En los últimos años, el ya tradicional ajuste del «reloj del apocalipsis» del famoso «Bulletin of the Atomic Scientists» no llamaba tanto la atención como en los tiempos de la Guerra Fría, cuando era reputado como una seria advertencia de la comunidad científica sobre los riesgos de una guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Creado en 1947, dos años después de la fundación de la revista que reunió a un grupo de científicos que participaron en el Proyecto Manhattan, preocupados por los riesgos de la escalada armamentista nuclear, el reloj se estampa en la parte superior izquierda de la revista y se «ajusta» dos veces al año, siempre para marcar un cierto número de minutos antes de la media noche, considerada como el momento del apocalipsis nuclear.
Se fijó inicialmente a la 23 h. 53 minutos, y el momento en el que estuvo más cerca de la media noche fue en 1953, con 23h58min, a causa de las detonaciones de las primeras bombas de hidrógeno estadounidense y soviética, con una diferencia de nueve meses. En 1991, con la implosión de la URSS, el reloj se reajustó a las 23h43min, momento en el que ha estado más distante de la hora apocalíptica. Desde entonces, el minutero ha vuelto a acercarse a la media noche, debido a la falta de todo progreso digno de tomarse en cuenta del desarme de las potencias nucleares y, desde 2007, con la equiparación de los cambios climáticos con la aniquilación nuclear como las peores amenazas para la humanidad.
Vale recordar que 2007 fue una año clave para el catastrofismo climático institucionalizado, con el Oscar concedido al estruendoso, y científicamente errado, documental «Una verdad inconveniente», estelarizado por el ex vicepresidente estadounidense Algore, con la concesión del premio Nobel de la Paz a Gore y al Panel Intergubernamental sobre Cambios Climáticos (IPCC), órgano de Naciones Unidas que encarna el supuesto «consenso científico» sobre la responsabilidad humana de las oscilaciones del clima.
Este año, ajustado en 23h57min, tres para la media noche, el «reloj del apocalipsis» volvió a retumbar. La nota del «Bulletin», divulgada el 19 de enero, daba tan sólo un minuto menos que en el momento que se considera de mayor peligro para la humanidad, en 1953.
«En 2015, los cambios climáticos sin control, la modernización mundial de las armas atómicas y de los arsenales nucleares de tamaño desproporcional representan amenazas extraordinarias e innegables para la existencia continua de la humanidad, y los líderes mundiales no actuaron a la velocidad o a la escala necesaria para proteger a los ciudadanos de la catástrofe potencial. Estos fracasos del liderato político ponen en peligro a toda persona de la Tierra».
Luego detalla la cuestión climática:
«A pesar de algunos acontecimiento modestamente positivos ocurridos en la arena de los cambios climáticos en el último año, sobre todo del progreso continuo de las tecnologías de energía renovables, los esfuerzos actuales son enteramente insuficientes para evitar un calentamiento catastrófico de la Tierra. Sin una corrección radical del rumbo, a finales de este siglo, los países de todo el mundo habrán emitido dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero en cantidades suficientes para transformar profundamente el clima de la Tierra, poniendo, así, en peligro a millones y millones de personas y amenazando muchos sistemas ecológicos claves, de los cuales depende la civilización».
Respaldando la falaz diatriba de que 2014 habría sido «el año más caliente jamás registrado» y los igualmente alarmistas -y anticientíficos- pronósticos contenidos en el quinto informe del IPCC, dado a conocer el año pasado, los miembros del «Bulletin» refrendan el programa de «descarbonización» de la economía mundial.
«Tomen medidas que limitarían las emisiones de gases de efecto invernadero en grado suficiente para impedir que la temperatura media mundial aumente más de 2 grados Celsius encima de los niveles pre industriales. La meta de 2 grados coincide con la visión consensual de la ciencia climática (sic) y es eminentemente factible y económicamente viable -si los líderes nacionales mostrasen más interés en proteger a sus ciudadanos que en servir a los intereses económicos de la industria de los combustibles fósiles», afirma.
Como se sabe, la meta de 2 grados sobre los niveles pre industriales es otro número que no tiene ningún fundamento científico, y que fue creado por el físico alemán Hans-Joachim Schellnhuber, director del Instituto Postdam para la investigación de Efectos Climáticos (PIK) y uno de los principales asesores científicos del gobierno alemán, para atender una necesidad política.
La propaganda recibida por el aspecto climático que movió las manecillas del reloj del «Bulletin» se enmarca en el enorme esfuerzo que la «industria calientista» ha hecho para recobrar su momento más favorable, luego de una sucesión de trastornos que minaron la credibilidad de sus escenarios apocalípticos, desde que estallara el escándalo «climategate,» en 2009, cuando la filtración de correos electrónicos de conocidos científicos involucrados en la promoción del alarmismo climático reveló que la manipulación de datos y de informaciones era una práctica corriente y recurrente entre ellos.
La gran pregunta ahora es: ¿cuantos minutos faltan para que todo ese colosal fraude científico sea desenmascarado de una vez por todas?

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