La OCDE se sube al tren de la “economía verde”

Entre las grandes instituciones multilaterales, la Organización para la Cooperación y Desarrollo económico (OCDE) era una de las pocas que todavía no se había sentado cómodamente en el convoy del ambientalismo, elevado a la condición de directriz fundamental de la organización de las sociedades y de las economías. Ahora ya no más. La entidad que representa a las economías más industrializadas del mundo se unió la semana pasada con gran bombo al convoy de la “economía verde” con la divulgación de un informe sobre las perspectivas ambientales del planeta para mediados del siglo, en caso de que no se tomen medidas preventivas inmediatas –evidentemente, fundadas en “soluciones de mercado.”

No obstante que haya pasado un tanto desapercibido en medio de los preparativos de la conferencia Río+20, el informe, dado a conocer el 15 de marzo y titulado “Panorama ambiental para 2050: las consecuencias de la inacción,” fue anunciado con los habituales encabezados de escándalo, como el del sitio de internet G1: “El mundo se desplomará de continuar el ritmo de crecimiento, afirma la OCDE.” O el de la revista Business Week: “La OCDE prevé un panorama ‘horrible’ para el ambiente mundial en 2050.”

En efecto, el boletín de prensa de la OCDE trasmite un tono de alarma y urgencia:
Aunque los países luchen contra los desafíos inmediatos de las finanzas públicas agotadas y del desempleo elevado, no deben olvidar el largo plazo. Se tienen que poner en práctica medidas inmediatas para evitar daños irreversibles en el ambiente.

“Fuentes de crecimiento más verdes serían de utilidad, hoy, para que los gobiernos enfrenten esos desafíos apremiantes. El reverdecimiento de la agricultura, el abastecimiento de agua y de energía y de las industrias serán críticos en el año 2050 para que se puedan atender las necesidades de más de 9 mil millones de personas,” dice el secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría.

Para los autores del documento, el “reverdecimiento” de la economía está vinculado directamente –no podía ser otra cosa- a la reducción de las emisiones de carbono proveniente del uso de combustibles fósiles, y haciendo eco a los pronóstico divulgados anteriormente por otras agencias, afirman que en 2050 la demanda energética mundial será 80 por ciento superior a la actual, con las economías emergentes causantes de la mayor parte de ese crecimiento. Si se admite que 85 por ciento de esa demanda será satisfecha con petróleo, gas natural y carbón mineral (índice superior al actual 82 por ciento), afirman que esto podría acarrear “un aumento de 50 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y el empeoramiento de la contaminación del aire.”

La mención de la contaminación atmosférica señala la reorientación del programa de politización de la cuestión climática en el ámbito internacional, hasta ahora enfocado predominantemente en las supuestas influencias del aumento de las concentraciones de carbono sobre las temperaturas, el nivel del mar y otras consecuencias. En función del descrédito creciente de esa variante en el discurso catastrofista y de algunos de sus principales portavoces internacionales, el aparato “calientista” parece que está ampliando el abanico de sus opciones, con la intención de mantener esa lucrativa máquina de miles de millones de dólares.

El documento, de facto, destaca enormemente la contaminación atmosférica urbana, con la afirmación de que está en camino de convertirse en “la mayor causa ambiental de mortalidad mundial, en 2050, por encima de las aguas negras y de la falta de sanidad.”

Lo más curioso es que las deficiencias de aguas y saneamiento básico, que constituyen con mucho el problema ambiental más grande del planeta, rara vez se mencionan en documentos ambientalistas y, ahora, la OCDE les confiere la debida promoción –pero tan sólo para resaltar la dimensión de la amenaza de la contaminación atmosférica urbana, atribuida al ¡uso creciente de combustibles fósiles! Claro, no se trata de aficionados.

El documento hace una lista de tareas urgentes, como la pérdida mundial de biodiversidad y la creciente demanda de agua, acompañada de sombrías proyecciones y consecuencias para la población mundial, en especial en las economías emergentes y en los países menos desarrollados. Por fortuna para la Humanidad, los autores del informe de la OCDE ponen toda su pre-ciencia y visión a largo plazo para ofrecer una opción:

Para evitar el sombrío futuro que pinta el “Panorama ambiental para 2050,” el informe recomienda un coctel (sic) de soluciones políticas: usar impuestos ambientales y esquemas de comercio de emisiones para hacer más costosa la contaminación que las opciones verdes: valorar y ponerle precio a los activos naturales y a los servicios de los ecosistemas, como el aire limpio, el agua y la biodiversidad, dándole su valor verdadero; retirarle a los combustibles fósiles y a los esquemas hidráulicos despilfarradores los subsidios ambientales perjudiciales; fomentar las innovaciones verdes, encarecer los modos de producción y de consumo contaminantes y, al mismo tiempo, proporcionar apoyo público a la investigación (de las “innovaciones verdes”).

Como puede verse, la intención es mantener el maligno plan de “descarbonización” de la economía mundial, sin ofrecer ninguna opción tecnológica efectivamente más moderna, sino tan solo el manido recetario de “soluciones de mercado,” lo que aseguraría una enorme expansión del mercado de los créditos de carbono (y sin duda, la siguiente burbuja especulativa en el camino de la reconstrucción de la economía mundial). Además, la adopción a gran escala de semejante coctel representaría un obstáculo inmenso para el progreso de las economías emergentes, en especial, las asiáticas –lo que, evidentemente, no desagradaría a los integrantes de la OCDE, algunos de los cuales están bastante inquietos con el movimiento del centro de gravedad geoeconómico del planeta hacia la cuenca del Pacífico. No obstante, es difícil que se pueda “reverdecer” una economía mundial que se encuentra seriamente amenazada con el peligro de “entrar en el rojo,” si no se cambia su tendencia actual.

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