidense, James K. Galbraith, reflejando un debate muy amplio que se libra en el país. Él no anda sólo. Galbraith es profesor de la Universidad de Austin, en Texas y es muy conocido por haber elaborado el primer proyecto legislativo para salvar de la quiebra a la ciudad de New York en 1975. Conoce muy bien a China, país donde fue consejero de la Comisión Estatal para la Reforma Macroeconómica entre 1993 y 1997. Es hijo de John Kenneth Galbraith, quien fue cercano colaborador de varios presidentes de su país, empezando por Franklin D. Roosvelt, para quien implementó una política de control de precios durante la Segunda Guerra Mundial –tema muy polémico hasta nuestros días. La pregunta formulada en un artículo publicado por el Institute for New Economic Thinking, James Galbraith responde positivamente, pero agrega: “No, sin un giro político, estimulado por la inflación y la recesión y por la caída de los mercados de acciones de corto plazo y, finalmente, por requisitos de una estrategia realista en sintonía con el actual equilibrio de poder global”. Después de analizar las causas del colapso del sistema de Bretton Woods, afirma que “hasta ahora, el orden basado en el dólar ha sido apoyado principalmente por la inestabilidad en otros lugares y por la falta de una alternativa confiable”. Por este motivo, los títulos del Tesoro de los EUA siempre permanecieron siendo los principales activos de refugio seguro, incluso en la crisis de las hipotecas subprime de 2007-08. Hoy el motor económico chino, cada vez más conectado a Rusia, y la atracción gravitacional de la mayor región demográfica, productiva y comercial del mundo, representada por la Unión Económica Eurasiática y la Organización de Cooperación de Shangai, puede volverse un desafío para el orden internacional basado en el dólar. Para Galbraith, todavía no es así. Aunque China sea la mayor nación comercial,“no desempeña el papel financiero global, ni de seguridad y no tiene obvias ambiciones de hacerlo”. Él espera que China trabaje para “crear mecanismos de pagos bilaterales o multilaterales. Con socios dispuestos, que contornen los medios convencionales del dólar”. Sin embargo, será inevitable que se levante la cuestión de una alternativa a las reservas en dólares. Además del papel del oro, “surgirá un activo financiero internacional, compuesto por un conjunto ponderado de títulos de países participantes, como en los recientes esquemas de Eurobonds… En la realidad de Eurasia, esto significa un título basado principalmente en la moneda china”. Según Galbraith, los especialistas estadounidenses tienen una visión incorrecta de Rusia, todavía anclada a los tiempos de Boris Yeltsin. Afirma, no sin ironía que “con el apoyo de China, Irán, Bielorrusia, Kazajistán y la estudiada neutralidad de India, está por crearse un nuevo sistema financiero internacional. Es creación, en cierto sentido, no de la propia Rusia, sino de los principales líderes y pensadores estratégicos de los Estados Unidos”. “La contribución de Rusia para un nuevo orden financiero mundial es secundaria a la de China, que permanece y desea seguir siendo parte integrante de la economía mundial y un importante socio comercial de Rusia, Estados Unidos y Europa”, afirma. Su previsión es que “el sistema financiero basado en el dólar, con el euro operando como su socio menor, probablemente sobrevivirá por ahora. Pero existirá una relevante zona no-dólar, no-euro, para los países que los EUA y la Unión Europea consideren adversarios, principalmente Rusia y sus socios comerciales. China actuará como un puente entre los dos sistemas, será la piedra angular de la multipolaridad”. Si se tomaran decisiones difíciles en relación a China, una verdadera división del mundo en bloques aislados, como en la Guerra Fría, se tornaría una posibilidad. Galbraith concluye su análisis alertando: “La siguiente etapa en la crisis financiera global ocurrirá en Europa, particularmente en Alemania, cuando las implicaciones de los altos precios de la energía y suministros perpetuamente escasos se vuelvan evidentes. La competitividad de Alemania está ligada a las materias primas rusas y a los mercados chinos; sus nexos políticos y financieros están con la Alianza Atlántica. Es difícil creer que Alemania subordinará permanentemente su industria, tecnología, comercio y bienestar general a Washington y Wall Street. La tensión entre las fuerzas económicas y políticas solamente tiende a crecer a lo largo del tiempo, llevando hacia una desindustrialización o una nueva relación con el Este de Eurasia: una nueva Ostpolitik”. Pensamos que las cuestiones planteadas por Galbraith deberían, en serio, ante todo exhortar a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en cuanto representante de 192 países, a enfrentar los problemas no solamente financieros, con respecto a una nueva estructura multipolar general.
Posted by: Mario Lettieri e Paolo Raimondi
in Assuntos internacionais
10 de June de 2022
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2022-06-10