Cabildo maltusiano surfea en la ola de la pandemia

MSIa Informa, 4 de junio de 2020.– En medio de la convulsión mundial por la pandemia del coronavirus, las poblaciones están a la espera de cambios conducentes a un futuro próspero de equidad; en el sentido contrario de esa aspiración gritante, el fuerte cabildo maltusiano internacional presiona  para que su lúgubre programa de despoblación continúe viento en popa.

La alta temperatura de la presión se pudo percibir en una sorprendente manifestación de la gubernamental Agencia del Desarrollo de los Estados Unidos, (USAID)  en la cual le pide a al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, no permitir que los recursos de emergencia destinados a la pandemia, se dediquen a promover el control natal a través del aborto y la llamada salud reproductiva, término que apenas esconde las negras intenciones de detener el crecimiento de la población.

Por una ironía del momento, la USAID ahora condena la diplomacia del aborto  que por décadas patrocinó. La misiva firmada por su administrador, con fecha del 18 de mayo, fue divulgada en el contexto de la discusión sobre las aportaciones monetarias para la realización del Plan Global de Respuesta Humanitaria de la ONU (Global HRP), y directo afirma:

“La ONU no debería usar esta crisis como una oportunidad para avanzar en el acceso al aborto como un “servicio esencial”. Desafortunadamente, el HRP Global hace exactamente esto, al colocar cínicamente la provisión de “servicios de salud sexual y reproductiva” en el mismo nivel de importancia que la inseguridad alimentaria, la atención médica esencial, la desnutrición, el refugio y el saneamiento. Lo más notorio es que el HRP Global exige la distribución generalizada de medicamentos y suministros para el aborto, y la promoción del aborto en los países locales”.

Y agrega, “De hecho, las Naciones Unidas no deberían intimidar ni coaccionar a los Estados miembros comprometidos con el derecho a la vida. Utilizar la pandemia de COVID-19 como justificación para presionar a los gobiernos a cambiar sus leyes es una afrenta a la autonomía de cada sociedad para determinar sus propias políticas nacionales sobre la atención de la salud. Estados Unidos apoya a las naciones que se han comprometido a proteger a los no nacidos. Para lograr la unidad global hacia este objetivo, es esencial que la respuesta de la ONU a la pandemia evite crear controversia”.

Concluyendo con, “Por lo tanto, le pido que elimine las referencias a la “salud sexual y sus derivados del Global HRP, y que elimine la provisión del aborto como un componente esencial de las prioridades de la ONU para responder a la pandemia de COVID-19.” (El énfasis es del original)

El Plan Global de Respuesta Humanitaria al COVID 19 (Global  HRP), fue presentado  por el secretario general de la ONU en marzo pasado. El 7 de mayo fue actualizado con un llamamiento de recaudación de fondos, en una ceremonia virtual organizada por Mark Lowcock, secretario general adjunto para asuntos humanitarios de la ONU, junto con el Director Ejecutivo de Emergencias de Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Mike Ryan; la Presidente y Directora Ejecutiva de Oxfam América, Abby Maxman; el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi; y el Director Ejecutivo de WFP, David Beasley. En la ceremonia se mencionó que de este plan las ONG y los consorcios de ONG tienen un papel fundamental dándole forma y como socias, y pueden acceder a financiamiento a través de él.

La diplomacia impositiva neo maltusiana en medio de la pandemia, ejercida mediante varios programas de la ONU  amalgamados con influyentes asociaciones internacionales, movió sus hilos para conseguir que varios gobiernos, refirmaran sus compromisos a la “salud reproductiva”, ya sea el incorporado en el HRP, o en otras instancias institucionales.

La acción más significativa fue una denominada,  “Declaración conjunta para proteger la salud y los derechos sexuales y reproductivos y promover una respuesta que tenga en cuenta el género en la crisis del COVID-19”. Enfatizando que tales servicios no sean interrumpidos durante la emergencia sanitaria, fue firmada por ministros de relaciones exteriores de 39 países, en representación de 59, el 6 de mayo y publicada en varias cancillerías del mundo como la francesa, la canadiense y entidades gubernamentales por ejemplo en México, por el Instituto  Nacional de la Mujer. La mayoría de los países de Iberoamérica, fueron signatarios, con pocas excepciones como la de Brasil.

Enfatiza que: “Es crucial que los líderes del mundo reconozcan la importancia del Acceso Universal a los Servicios de Salud en emergencias y la necesidad de construir sistemas de salud robustos que puedan salvar vidas. En este contexto, son esenciales los servicios de salud sexual y reproductiva.  La financiación de la salud y los derechos sexuales y reproductivos debe seguir siendo una prioridad para evitar el aumento de la mortalidad materna y neonatal, el incremento de las necesidades no satisfechas de anticoncepción y un mayor número de abortos inseguros e infecciones de transmisión sexual”.

Corto circuito en la red

La carta de la USAID recibió una respuesta inmediata de repudio de destacadas asociaciones neo maltusianas. La más significativa fue la declaración de protesta de la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF), la más antigua entidad del poder anglo americano dedicada a imponer el control del crecimiento poblacional, publicada el 19 de mayo:

“IPPF condena enérgicamente la carta enviada por el Administrador interino de los Estados Unidos al Secretario General de la ONU pidiendo ‘eliminar las referencias a la “salud sexual y reproductiva” y sus derivados del Plan Mundial de Respuesta Humanitaria de la ONU, y abandonar la provisión de aborto como un componente esencial de las prioridades de la ONU para responder a la pandemia de COVID-19″.

Citando palabras del Director General de IPPF, Dr. Alvaro Bermejo, prosigue:

“Al socavar los esfuerzos mundiales para controlar esta pandemia e intentar bloquear la salud sexual y reproductiva, esta administración de EE. UU socava la capacidad de las mujeres y las niñas de todo el mundo para vivir en medio del COVID-19.”

“Cumplir los derechos y la salud sexual y reproductiva es esencial para que las mujeres y las niñas tengan autonomía sobre sus propios cuerpos y para lograr la igualdad de género y, en última instancia, los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

Uniéndose a la protesta Kate Gilmore, nueva presidenta de la dirección de IPPF, señala que:

“En este momento de crisis global, las 134 asociaciones miembros de la Federación Internacional de Planificación Familiar se unen a las voces progresistas y pragmáticas de la gran mayoría de los países que en la Asamblea Mundial de la Salud exigen solidaridad mundial,  y acceso universal a la salud”

A partir de marzo de este año, los directivos de la IPPF han lanzado voces de alarma con relación a que en varios países del mundo, especialmente los más pobres, se han enfocado más en la emergencia sanitaria del Covide19, socavando recursos para lo que se denomina salud reproductiva, o sea el aborto. Y en abril el Panel Internacional de Consejo Médico de la IPPF emitió una apelo a los donantes para que a pesar de la pandemia  continúen apoyando su labor, especialmente en los países más pobres.

Por este compromiso que linda en el genocidio la IPPF ha sido atinadamente denominada “la Trasnacional de la muerte”. Desde su nacimiento en Inglaterra en 1948, nunca ocultó sus orígenes basados en las teorías eugenésicas de mejoramiento racial,  abrazando el control demográfico disfrazado en el ropaje de los derechos humanos y en las últimas décadas lanzando al estrellato a la ideología de género. Una verdadera embestida contra, por un lado, la prerrogativa del Estado soberano de cuidar el mejoramiento de su población, y por la otra contra los valores fundamentales de la dignidad de la persona humana.

Su origen está directamente vinculado a la ambición del poder oligarca  anglo-americano para imponer un gobierno mundial y así controlar globalmente los recursos naturales, que desde la óptica de la finitud, inventada por el economista al servicio de la Compañía de las Indias Orientales Thomas Malthus, se encuentran constantemente amenazados por el crecimiento poblacional. En la década de los 1970s esté fue el eje que sustentó el infame Informe NSSM-200, elaborado bajo la supervisión del ex secretario de Estado, Henry Kissinger; al tiempo que en la misma década otras instituciones se amparaban en las tesis del Club de Roma, “Limites al crecimiento”, lanzando el ambientalismo con la misma finalidad.

La espina dorsal de control poblacional adquirió consistencia mediante los recursos financieros de opulentas fundaciones del establishment angloamericano, teniendo a la cabeza a las Fundaciones Rockefeller y Ford, ambas controladas por la dinastía Rockefeller.

Paulatinamente este conglomerado de poder fue conquistando varios programas específicos de la ONU y organismos multilaterales de crédito como el Banco Mundial hasta que, el empuje maltusiano fue consagrado en el Nuevo Orden Mundial, decretado después de la caída del Muro de Berlína finales de la década de los 1980s y de su componente multicultural adoptados en las políticas identitarias.

Windows con virus maltusiano

Actualmente al entretejido de la antiquísima filantropía neo maltusiana, se han sumado, en el mundo del tambaleante sistema de la globalización financiera, otros grandes nombres, por ejemplo, la Open Society del financista mega-especulador George Soros, y el Instituto de Población del “muchacho genio” Bill Gates, creado en 1999, antes de la Fundación que lleva su nombre.

En los Estados Unidos, la IPPF ha perdido  recursos financieros en la administración de Donald Trump, pero otros muchos le sobreviven.  Por ejemplo en apoyo para algunos de sus programas hacia en África, ha recibido recursos de la Fundación Bill y Melinda Gates. Sin dejar pasar que las retumbantes reverencias al control del crecimiento de la población, le fueron heredadas a Gates por su padre, William Henry Gates Sr, vice presidente de la Fundación Gates y, por muchos años miembro del consejo directivo de la IPPF.

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