Toda búsqueda con Google sobre el nombre del periodista Lorenzo Carrasco, presidente del Movimiento de Solidaridad Ibero-americana (MSIa), choca, luego de las primeras entradas, con un viejo artículo publicado en sitio del periódico A Nova Democracia, de agosto de 2003, con el insidioso título “Otro grupo fascista de USA se infiltra en Brasil.” De pluma de la periodista Rosana Bond, el texto describe las actividades de la organización del economista estadounidense Lyndon LaRouche, señalado como fascista de extrema derecha, y menciona que Carrasco y su esposa, Silvia Palacios, eran sus representantes en Brasil. Un reciente pedido para retirar esa nota fue ignorado por el buscador. Por ello, para el debido esclarecimiento de los hechos, publicamos una entrevista con el presidente del MSIa.
P – ¿Por qué Google insiste en mantener una nota relacionada con una noticia con más de 10 años de antigüedad que los vincula con una organización calificada de neofascista?
R – La nota en cuestión afirma que mi esposa, Silvia Palacios, y yo representábamos a una organización neofascista estadounidense en Brasil. Nosotros fuimos representantes de la organización de LaRouche en Brasil de 1985 a 2003; llevamos a cabo un trabajo en torno de dos ideas fundamentales: la defensa de los estados nacionales soberanos de Iberoamérica contra la embestida de de los poderes oligárquicos angloamericanos, movilizados para perpetuar su condición de satrapías de una auténtica estructura de “gobierno mundial”; y la integración física y económica de Iberoamérica, principalmente de América del Sur. En esta, Brasil desempeña un papel fundamental, principalmente ahora, en razón de la reorganización en marcha del orden del poder mundial, con potencias del tamaño de Rusia y China articulándose para presentar una opción de cooperación y no hegemónica ante el belicismo encabezado por Washington y Londres.
Por esto, al lado de amigos brasileños, fundamos el Movimiento de Solidaridad Iberoamericana (MSIa) en 1992, para desarrollar esas actividades. Cualquier persona que conozca, aunque sea superficialmente, nuestro trabajo, sabe y puede probar que jamás defendimos ninguna idea o propuesta de cuño neofascista, antisemita ni nada que se le parezca, como, además, ya tuvimos oportunidad de demostrar en las diferentes ocasiones en las que fuimos atacados con acusaciones en esa línea.
La nota, irónicamente, fue publicada exactamente cuando rompimos con la organización de LaRouche, en agosto de 2003, por motivos políticos internos que no vienen al caso. Pero, de cualquier forma, calificar a LaRouche, y, por extensión, a nuestras personas, de neofascistas es, por lo menos, desinformación y, tratándose de la periodista Rosana Bond, autora de la nota, muy probablemente, mala fe deliberada al servicio de un propósito del cual apenas podemos sospechar por las vinculaciones del periódico Nova Democracia, del cual ella es uno de sus dirigentes.
A pesar del nombre, se trata de una publicación que no tiene nada que ver con la defensa de ninguna idea verdaderamente democrática; es, más bien, un vehículo de orientación maoísta que defiende propuestas que recuerdan la sangrienta Revolución Cultural de Mao Tse Tung de los años sesentas, como se puede percibir en la vehemente defensa que hacen de Sendero Luminoso, el grupo terrorista peruano, uno de los más sangrientos que América Latina haya conocido.
P – ¿Por qué esa organización maoísta tendría interés en atacarlos?-
R – Como dije antes, cualquier persona que conozca nuestro trabajo sabe que acusarnos de neofascistas es una gran calumnia. Consideramos que la finalidad de la nota, en realidad, tanto en la ocasión en que se publicó como su conservación, más de diez años después, tiene el propósito de desprestigiar la divulgación de ideas contrarias a los intereses de los poderes oligárquicos internacionales, para los cuales grupos como el que publica A Nova Democracia son instrumentos bastante útiles, a pesar de la apariencia de antagonismo ideológico entre unos y otros.
Lo cierto es que la captura de grupos como ese por la jerarquía del “gobierno mundial” es bastante antigua, inclusive en Brasil, donde hemos expuesto y denunciado esa complicidad desde hace años.
De ninguna forma es casual que en aquella época el MSIa estuviese haciendo frente a un juicio iniciado en su contra por el WWF, una de la organizaciones no gubernamentales ambientalistas más poderosas del mundo, fundada y dirigida por miembros destacados de familias de la nobleza europea, de las monarquías británica y holandesa, además de altos dirigentes de grandes empresas y de bancos multinacionales. La intención de ellos era castigarnos por nuestras denuncias sobre la actuación del movimiento ambientalista internacional, un instrumento político contrario al desarrollo de países de la importancia de Brasil. Es por ello que la nota de Rosana Bond tomo como una ofensa nuestro trabajo al respecto, dado a conocer en el libro “Mafia verde: ambientalismo al servicio del gobierno mundial,” y contra el cual el WWF llegó a intentar su censura anticipada.
Por aquella época, el presidente de la sección brasileña del WWF era el señor José Roberto Marinho, hijo del viejo Roberto Marinho, controlador del periódico O Globo. El motivo alegado del juicio era que, supuestamente, el MSIa había calumniado e injuriado al WWF en sus publicaciones, al acusar a uno de sus fundadores, el príncipe Bernardo de Holanda, de haber sido miembro del partido Nazi de Alemania, lo que, según ellos, sería una falsedad. Por ello, pedían una enorme indemnización por daños morales, cuyo objetivo era destruirnos financieramente. En nuestra defensa probamos que todas las afirmaciones que hicimos contra ellos eran informaciones fidedignas y de dominio público, exhibidas en numerosas publicaciones de varios idiomas, pero el juicio tuvo que recorrer tres instancias judiciales y terminó en Brasilia, en el Supremo Tribunal de Justicia. Salimos victoriosos en las tres, pero el juicio duró nueve años, de los cuales más de la mitad se realizó en Brasilia.
Además, no fue la primera vez que fuimos atacados de esa forma. En octubre de 1999, otro de nuestros adversarios, el presidente del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos de Río Grande del Sur, Jair Krischke, un hombre que vivía acusándonos de antisemitismo, encaminó un expediente sobre nosotros al entonces ministro de Justicia, José Carlos Dias, y de alguna forma, consiguió que el Jornal do Brasil, que todavía existía entonces en edición impresa, le diera gran difusión, dentro de una noticia sobre la investigación del asesinato de un juez federal en Mato Grosso a manos de narcotraficantes del estado.
De los once párrafos de la nota, curiosamente, sólo dos estaban dedicados al tema principal, los demás, con el subtítulo “Neonazis,” hablaban sobre el expediente del señor Krischke en referencia a “un grupo neonazi y antisemita de Brasil, vinculado a la organización LaRouche, de Estados Unidos.” El reportaje decía también que el ministro determinaría que la policía investigase las denuncias.
Respondimos de inmediato con un fax al ministro, en el cual negamos, por una parte, las diatribas de Krischke y, por otra, le poníamos al tanto de nuestra disposición para cualesquiera aclaraciones que fuesen necesarias. Un amigo nuestro, el conocido abogado paulista José Carlos Graça Wagner, desafortunadamente ya fallecido, envió también una carta personal al ministro en la que nos defendía de las acusaciones. Días después, el jefe del gabinete del ministro nos envió un fax, para acusar de recibo nuestro fax anterior, pero no escuchamos nada más de parte de ellos.
También nos dirigimos al Jornal do Brasil, para exigir la publicación de una carta que rebatía punto por punto las acusaciones, misma que terminaron por publicar, no sin antes recibir docenas de faxes y de cartas de amigos nuestros, en especial judíos, misivas en las que afirmaban conocernos de hacía años y negaban toda veracidad de las acusaciones. Muchas de ellas aparecieron publicadas en el periódico en la sección de cartas a la dirección.
No fue coincidencia, por supuesto, que, días después de la publicación de la nota del JB, la producción del programa Fantástico de la Rede Globo de Televisión, solicitase una entrevista con los dirigentes del movimiento, para un reportaje sobre grupos neonazis de Brasil. A pesar de anticipar que no teníamos ninguna vinculación con el asunto, decidimos conceder la entrevista, para evitar cualquier artimaña del género “solicitada por la producción de Fantástico la dirección del MSIa no quiso grabar la entrevista.” El día acordado, en compañía de un camarógrafo, el periodista André Luiz Azevedo conversó por casi una hora y media conmigo y con mi esposa, Silvia. No sabemos qué pasó, pero el reportaje no salió al aire, tal vez porque el tema fuese el mismo MSIa y que, por no haber encontrado ninguna prueba de vínculos con el neonazismo, los productores del programa desistieron. Tanto hoy como entonces, no falta material en Brasil para una investigación seria sobre el tema, si el objetivo fuesen los grupos neonazis.
Todos esos hechos dan una idea del tipo de antagonismo que el trabajo del MSIa ha despertado en ciertos grupos radicales, en Brasil y en el exterior.
P – ¿Por qué tardaron tanto en reaccionar a la nota de Nueva Democracia?
R – En aquel momento consideramos que carecía de relevancia, por ser una publicación de circulación muy restringida y, además, como dije antes, estábamos absolutamente concentrados en nuestra defensa contra el WWF y no teníamos capacidad de enfrentar una guerra legal en dos frentes. A decir verdad, esperábamos que el tiempo la apagase lo que consideramos una información injuriosa, pero la única razón por la que permanece disponible en internet es por una decisión de Google y de la misma dirección de Nova Democracia.
P – ¿Y cuál sería el interés de ellos en persistir con esa nota?
R – No conozco los motivos últimos, evidentemente, a pesar de que puedo imaginarlos. La editora jefe del periódico y autor de la nota, Rosana Bond, y la línea editorial de Nova Democracia muestran una defensa incondicional de las directrices defendidas por los que resta del movimiento maoísta internacional. Una breve consulta a las ediciones del periódico demuestra una línea editorial en defensa de Sendero Luminoso y de su dirigente, el asesino Abimael Guzmán, al que llaman por su alias, “presidente Gonzalo,” condenado a prisión perpetua por crímenes contra la humanidad. Crímenes que el mismo Abimael Guzmán encuadraba dentro de lo que llamaba una “nueva democracia.” ¿No es una ironía?
A su vez, Google, a pesar de sus origen conocido, semejante al de varias empresas estelares del Valle del silicio, también tiene vínculos notorios con el aparato de espionaje de Estados Unidos, esto fue oportunamente revelado por el ex analista Edward Snowden y por Wikileaks. ¿Quién sabe?, pero la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos ha intervenido electrónicamente las comunicaciones de órganos de gobierno, de empresas públicas y privadas y de personalidades públicas brasileñas, tal vez el trabajo del MSIa esté incomodando, al punto de justificar la continuidad de esos ataques contra nosotros.
P – Es sabido que Sendero Luminoso promovía una guerra étnica de grupos indígenas contra la civilización cristiana en Perú al tiempo que calificaba al resto la población de crueles conquistadores. ¿Eso no tiene algún paralelo con el movimiento indigenista brasileño?
R – La pregunta es bastante oportuna. Sendero Luminoso fue creado y promovido por una red de antropólogos con fuertes vínculos con la Universidad de la Sorbona de París. Fue la misma fuente en la que bebió el régimen genocida de Pol Pot, en Camboya, el cual exterminó por lo menos a una quinta parte de la población del país en los años setentas del siglo pasado. Ellos seguían una línea que surgió de una reunión de antropólogos en Barbados en 1971, promovida y financiada por el Consejo Mundial de Iglesias (CMI), una organización vinculada directamente a la oligarquía angloamericana a la que llamamos “gobierno mundial.”
El objetivo del Encuentro de Barbados era cambiar el sentido de la antropología, que dejaría de ser una ciencia social para convertirse en un movimiento, decían de liberación, de los pueblos indígenas contra los estados soberanos. La consecuencia de esa “antropología de acción” fue generar ondas de odio interétnico dentro de las poblaciones nacionales. Dividir para conquistar. Esto se denominó “etnonacionalismo” y pasó a convertirse en la base conceptual de la creación de redes internacionales de antropólogos, reunidas en organizaciones no gubernamentales financiadas por la oligarquía angloamericana y sus apéndices, para embestir contra los estados nacionales y contra sus instituciones, bajo el disfraz de una causa en apariencia noble, la protección de los pueblos indígenas.
Lo cierto es que se pretende debilitar los estados nacionales para edificar las estructuras de “gobierno mundial” sobre sus ruinas. Desde que fue fundado, en 1948, el núcleo ejecutivo del CMI está constituido por integrantes del espionaje angloamericano; desde entonces alimentan ese proceso disgregador.
En Brasil, las organizaciones que surgieron directamente vinculadas a Barbados y al CMI fueron el actual Instituto Socioambiental (ISA) y el Consejo Indigenista Misionero (CIMI), que están directamente involucrados en actividades para promover esa segregación de la población del país, fomentando el odio étnico, en especial en la regiones Sur y Centro-Oeste. Por ejemplo, el asunto de los guaraní-caiovás, en Mato Grosso del Sur, tienen esas características y sería una desgracia para Brasil si esos movimientos pasasen a incorporara el modus operandi de Sendero Luminoso, una posibilidad que no se puede descartar, debido al grado de manipulación de la insatisfacción de ciertos grupos indígenas con la situación actual. Es relevante, en ese sentido, que la periodista Rosana Bond de Nova Democraciasea también colaboradora del CIMI y defensora de la “nación guaraní,” sin ningún respeto a las fronteras nacionales de Brasil y a las de los países vecinos donde viven esos pueblos, además de ser una férrea defensora de Sendero Luminoso y del psicópata Abimael Guzmán.

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