Llamados en Alemania para la paz en Ucrania

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Una importante y simbólica conferencia de paz se realizó hace tres semanas en Košice, Eslovaquia. La conferencia, denominada «Camino para la paz: diálogo civil en el marco de Minsk II,» congregó a 40 representantes de Rusia, Ucrania, Eslovaquia y Alemania, entre los que había artistas y líderes culturales y religiosos, para debatir las iniciativas de la sociedad civil que pudiesen contribuir al buen éxito del Acuerdo de Minsk, firmado en febrero, para la solución política del conflicto ucraniano. La iniciativa, organizada conjuntamente por el Foro Ruso-Germánico y por el Foro Ucraniano-Germánico, contó con el respaldo del Primer ministro eslovaco, Robert Fico.

Los resultados de la conferencia, casi ignorada por la prensa alemana e internacional, merecen atención, en especial en el aspecto de la continuación del diálogo por la paz entre las partes en el conflicto del Este de Ucrania, cuyas bases se encuentran en el segundo Acuerdo de Minsk (el primero, de septiembre del año pasado, fue superado de inmediato por los acontecimientos).

Según el presidente del Foro Ruso-Germánico, Mathias Platzeck, la conferencia fue osada y cada palabra proferida fue escogida cuidadosamente: «(…) conscientes de nuestra responsabilidad con las futuras generaciones, los participantes acordaron de forma unánime dar un nuevo impulso al Acuerdo Minsk II.»

Rainer Lindner, coordinador del Foro Ucraniano-Germánico, habló de una «importante señal» enviada de Košice que destaca que la reconciliación necesita también el respaldo de las capas civiles de la sociedad.

En el memorando final, los participantes del «Camino para la paz» hicieron referencias a los siglos de «espacio de historia común» entre Rusia y Ucrania, destacando que el actual «conflicto de intereses» entre los dos países se convirtió en un nuevo conflicto militar europeo -de ahí la necesidad de respetar los principios de Minsk II:

«Las negociaciones de Minsk… derivaron en un cese al fuego que se debe estabilizar hasta convertirse en una paz duradera. Entre las víctimas del conflicto militar se encuentra, principalmente, la población civil de Ucrania, los parientes de los miles muertos, las decenas de familiares de heridos y los millones de refugiados. La reconstrucción de los barrios y ciudades en las zonas de combate llevará años y será muy costosa. Una Ucrania estable económicamente debe ser la preocupación central».

El memorando pide llevar a cabo las siguientes medidas:

1) el cese absoluto de todas las hostilidades y la materialización de los acuerdos de Minsk;

2) frenar la retórica agresiva entre los políticos, las redes sociales y la prensa;

3) apoyo al trabajo de la OSCE (Organización para la seguridad y la cooperación de Europa), de modo que pueda ejecutar sus tareas;

4) garantía de condiciones de seguridad para la pronta prestación de ayuda humanitaria tan necesaria en las zonas afectadas por el conflicto.

Igualmente, el texto menciona:

«Acordamos que:

1) continuar con el proceso iniciado en otras conferencias y proyectos, con la participación representantes de la sociedad civil, a modo de posibilitar la intervención en otros problemas, como el tema de los refugiados, la ayuda humanitaria y la reconstrucción;

2) los encuentros de ciudadanos rusos y ucranianos se deberán conducir como parte de un diálogo entre las comunidades, por ejemplo, en forma de conferencias entre ciudades socias y del encuentro de especialistas;

3) apoyar propuestas para allanar el camino rumbo a un diálogo de paz, con la participación y la mediación de representantes de organizaciones religiosas y de sectores artísticos y culturales.

La conferencia de Košice, un raro acontecimiento que logró reunir a representantes de las sociedades civiles de Rusia y Ucrania en un diálogo civilizado, por primera vez desde el inicio del conflicto, significa, de facto, una señal en el camino para la paz.

Guerra Fría y realidad europea

En el plano estratégico destacan las recientes intervenciones de dos importantes personalidades de la política alemana, el Dr. Horst Teltschik, ex asesor del canciller Helmut Kohl (1982-1998) y el ex canciller Gerhard Schroeder (1998-2005). A lo largo del año pasado, la racional voz de esos dos políticos en defensa de un diálogo pacífico con Rusia, como defienden muchos estrategas, ha sido denigrada por la gran prensa alemana y, con frecuencias, hasta calumniada.

El Instituto de Investigación Social de Hamburgo, el Instituto de Historia Contemporánea de Múnich-Berlín, la Fundación Alemana para el Estudio de la Dictadura del Partido Socialista Unificado de Alemania y la Universidad Humboldt presentaron el pasado 19 de marzo un proyecto de investigación sobre la Guerra Fría. La tónica fue dada por Teltschik, quien es también especialista en seguridad y fue director de la Conferencia de Seguridad de Múnich, con su discurso «La Guerra fría y la realidad europea.» En diciembre del año pasado, encabezó un manifiesto publicado en el semanario Die Zeit(«¿Una nueva guerra en Europa? En nuestro nombre, no»), firmado por 60 personalidades de la política, de la economía, de la religión, de la ciencia y de la cultura, en el que expresaba la necesidad urgente de un diálogo por la paz con Rusia.

Teltschik defendió en Berlín la adopción de una política de seguridad fundada en la «Détente» (distensión) de la década de los años setentas del siglo pasado, la cual, además de marcar la actitud de la entonces Alemania occidental respecto al bloque soviético, contribuyó a disminuir las Al referirse a las recientes iniciativas de la canciller Angela Merkel y de su ministro de Relaciones Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, en Minsk, Teltschik destacó que «no podrá haber seguridad en Europa sin Rusia.»

Lo que se necesita, afirmó, es que las necesidades de seguridad de Rusia se deben tener en cuenta con toda la seriedad que merecen. Esto es todavía más necesario en el contexto de los acontecimientos de los últimos 25 años, cuando Occidente no siempre tomo en cuenta los intereses rusos de forma seria. Mencionó a manera de ejemplo ciertas amenazas hechas por Occidente, como los discursos del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en los que afirmó que Rusia era una «potencia regional,» los cuales fueron «devastadores» y «verbalmente degradantes,» de acuerdo a la evaluación de Teltschik.

Teltschik cuestionó el estado mental de la sociedad estadounidense. Para él, «Estados Unidos son hoy un problema» y «la lucha entre demócratas y republicanos es tan intensa que el país a duras penas puede seguir una política racional.»

Schroeder: Nos interesa una Rusia fuerte

En una entrevista concedida a la revista Der Spiegel (28/03/2015), Gerhard Schroeder señaló los «graves errores» cometidos en el conflicto de Ucrania por todos los lados involucrados. Como resultado de esto, afirmó, «existe una espiral de amenazas, de sanciones y de uso de la violencia. Debemos salir de esa espiral nuevamente.»

Respecto a Rusia, Schroeder, tal como Teltschik, subrayó que «tenemos un interés en garantizar que no hay una depresión, pero sí una Rusia fuerte… en la medida en que Europa, y dentro de ella Alemania, necesita de Rusia y Rusia necesita de Europa.»

Afirmó que no se puede ignorar los intereses rusos, en especial en vista de la expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) rumbo al Este europeo:

«Si en un país tan grande como Rusia, se aproximan a sus fronteras con una alianza que data de la Guerra Fría, no se deben espantar con las reacciones hipersensibles provenientes de Moscú. (…) No nos olvidemos que el Pacto de Varsovia dejó de existir desde el fin de la Unión Soviética, mientras que la OTAN no solo perduró, sino que se extendió considerablemente rumbo al Este.

Según Schroeder, todos los problemas comenzaron con la presidencia de George W. Bush: «Recuerdo el debate sobre el deseo de Georgia de convertirse en miembro de la OTAN. El segundo aspecto fue la retirada unilateral de Washington del Tratado contra Proyectiles Balísticos -un tratado de desarme- y, en ese marco, el plan de instalar sistemas estadounidenses de defensa contra proyectiles en el Este europeo.»

El ex canciller destacó que en esa época los mismos europeos tenían poca confianza en que «dichos sistemas de defensa contra proyectiles» significaran, realmente, un escudo de protección contra potenciales amenazas iraníes, el pretexto usado por Estados Unidos para justificarlos.
En respuesta a una pregunta sobre la existencia de una división entre Estados Unidos y Europa, Schroeder afirmó:

«No hay un interés en común en Occidente. Los estadounidenses ven en su relación con Rusia un problema global. No quieren otro competidor cercano a China. Los europeos, además, saben, por su propia experiencia, que las cosas siempre van bien cuando hay una buena relación con Rusia, y que las cosas se ponen difíciles cuando no hay un acuerdo con ese país euroasiático. Por ello, para nosotros, es un problema europeo».

Al reflexionar sobre los errores cometidos en el conflicto ucraniano, Schroeder destacó la gran equivocación cometida por la Unión Europea y por el gobierno alemán de:

«Permitir que el presidente de la Comisión europea, José Manuel Barroso, negociase sólo con Ucrania, pero no con respecto a la asociación económica con el bloque europeo, a pesar de que Ucrania es un país dividido culturalmente: los ucranianos están más alineados con Rusia en el Sur y en el Este, mientras que en el Norte y en Oeste están más alineados con la Unión Europea. La inclusión de Rusia sería viable económicamente».

Para Schroeder, la pérdida de esa oportunidad fue determinante para la escalada que se convirtió en conflicto. Desde su punto de vista, una condición singular para Ucrania, asociada al mismo tiempo a la Unión Europea y a la Unión Económica Euroasiática, podría haberse analizado de inmediato.

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