La guerra del presupuesto militar en EU

El pasado 17 de septiembre, el ex-secretario de Defensa de los EUA, Roberto Gates, acompañado del ex-jefe del Estado Mayor Conjunto, almirante Michael Mullen, se unieron para instar a los congresistas de su país a actuar como “adultos” y evitar un recorte en el presupuesto de defensa del país, que según ambos, representaría una “amenaza real al futuro de Norteamérica”.

Las participaciones se dieron durante un evento sobre seguridad nacional y deuda, promovido por el Centro de Políticas Bipartidarias del Congreso y el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), uno de los más prestigiosos formuladores de política de Washington, en el contexto de la acalorada campaña desatada por el complejo de seguridad nacional norteamericano, para evitar el recorte previsto de 55 mil millones de dólares en el presupuesto del año fiscal de 2013, parte de un paquete de recortes por 500 mil millones de dólares en los próximos diez años, previsto en la Ley de Control Presupuestario aprobado a inicios de este año, con el objetivo de reequilibrar el presupuesto federal (The Hill, 17 de septiembre de 2012).

Tanto Gates como Mullen hablaron en nombre de los intereses del poderoso complejo, que, junto con el sistema financieros, integra el vértice del poder en el país y no admite perder ni siquiera una pequeña fracción de sus ingresos. Ambos resaltaron que los recortes serían “devastadores y dejarían una fuerza (militar) hueca”, incapaz de responder a las amenazas y a la seguridad del país.

“La incapacidad de tantos líderes políticos de hoy, de salir fuera de sus capullos ideológicos u ofender a sus más encendidos partidarios, se transformó en una amenaza real al futuro de Norteamérica. Hay muchos políticos más preocupados en ganar las elecciones y marcar puntos ideológicos que en salvar al país. Mi esperanza es que, después de la elección presidencial, cualquier adulto que permanezca en los dos partidos políticos haga los compromisos necesarios para poner de nuevo al país en orden”, fulminó Gates, quien encabezó al Pentágono del 2006 al 2011, sobreviviendo la transición del republicano George W. Bush al demócrata Barack Obama.

La voracidad presupuestaria del complejo de seguridad nacional norteamericano es de tal cantidad que el recorte pretendido para 2013 solamente regresa al presupuesto de defensa a los niveles del 2007.Además, tales números se refieren solamente al presupuesto directo del Departamento de Defensa y representan tan sólo una fracción de la cantidad de recursos destinados al complejo como un todo. Como informa Dave Lindorff:

“(…) Los EUA, en el año fiscal de 2012, presupuestaron un total de 637 mil millones de dólares para los militares, más otros 166 mil millones para actividades militares de otras dependencias gubernamentales, como el programa de armas nucleares, gran parte del cual es manejado por el Departamento de Energía, o el Programa de Veteranos, que paga la asistencia y los beneficios del personal militar de reserva. Hay también, cerca de 440 mil millones de dólares en pagos de intereses sobre las deudas de guerras y gastos militares anteriores. Todo junto, llega a 1.3 billones de dólares que representa casi el 50% del presupuesto general de los EUA -el mayor porcentaje de un presupuesto gubernamental dedicado a las actividades militares de cualquier nación moderna en el mundo. (…)” (Counterpunch, 24 de septiembre de 2012).

El articulista no incluyó en la lista los presupuestos de 16 agencias de inteligencia (78 600 millones de dólares, en 2011) y del Departamento de Seguridad Interna (DHS, 57 mil millones de dólares, en 2012), que elevan la cuenta a más de 1.4 billones de dólares .Considerando que el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), uno de los más respetados órganos de investigación de asuntos militares del mundo, ubica los gastos militares de todo el mundo en casi 1.74 billones de dólares, en 2011 y, hasta tomado en cuenta las dudas referentes a las formas diferentes de calificación y contabilidad de los gastos militares, se puede afirmar sin miedo de errar que los EUA dedican a sus operaciones militares recursos superiores a los de todos los demás países del mundo juntos.

En realidad, todas estas inversiones sobrepasan en mucho las necesidades reales de defensa nacional y, en la práctica, no aseguran mayores perspectivas de éxito en las operaciones militares propiamente dichas, que las Fuerzas amadas estadounidenses hayan emprendido en las últimas décadas, como se vió en Irak y se percibe, de forma cada vez más obvia, en Afganistán. En este país, el creciente número de ataques de elementos de las fuerzas de seguridad locales contra los militares de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que los entrenaron, está llevando a los líderes estadounidenses, bajo presión de los formadores de opinión y de la sociedad en general, a reconsiderar seriamente la aceleración de la agenda de retirada de las fuerzas militares del país, prevista anteriormente para 2014 (y, no obstante, con la previsión de mantener a los “instructores” en bases especiales).

Dado que los gastos directos de las operaciones en Afganistán está estimados en cerca de 80 mil millones de dólares, en 2012 (en comparación, el PIB afgano está estimado en 30 mil millones de dólares), es perceptible que los principales beneficiarios de la prolongada presencia de las fuerzas norteamericanas en el país son empresas privadas que, en los últimos años, han ampliado rápidamente su participación en operaciones militares, inclusive de combate e inteligencia, además de las lucrativas cadenas logísticas para el abastecimiento de las fuerzas internacionales en operación. Solamente para ilustrar, se calcula que el costo de cada galón (3.78 litros) de combustible colocado en el país cuesta a los contribuyentes norteamericanos la bagatela de 400 dólares.

x

Check Also

Santa Sofia e Jerusalém, duas faces da mesma moeda do “choque das civilizações”

Em 10 de julho, o presidente turco Recep Erdogan anunciou em cadeia nacional de televisão ...