EUA: Las convenciones partidarias en Disneylandia

Durante las convenciones de los partidos Demócrata y Republicano en donde seleccionaron a sus respectivos candidatos para las elecciones presidenciales de noviembre próximo, se habló de todo, menos del mundo real. Aquí se mostró claramente que los dirigentes políticos de la superpotencia ha perdido cualquier contacto con la realidad y su ruta la ha adecuado a una película de fantasía de Disney. En un crítico momento de la historia de su país y del mundo, ni el presidente Barack Obama ni el retador republicano, Mitt Romney, ex-gobernador de Massachussets, ni tampoco alguno de los delegados que hablaron en los espectaculares eventos, presentaron algún indicio de una evaluación seria sobre los problemas reales que el país confronta, en medio de la crisis sistémica global.

Al contrario, quizá la única voz que podría haber llevado alguna lucidez a esta especie de escenarios coreográficos, la del diputado federal y ex-candidato presidencial republicano Ron Paul, no fue escuchada en la convención de su partido, por haberse negado a que su discurso fuese censurado antes de su lectura y por la exclusión de los delegados que lo apoyaron, después de que el liderato del partido cambió la regla de participación proporcional, con el propósito explícito de evitar que estos se manifestaran. Así, en vez de oír las bien fundamentadas críticas del congresista texano al sistema financiero en la Reserva Federal y a su papel en la crisis económico-financiera global, los convencionistas prefirieron deleitarse con la risible actuación del veterano actor y director cinematográfico Clint Eastwood y su silla vacía representando a Obama -quien, por su parte, replicó con la foto de una silla ocupada.

Mientras tanto, en el mundo real se anunció que la deuda pública del país llegó a la impresionante marca de 17 billones de dólares, prácticamente el equivalente del PIB, lo que, en agosto pasado, había obligado a Obama a intensas negociaciones con el Congreso para elevar el techo de endeudamiento del gobierno, recurso que se viene utilizando desde hace años, retrasando así un tratamiento serio del problema. Al mismo tiempo, el anuncio de que se generaron 96 mil empleos en agosto, con una caída oficial del desempleo de 8.3% a 8.1%, ocultó el hecho de que el desempleo real ya llega a cerca del 22% de la población económicamente activa, considerando a las personas que no entran en las estadísticas por haber desistido de hallar empleo hace más de un año. Además, el índice disfraza el hecho de que los 53% de los nuevos puestos de trabajo se refieren al servicio en bares y restaurantes y a auxiliares de servicios hospitalarios de baja remuneración, sin hablar de la pérdida de 15 mil empleos de más alta remuneración, en el sector manufacturero. Como lo cuestionó con su habitual ironía, el Dr. Paul Craig Roberts, ex-subsecretario del Tesoro en el gobierno de Reagan:

“¿Qué tipo de superempleos de alta remuneración y alta tecnología está creando la ‘única superpotencia del mundo, la nación indispensable, la mayor economía y paraíso capitalista del mundo’? La respuesta es: empleos mal pagados del Tercer Mundo, motivo por el cual no hay y no podrá haber una recuperación económica. Todos los empleos buenos fueron exportados hacia el exterior, para maximizar los ingresos de los ricos” (www.paulcraigroberts.org, 8 de septiembre del 2012).

El columnista Mike Stathis, autor de varios libros acerca de la crisis financiera y despiadado crítico del sistema, complementa, afirmando que, “al momento, casi el 50% de toda la población de los EUA recibe algún tipo de asistencia gubernamental” (VeteransToday.com, 10 de septiembre del 2012).

Y la esperada tercera ronda de “flexibilización cuantitativa”, eufemismo con el cual el Departamento del Tesoro rotula los fuertes paquetes de inyección de liquidez en el sistema financiero, solo tiene a empeorar el escenario, pues equivale a un intento de apagar un incendio de grandes proporciones recurriendo a barriles congelados de gasolina de alto octanaje. Como ocurrió con las dos primeras, los nuevos recursos (solamente dinero nuevo impreso) deberán ser destinados a los bancos y otras empresas financieras, sin su contraparte para la economía real.

La única diferencia palpable entre los dos lados, estuvo en la retórica, con los republicanos adoptando un lenguaje más agresivo en relación a los enemigos percibidos del país, en especial, Irán.

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