Abuso de smartphones por niños, fábrica de cretinos digitales

Por Elisabeth Hellenbroich, desde Wiesbaden

MSIa Informa, 11 de diciembre de 2020.-La BBC World publicó en varios idiomas a finales de octubre una entrevista con el conocido científico francés especializado en neurología Michel Desmurget, director de Investigaciones del Instituto Nacional de Salud de Francia y autor del libro La fábrica de cretinos digitales (La fabrique du crétin digital), de gran venta en su país el año pasado. El libro retoma amplias publicaciones científicas y usa material de centros de investigación como el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y la Universidad de California.

Desmurget advierte que el uso excesivo de dispositivos digitales en las escuelas, y en el tiempo libre de los niños, conducirá al desplome del cociente de inteligencia (IQ) en las siguientes generaciones, así como a la disminución de las habilidades lingüísticas y creadoras. Sus argumentos coinciden con las investigaciones del psiquiatra alemán Manfred Spitzer, director médico del Hospital Universitario de Ulm, autor de otro libro Demencia digital; Cómo nosotros y nuestros niños matamos la razón (Digitales Demenz, Wie wir uns udn unsere Kinder um den Verstand bringen, Droemer, 2012). En él, de acuerdo a su experiencia profesional con jóvenes viciados en el uso excesivo de videojuegos, demuestra que el tiempo gastado en juegos de computador y en la navegación en internet no sólo aumentó radicalmente, sino que, además, esos jóvenes sufren lo que Spitzer llama “demencia digital”, término que describe las consecuencias del uso excesivo de la tecnología digital en la educación.

Como Spitzer documentó también en otro libro, Enfermedad cibernética: cómo la vida digital está arruinando nuestra salud (Cyberkrank! Wie das digitaliserte Leben unsere Gesundheit ruiniert, Droemer, 2015), que en Estados Unidos los jóvenes pasan más tiempo en los medios digitales (casi 7,5 horas al día) que durmiendo. Demostró también que el uso del computador en la primera infancia, en el kínder y en las escuelas primarias, genera deficiencias de lectura y, muchas veces, promueve el aislamiento social. Además, afirma, el gran impulso de la “googleficación” en el proceso educativo tiene que ver con la búsqueda de ganancias cada vez más grandes de las empresas gigantes de la tecnología de la información, como Apple, Facebook y Google, las que, a propósito, están promoviendo la idea de que la pandemia mundial de covid-19 muestra que el futuro de la educación exige más digitalización.

La verdad paradójica de esta cuestión es que actualmente -esta autora lo ha visto con sus propios ojos- no hay nada más apreciado por los alumnos de las escuelas primarias y secundarias alemana que la enseñanza presencial directa, que parte del diálogo entre profesores y alumnos. Esto confirma lo que Desmurget sostiene, es decir, que la cognición humana y el aprendizaje profundo real no son equivalentes a un proceso mecánico de aprendizaje de memoria, sino que lleva al pensamiento creador, y que la implantación en masa de la tecnología digital en las escuelas tiende a “impedir” el aprendizaje real a gran escala, además de obstaculizar el progreso de las facultades creativas.

De acuerdo con Spitzer, los niños en Estados Unidos comienzan a ver la televisión a la edad promedio de nueve meses y 90 por ciento de todos los niños ven televisión antes de cumplir los dos años. En su libro Demencia digital, el profesor Spitzer comparó niños indios educados en la antigua lengua sánscrita con niños expuestos al uso excesivo de ordenadores. Demostró que los niños indios tienen una “orientación diferenciada del espacio”, aunque el sánscrito sea una lengua “muerta”, este lenguaje tan rico crea en el cerebro crea una codificación diferente del espacio mental.

En una conferencia reciente, Spitzer atacó de nuevo el uso excesivo de smartphones y de otras “herramientas de pantalla” (tablets, IPads, TV, etc.). Con varios estudios en ristre, demostró que el uso excesivo desarrolló miopía (con gran probabilidad de que esta se convierta en ceguera).

Según él, la exposición constante al uso de smartphones y la expectativa constante de recibir mensajes crea un vicio real, comparable a los estupefacientes o el alcohol. De forma significativa, Spitzer comenzó la conferencia citando un artículo de 1700 del filósofo alemán G.W. Leibniz, quien, resaltó, no tenía nuestro conocimiento de las estructuras cerebrales, conectividad, sinapsis (y la capacidad de tener ciertas imágenes durante las actividades cerebrales). Pero Leibniz dijo: “Muchas cosas están aconteciendo, de las que no percibimos nada, por una parte, pero que tienen un efecto claro, por el otro. A la suma de esa suma se le llama persona”.

¿Qué producen los cretinos digitales?

En la entrevista con la BBV, Desmurget alerta de los abusos de los dispositivos digitales en manos de los jóvenes. “Sencillamente no hay disculpa para lo que estamos haciendo con nuestros hijos y cómo estamos colocando su futuro y su desarrollo en peligro”. La comprobaciónde esto son las pruebas de IQ, que, en los últimos años, demuestran que las generaciones más jóvenes son menos inteligentes que las anteriores, y agrega: “Los investigadores observan, en muchas partes del mundo, que el IQ aumentó de generación en generación. Esto se conoció como el ‘efecto Flynn’, en referencia al psicólogo estadounidense que describió este fenómeno. Pero esa tendencia se comenzó a revertir, lo que se pudo ver en países como Noruega, Finlandia, Holanda y Francia. “La pérdida capacidad creadora se revela en el uso del lenguaje, en la concentración, en la memoria y, más ampliamente, en la cultura -es decir, en la forma en la que organizamos y entendemos el mundo.

De acuerdo con Desmurget, nuestros dispositivos digitales provocan la “disminución de la calidad y de la cantidad de las interacciones en la familia, que son esenciales para el desarrollo del lenguaje y de la vida emocional”, lo cual condice a la disminución del tiempo que se emplea en actividades enriquecedoras, como lecciones en la casa, de música, de arte y lectura, además de causar disturbios del sueño y la degradación cualitativa de la capacidad de atención para hacer trabajo concentrado. Significa una estimulación intelectual reducida que le impide al cerebro desarrollar todo su potencial”.

Por si fuese poco, Desmurget observa que “el tiempo empleado ante la pantalla con fines recreativos retarda la maduración anatómica y funcional del cerebro y de las facultades cognitivas del lenguaje”; pero esto, resalta, no significa que la “revolución digital” sea mala y que se deba interrumpir. Los alumnos deben adquirir habilidades y herramientas normales de informática, así como los profesores, con el uso de las herramientas correspondientes por motivos pedagógicos, además de que el uso de determinados programas de computación promueve, efectivamente, la trasmisión de conocimiento.

El lado negro, de acuerdo don Desmurget, es que, en promedio, los niños de dos años pasan casi tres horas al día ante las pantallas, periodo que sube a cinco horas a los ocho años y a más de siete en la adolescencia. Concluye que los niños, así como los padres, deberían estar mejor informados sobre los peligros implícitos del uso de dispositivos digitales. Desmurget demuestra que los niños que iban bien en la escuela vieron la caída de sus notas después de que recibieron videojuegos. De la misma forma, los niños que no practicaban estos juegos recordaban el 80 por ciento de sus clases, en comparación con el 50 por ciento de los adeptos a los videojuegos.

Para Desmurget, los niños que gastan un tiempo excesivo en actividades digitales “se parecen a los niños descritos por Aldous Huxley en su novela distópica En un mundo feliz -niños que son privados de sus habilidades de lenguaje, incapaces de reflexionar sobre el mundo y que se dedican a entretenimientos bobos”. Resalta, por otro lado, que ya hay una formación de reacción en Asia: en Taiwan, así como en China, se aprobaron legislaciones nuevas que imponen multas bastante pesaditas para los padres que expongan a niños de menos de 24 meses a aplicaciones digitales y que no limiten la exposición a las pantallas niños entre los 2 y los 18 años, mientras que en China los adolescente ya no pueden jugar con videojuegos por las noches ni exceder los 90 minutos de exposición digital durante la semana, con permiso para usar para ello 180 minutos los fines de semana y en las vacaciones escolares.

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