Pensando en las grandes tareas de la Humanidad: el Cosmos y el hombre

Rosetta

En un corto periodo de tiempo, el proyecto de la Unión Europea (UE), grandiosamente anunciado, se convirtió en el blanco de fuertes críticas y, ahora, se está reestructurando: se trata del multimillonario Proyecto Cerebro Humano (HBP, por sus siglas en inglés), iniciado por el bloque europeo hace dos años.  Es un ejemplo ilustrativo de la arrogancia de muchos científicos que creen que pueden asumir el “dominio” del cerebro humano, el instrumento de sus “pensamientos, ideas y deseos,” de un modo reduccionista –mediante una simulación computarizada del cerebro humano. Sucede que sus ilusiones fueron bastante atenuadas y, posiblemente, esto sucedió por razones muy buenas.

En contraste, el sueño centenario de la humanidad de saber más sobre nuestro universo ha despertado una gran fascinación en los tiempos recientes.  En los casi 60 años de historia de la exploración espacial tripulada o no tripulada, las nuevas imágenes del espacio, de una calidad sin precedentes, nos han conducido a nuevas valoraciones  científicas sobre nuestro universo.  Décadas de trabajo coordinado y planeado internacionalmente, que abarca muchas disciplinas científicas, han abierto el camino para las exploraciones de larga duración de sondas espaciales.

Observemos, primero, el “microcosmos,” el intento de entender más sobre el cerebro y el modelo por el cual los órganos del pensamiento humano funcionan.  En 2013, la Comisión Europea dio inicio al HBP.  Guiado por el “muy autoconfiable” neurofisiólogo Henry Markram, la iniciativa pretendía crear una simulación computarizada completa del cerebro humano. Los investigadores afirmaban que esperaban entender desórdenes neurológicos y fisiológicos, como los padecimientos de Alzheimer y la esquizofrenia, por medio de experimentos digitales que, en algún momento, podría curar esas enfermedades.

Desde el inicio del ambicioso proyecto surgieron críticas muy severas sobre la investigación científica y  sobre sus objetivos.  Se cuestionó si los investigadores tan sólo querían construir un súper ordenador y qué, efectivamente, era lo que se estaba investigando.  En mayo de 2014 tuvo lugar el primer “big bang”:  Markram y su equipo principal decidieron que la investigación sobre la “arquitectura cognoscitiva” (del cerebro) debería cancelarse en 2016.

Muchos expertos en neurología consideraron esto como un intento de suprimir la exploración inmediata del cerebro con ayuda de métodos biológicos clásicos.  La resistencia provino de muchos oponentes, que criticaron los objetivos  “reduccionistas” de Markram.  Una carta de protesta fue firmada por más de 800 neurocientíficos e investigadores de campos científicos relacionados.

Lo que siguió fue una “mediación” por parte de 27 profesionales que, finalmente, llevó a la separación de Markram del proyecto y a la designación de un nuevo equipo; los objetivos científicos del proyecto entero siguen sin convencer.  Esto es porque los investigadores involucrados todavía creen que la información que pueden obtener de los simuladores de cerebros de ratones –parte de “neuroinformática predictiva” de Markram- deberá ser de gran beneficio para ellos.

Un ensayo crítico, publicado en el periódico alemán Südeutsche Zeitung (1/05/2015), se refirió a Andrea Herz, profesor de neurociencia teórica de la Universidad de Múnich Ludwig Maximilians, que también fue miembro del grupo de mediación. Según él, el proyecto sufre del clásico problema de la Big Data.  Aunque fuese posible reconocer, con algoritmos, ciertos patrones de esa enorme cantidad de información, ellos tan sólo describen la estructura de esa pila de datos, mismos que no tendrán necesariamente ninguna relación con “las propiedades fisiológicas del órgano (el cerebro) real.” El profesor afirmó además que ni siquiera creía que los objetivos trazados fuesen alcanzables.  “Una simulación 1:1 del cerebro es definitivamente imposible.”

Las afirmaciones del profesor Herz y la carta de protesta de los neurocientíficos no dejan duda de que tendrían que establecerse objetivos más modestos para el proyecto.  La inteligencia artificial y las simulaciones de ordenador sólo pueden ser parte de esas investigaciones, pues lo que se necesita por encima de todo es el diálogo que involucre todos los campos de investigación científica sobre las funciones cerebrales, las ciencias cognoscitivas, en especial.  Tal vez esto abra nuevos caminos para las ciencias de la vida y para los tratamientos de problemas mentales, en particular la enfermedad de Alzheimer, o que permitan descubrir en menos tiempo los daños causados por accidentes.

El hombre explorador del Universo

Con la intención de conocer más sobre la inmensidad del infinito y el misterio de nuestro universo, el uso de naves y de sondas espaciales ha dado, recientemente, un nuevo impulso a las instituciones de investigaciones en todo el mundo, en el sentido de profundizar la exploración espacial.  Este es un sueño de la Humanidad, a pesar de los muchos pasos dados atrás y de las limitaciones impuestas por los intereses de las grandes potencias mundiales.  A mi parecer, los equipos involucrados en esa investigación son guiados por un método científico más equilibrado, lo que, a largo plazo, lleva a conquistas más fascinantes.

Desde hace un año, la sonda espacial Rosetta está orbitando el cometa 67/Chujurmov-Guerasimenko, que se encuentra a 400 millones kilómetros de la Tierra, y está observando el comportamiento del objeto cósmico en su camino hacia el Sol.  El equipo trata de explorar en qué medida el módulo de propulsión Philae puede pasar nueva información luego de su “hibernación,” en particular imágenes, muchas de las cuales fueron tomadas muy cerca del cuerpo celeste.

Semanas atrás, la sonda estadounidense New Horizons fue la primera nave que envió a la Tierra imágenes de Plutón, situado en el límite de nuestro sistema solar.  La realización de tales “expediciones” necesita de una planeación a largo plazo, lo que resulta evidente con el caso de la sonda Voyager I.  El programa se inició en 1977, y ahora –a una distancia de 20 mil millones de kilómetros de la Tierra- la nave está dejando nuestro sistema solar.  Por primera vez en la historia de la humanidad, una nave espacial puede entrar en el espacio interestelar con ayuda de las leyes de la gravedad.  Podemos recordar la famosa foto que representa la Tierra a una distancia de miles de millones de kilómetros, como un “pálido punto azul.”

En Alemania, la misión “punto azul” fue dirigida por el geofísico y astronauta alemán Alexander Gerst, lo que generó un nuevo entusiasmo. Fue, de forma franca como él describió sus opiniones, lo cual dio un nuevo ánimo para la exploración espacial.  Al lado del ruso Maxim Surayev y del estadounidense Reid Wiseman, Gerst operó la Estación Espacial Internacional (EEI) de mayo a noviembre de 2014.

Europeos, rusos, estadounidenses y, también, chinos e indios están cada vez más involucrados en la exploración espacial y han mostrado una fuerte presencia en el espacio.  Entre los planes existentes para el futuro está el proyecto estadounidense de un viaje a Marte.  Está planeado que el proyecto se haga realidad en 2035, con un viaje tripulado al Planeta rojo, para el cual ya se está creando la nave espacial Orión.

A esto hay que agregar que otros países están participando en investigaciones científicas para estudiar las condiciones de vida de Marte.  Un ejemplo es el grupo de investigadores de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz, México, en colaboración con Roberto Zubrin, de la Sociedad Marte estadounidense, que presentó algunos de sus trabajos durante el Segundo Foro de Guadalajara, realizado en octubre de 2014.  Ente ellos destaca la realización de experimentos en un ambiente inhóspito de México comparable, en diversos aspectos, a la superficie marciana.

El nuevo director de la Agencia Espacial Europea (AEE), el alemán Johann-Dietrich Wörner, ex director del Centro Aeroespacial Alemán (DLR, por sus siglas en alemán) de Colonia, dio pistas de muchos planes de la agencia que dirige: entre ellos se incluye el envío de un vehículo autómata (rover) a Marte en los cinco años que vienen; una sonda a Júpiter y a sus lunas congeladas en 2022, la cual llegaría al planeta gaseoso en 2028; la construcción de una estación espacial del lado oscuro de la Luna, cuando la EEI ya no se pueda usar.  A partir de estas instalaciones, los astronautas y los investigadores se tendrán que adentrar en estudios, con el auxilio de técnicas apropiadas, para profundizar el conocimiento sobre el espacio cósmico (Echo ESA Special, 6/30/2015).

Wörner resumió de forma ponderada el trabajo y los mensajes de Alexander Gerst.  Luego del regreso de Gerst a la Tierra, en noviembre del año pasado, Wörner, entonces al frente del DLR, habló de las impresiones del astronauta:

“Primeramente, no obstante que la atmósfera que no protege es tan fina, él ha dicho repetidas veces, las fronteras de la Tierra, que son tan terriblemente importantes para nosotros, no se pueden ver desde el espacio.  Dijo que se sentía entristecido por los conflictos armados que tuve que ver (desde el espacio), y con los cuales tenemos que lidiar repetidamente en nuestro planeta. Pienso que esos aspectos son muy importantes.  La ciencia es la razón por la cual él (Gerst) estaba allá arriba, pero la otra razón dada es, nuevamente, el “punto azul” especial –así fue como bautizó su misión.  El astronauta destacó, de forma muy emocionada, la particularidad de ese “punto azul” de nuestro universo (Deutschlandfunk, 10/11/2014).

Con la misma determinación y prudencia debemos no sólo explorar el espacio desconocido del Universo, sino también lidiar con los grandes problemas que enfrenta la humanidad, como la pobreza que castiga a gran parte de ella.

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