Premio Nobel para ¡producir drogas en paz!

Gerardo Terán Canal

Testimonio de un combatiente antidroga

Para los que hemos estado por más de 30 años denunciando a Narcotráfico S.A, esa perversa estructura mundial que somete naciones y pueblos a la producción y el consumo de estupefacientes, no nos parece para nada extraño que el presidente colombiano, Juan Manuel Santos haya utilizado el estrado de la entrega del Premio Nobel de la paz el pasado 10 de diciembre, para esgrimir los típicos argumentos del cabildo mundial que aboga por la legalización del consumo y de la producción de drogas: “Es urgente replantear la guerra mundial contra las drogas” afirmó Santos y sin ningún problema agregó, “Colombia ha sido el país que más muertos y sacrificios ha puesto. Tenemos autoridad moral para afirmar que, luego de décadas de lucha contra el narcotráfico, el mundo no ha logrado controlar ese flagelo…no tiene sentido encarcelar un campesino que siembra marihuana cuando por ejemplo hoy es legal producirla y consumirla en 8 estados de Estados Unidos…” concluyó.

Que con tales palabras se esgrima aquella tentación, o que ésta prospere, todavía no lo sabemos. Por eso cabe resaltar que no me mueven juicios apresurados, pero sé, y quiero dejar constancia, que desde hace un buen tiempo, se han lanzado fuertes campañas publicitarias para lograr estas legalizaciones, y que el insano debate ya llego hasta la ONU. En tal publicidad siempre se ha escondido la mano del banquero que guarda a siete llaves las fortunas de familias poderosas oligarcas británicas, el mega especulador George Soros.

Es un descalabro que en nuestro continente estos intereses neocoloniales sean defendidos por una casta que se ha sumado a la defensa de la legalización de la marihuana; pero ahí la tenemos abrazada por un club de expresidentes, (de México, de Brasil y de Colombia) que en las últimas décadas se aglutinaron alrededor de la mesa del denominado Dialogó Interamericano, con sede en Washington, y creado por la familia Rockefeller y otras del mismo quilate ; fue la misma entidad que le acaba de otorgar al presidente Santos el premio Liderazgo por las Américas, por haber negociado los acuerdos de paz con las FARC-EP.

Podría parecer extraño para cualquier lector que el señor Santos sacara a relucir el tema de las lucha contra las drogas cuando está recibiendo el Premio Nobel de la Paz por haber forzado antidemocráticamente un acuerdo con la guerrilla de las FARC, que tiene más de 50 años combatiendo en las montañas y selvas colombianas. Pero en los antecedentes que explicaré adelante, hay mucha tela de donde cortar

 

La simbiosis FARC-carteles

 

Pues no es extraño para nada. Primero, porque las FARC, después de haber servido de ejército y policía a los carteles de la droga colombianos, léase Cali y Medellín, una vez desaparecidos estos, producto de la guerra a las drogas, asumen el rol del cartel más importante de la cocaína a nivel mundial. Según estudios realizados en Colombia, debido a esta actividad las FARC doblaban el ingreso de divisas que percibió el Estado colombiano a finales de la década de los 90s. Si bien la lucha anti narco terrorista del expresidente Álvaro Uribe, teniendo a Juan Manuel Santos al frente del ministerio de Defensa, redujo indudablemente esta actividad, con Santos en la Presidencia, contrario a lo que la población esperaba, todo quedó congelado, sobre todo en su segundo mandato.

Segundo, porque en el acuerdo de paz, tramado por Santos y las FARC, no se toma en cuenta a cabalidad el tema del narcotráfico y el papel de las FARC en el mismo. No hay nada en ese acuerdo que se refiera a la entrega de cultivos, dinero, cuentas y demás asuntos relacionados con este negocio criminal, ni que hablar de la maraña de negocios que blanquean el dinero del narcotráfico y del que participa en sistema bancario. De modo que podremos tener senadores y representantes a la cámara como narcos legalizados.

Tercero, porque Santos proviene de la élite de familias ultra liberales colombianas, una de cuyas ramas introdujo a Colombia en el negocio de Narcotráfico SA, convirtiéndola en la narco colonia más importante del mundo dentro de la estrategia de la Segunda Guerra del Opio, cuyo objetivo es destruir las bases de los estados nacionales y de la misma civilización cristiana occidental, empezando por los mismos Estados Unidos.(Ver la película Guerra del Opio en you tube https://www.youtube.com/watch?v=i__cQzRVB-).

 

Algunos antecedentes necesarios

Valdría la pena hacer un poco de historia para poder comprender la magnitud geopolítica de esta Paz que parece decorada con cocaína, heroína y marihuana, y no con prosperidad propia de una nación soberana.

En 1979, el ex presidente Ernesto Samper Pizano (1994-98), quien fuera presidente de la Asociación de Instituciones Financieras (ANIF), convocó a nombre de esa institución un foro de gran envergadura llamado Marihuana: Mito y Realidad. Vinieron intelectuales, profesionales y demás de la medicina, economía y judicial. Colombia estaba atravesando por la así llamada Bonanza Marimbera (marihuanera), que había dejado en 1978 alrededor de 1.500 millones de dólares que ingresaron por la Ventanilla Siniestra creada en el Banco de la República (banco central) gracias al lavado de dinero, instituida oficialmente en el mandato presidencial de Alfonso López Michelsen (1974-78). Era una crueldad contra el país, pero el Banco Mundial celebraba que Colombia estuviera cumpliendo con el pago de la deuda externa gracias a este ingreso “marimbero”.

El foro fue un fracaso gracias a la intensa actividad de denuncias de un grupo de jóvenes congregados en la Coalición Nacional Antidrogas de Colombia (CNA), campaña bien fundamentada que conquistó la simpatía de dirigentes políticos y sindicales nacionalistas. Sin embargo un años más tarde apareció en el consumo callejero de estupefaciente el denominado Bazuco (en Argentina Paco). Colombia estaba no sólo sirviendo de paso para el envío de Cocaína a los Estados Unidos, sino que además comenzaba a producirla.

Para entonces, aparecieron los carteles de Cali y Medellín, cuya lamentable y criminal historia está más que documentada. Fue el momento en que el ex presidente López Michelsen, se lanzó de nuevo (1981) a la presidencia, por el Partido Liberal, y como fue público gracias a las denuncia de la CNA, Ernesto Samper Pizano fue el encargado de recibir el dinero aportado por los carteles para esa campaña. Otro vocero político de López fue Alberto Santofimio Botero, quien ejercía como vocero y enlace político entre López y los capos de los carteles de la droga. López perdió la presidencia, por una conjunción de varios procesos: la campaña de denuncias de la CNA, la franca oposición del segundo periódico más importante del país El Espectador, y por la candidatura a la presidencia por el Nuevo Liberalismo de Luis Carlos Galán.

Es importante recordar que en 1962 López Michelsen, fundó el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) para lanzarse a la presidencia apoyando a la naciente Cuba de Fidel y reclutando las bases juveniles que después integraron la Juventud Comunista y el M-19. Posteriormente durante su presidencia López legalizó la Central Sindical de los Trabajadores Colombianos (CSTC), brazo sindical del Partido Comunista Colombiano que a su vez fue y es aun, el brazo político de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

En 1983 López Michelsen fue el nexo de los narcos frente al gobierno de Belisario Betancur, para negociar los pedidos del llamado grupo de los Extraditables compuesto por los líderes del cartel de Cali y de Medellín.

Finalmente, en 1989, fue asesinado Luis Carlos Galán quien estaba, según las encuestas como firme candidato para ganar las elecciones. De acuerdo a diferentes publicaciones, entrevistas y series de TV, Alberto Santofimio, por pedido de López Michelsen, le dio la orden a Pablo Escobar de asesinarlo. Así asume la candidatura, el niño consentido de López, Cesar Gaviria (Presidente 1990-94) uno de los líderes promotores de los acuerdos de paz de Santos, y de la causa en pro de la legalización del consumo y producción de marihuana.

Yo personalmente visitaba casi a diario los diarios (1982-1988) llevando información que denunciaba la conexión política del narcotráfico en Colombia y el mundo. Puedo dar fe de dos cosas: la primera, que los hermanos Cano, dueños de El Espectador, no solo recibían la información con agrado, sino que la utilizaban en sus valientes denuncias, que posteriormente le costaron la vida a Guillermo Cano, director del diario y padre de ellos. El asesinato lo perpetro el cartel de Medellín. De lo otro que puedo dar fe es que los hermanos Santos Calderón, que siendo jóvenes hacían sus primeros pininos en El Tiempo, diario de la familia Santos, nunca publicaron nada contra López, Samper, Santofimio, ni ninguna otra denuncia de peso.

El mayor de los Santos, Enrique Santos Calderón, fue la persona que organizó toda la infraestructura para los diálogos de paz en La Habana. Fue el intermediario para que los líderes de las FARC pudieran desde su clandestinidad salir de Colombia sin ningún problema. Él mismo se ha declarado simpatizante desde su juventud de la causa de las FARC.

Y por último está la traición del presidente Juan Manuel Santos al ex presidente Álvaro Uribe. Para nadie es una incógnita que el expresidente Àlvaro Uribe catapultó a Santos a la presidencia; había sido su ministro de Defensa, y juntos colaboraron en la exitosa campaña de casi rendición de las FARC y el narcotráfico. Pero fatalmente Uribe se “olvidó” de la historia más reciente y también de la más antigua.

Santos pertenece a la oligarquía liberal, que durante los años 70s y 80s fue liderada por Alfonso López Michelsen, miembro superior de la masonería colombiana, y contacto directo con el sector financiero vinculado con Narcotráfico SA. Creo que Uribe pecó al creer que con su acción patriótica los liberales masones habían renunciado a que Colombia fuera la colonia de la Segunda Guerra del Opio. Ese fue su error político, que ha costado muchísimo a varios líderes que están siendo perseguidos implacablemente. Y los resultados están a la vista, el poder liberal mundial, está apoyando a Santos para lograr su objetivo. Por eso le dieron el Premio Nóbel sin haber logrado la paz.

Por qué atacan a la nación

Lo ya escrito es la historia más reciente. La más antigua nos retrotrae a 1886, cuando se entabla la batalla, que hoy parece aflorar nuevamente. Fue cuando el aliado del Papa León XIII, el presidente Rafael Núñez, fundó la primera república constitucionalmente católica del continente. Consagrada al Sagrado Corazón de Jesús, como recomendaba el Papa a los países para protegerlos de la influencia de la masonería ultra liberal, agentes del Imperio Británico. El himno cuya letra fue compuesta por Núñez, termina en su primera estrofa aludiendo a “comprenden las palabra del que murió en la cruz”. No hay ningún otro himno que de ese testimonio. La constitución escrita por Miguel Antonio Caro se inspiró en Santo Tomás de Aquino.

Pero eso no es todo. Los dueños de la riqueza, de los bancos y demás en ese momento era el grupo conocido como el Olimpo Radical, dirigido por el bisabuelo del actual Ernesto Samper Pizano, don Miguel Samper. Cuando Núñez decidió instaurar el Banco Nacional para dar crédito para el desarrollo de Colombia, el Olimpo Radical creó la así digamos, primer guerrilla, tanto en el sur como en el norte del país. Núñez contando con patriotas decididos, doblegó este intento de derribar su gobierno. Miguel Samper terminó siendo desterrado a los Estados Unidos.

Desde allá, Samper monitoreó el futuro de su mayordomo de fincas, Pedro López abuelo de Alfonso López Michelsen y padre de Alfonso López Pumarejo, quien fuera presidente de 1934 a 1938 y luego de 1942 a 1945.

En el intermedio fue presidente Eduardo Santos, fundador y dueño de El Tiempo y tío abuelo del actual presidente. Desde allá, Samper coordinó la guerra de los mil días y otras más hasta que en 1930, con ayuda de agentes británicos dentro del llamado Partido Conservador, supuesto heredero de Núñez, los liberales llegaron al poder.

El conflicto estaba presente y en 1948 producto del mismo y del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, líder populista opuesto a estos, de desató una de las guerras fratricidas desde 1948 hasta 1958. Había una guerrilla liberal y una antiguerrilla conservadora. De la liberal surgieron las bases de las FARC, allí nació el famoso fundador y líder de esa guerrilla Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo, que contó desde principio de los a1950s con el apoyo de la Unión Soviética; era el momento de la Guerra Fría, cuando la rivalidad entre los EUA y la URSS mantuvo aprisionado a nuestro continente.

En 1958, ya con un Partido Conservador disminuido, sus dirigentes junto con el Partido Liberal, deciden acabar con la guerra y crearon el Frente Nacional, donde los dos partidos acordaron gobernar cada cuatro años. Pero las bases de las futuras FARC no estuvieron en el acuerdo, las FARC quedaron, en medio del surgimiento de la Cuba de Fidel, como la nueva guerrilla comunista de Colombia. Como dije arriba uno de sus animadores, para crear el brazo juvenil político de las FARC fue López Michelsen con el mencionado MRL.

El gran arquitecto de ese acuerdo y del Frente Nacional fue Alberto Lleras Camargo, primer secretario general de la OEA y empleado de Nelson Rockefeller cuando este era el sub secretario de Estado de EE.UU para Asuntos Latinoamericanos del presidente Truman. Y fue Lleras Camargo, reconocido jefe de la masonería, el primer presidente de ese Frente Nacional. El arquitecto por el Partido Conservador fue el conservador de orientación británica, Laureano Gómez, quien en 1930 se encargó de dividir al Partido Conservador para que asumiera el liberalismo la presidencia de Colombia.

Y como no dejar de cifrar esperanzas con los intentos extraordinarios de Su Santidad Francisco para alcanzar la paz. Todos sabemos que solo así se podrá prescindir del poder de esta oligarquía, que por décadas ha amparado el control de la nación colombiana manteniéndola en la órbita del neocolonialismo, ya sea británico o norteamericano. Su designio ha sido evitar el florecimiento de una nación cristiana soberana y con un progreso económico enfilado hacia el bien común. Lo único aceptable para ese poder mundial es el liberalismo, o los nuevos Frentes Nacionales que emanen de las viejas-nuevas componendas. Y hasta ahora tal parece que el acuerdo Santos-FARC se encamina en esa dirección.

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