Se confirman las denuncias del MSIA; la Casa de Windsor, el nazismo y el ambientalismo

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Una mancha en el pasado, que la Casa de Windsor se había empeñado en mantener oculta, volvió a salir a la luz la semana pasada.

El viernes 27 de julio, el tabloide  ingles The Sun puso en su sitio de la internet una película de 20 segundos de duración hecho en 1933 en el que el duque de Windsor, el futuro Eduardo VIII, enseña a su sobrina, la princesa y futura reina Elisabeth, y a su hermana Margareth, entonces de siete y tres años respectivamente, a hacer el saludo nazi.

El reportaje explica que la película original se encuentra encerrada bajo siete llaves en algún cofre real, pero que hace algunos años se hizo una copia que fue entregada al periódico por una fuente que consideró que el tema sería de interés público y de importancia histórica.

La Casa de Windsor, evidentemente, reaccionó con furia a la impertinencia plebeya del Sun, que además de ser integrante de la red de magnate australiano Rupert Murdoch, es el más corrosivo de los tabloides británicos, pero el editor ejecutivo del periódico, Stig Abell, explicó:

“La imagen es fascinante.  No sólo porque Eduardo VIII se convirtió en rey en 1936, sino porque en 1937 terminó en Alemania y porque, en 1940, hubo un complot en ese país para ponerlo de nuevo en el trono británico.  En 1970, Eduardo terminó sus días repitiendo que Hitler no había sido el malo de la Segunda guerra mundial, la cual fue culpa de los judíos y de los rojos (comunistas), y en ese entonces Eduardo estaba en el corazón del establishment británico.  Entonces, creo que esta es un relato de importancia para el interés público… Creo realmente que es de genuino interés nacional e histórico, y nos tomó algún tiempo y trabajo colocarlo en el lugar histórico adecuado”.

La mención sobre el “corazón del establishment británico” se justifica, pues las inclinaciones nazis entre las élites del Reino Unidos estaban lejos de ser un fenómeno marginal, y lo mismo ocurría entre sus contrapartes trasatlánticas de Estados Unidos. Además de su anticomunismo, esos oligarcas angloamericanos y los próceres nazis tenían en común numerosos trazos misantrópicos, en particular la promoción de la eugenesia (mejoramiento racial) como elemento de la política gubernamental, de la cual, en la post guerra, emergerían los movimientos de control de la población y la “protección” del ambiente.

La memoria de la raíces nazis de altos miembros de las monarquías europeas, que se involucraron en la creación del movimiento ambientalista, fue documentada por el Movimiento de Solidaridad Iberoamericana (MSIA),  en una edición especial del periódico en portugués, Solidaridad Iberoamericana (mayo de 2000) dedicada a denunciar las maquinaciones del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) de Brasil.

El WWF, fundado en 1961, se convertiría en una de las principales organizaciones no gubernamentales internacionales encargadas de la manipulación de las cuestiones ambientales como instrumento político del establishment angloamericano.  Entre sus fundadores destacan los príncipes Felipe, Príncipe de Edimburgo, y Bernardo, noble alemán que se casó con la futura reina Juliana de Holanda. Este último, antes de la guerra, fue miembro de la SS nazi e integrante del equipo de espionaje internacional de la megaempresa I.G. Farben, entonces el mayor conglomerado industrial del mundo, con vínculos con numerosas empresas y oficinas jurídicas de Estados Unidos y del Reino Unido. El pasado nazi de Bernardo, quien falleciera en 2004, ha sido un fantasma que a cada momento reaparece para contener al WWF.

Fichas de registro de las contribuciones mensuales del príncipe Bernardo a la SS (fuente: http://www.geennieuws.com)

Por su parte, el consorte de Elisabeth II es pariente de la familia real griega y todas sus cuatro hermanas mayores, ya fallecidas, se casaron con nobles alemanes con altos cargos en la jerarquía nazi.  El mismo Felipe, que se empeñó por décadas en ocultar esa parte de su biografía, terminó por admitir sus simpatías hacia Hitler y compañía, luego de la publicación del libro “The Royals and the Reich” (La familia real y el Reich, del escritor Jonathan Petrópolus, 2006).

Las simpatías de varios miembros de la Casa de Windsor, así como de integrantes de primera línea del establishment británico, por el régimen nazi de Adolfo Hitler (1933-1945) son notorias.  Entre ellos, el mismo rey Eduardo VIII, quien renunció al trono con menos de un año de reinado en 1936, en medio de la amenaza de un gran escándalo que involucraba sus relaciones con Wallis Simpson, una estadounidense divorciada dos veces, y las simpatías de ambos por el nazismo.

A principios de 2001, el WWF-Brasil, presidido entonces por José Roberto Marinho, vicepresidente de las Organizaciones Globo, abrió un proceso contra el MSIA para exigir, por una parte, una indemnización por calumnia y difamación y, por otra, la prohibición de cualquier mención ofensiva a la organización no gubernamental en las publicaciones del MSIA.  Entre los argumentos citados en la justificación destacaban la afirmación de que la calificación de Bernardo como nazi no era verídica –a pesar de tratarse de un hecho de dominio público, mencionado en varias biografías del príncipe y de la reina Juliana.

Sin embargo, así como en las demás justificativas presentadas por el WWF, la defensa del MSIA sustentó sus afirmaciones hechas en el periódico con la presentación de la basta documentación de dominio público, lo que fue determinante para que el juez Paulo Mauricio Pereira, de la 24ª Jurisdicción de lo Civil de Río de Janeiro, considerase improcedente la demanda con una sentencia lapidaria, que incluimos en el siguiente párrafo:

“No existe prueba concreta de que las informaciones emitidas por la primera parte sean falsas o distorsionadas, lo cierto es que no sólo ella emite tales opiniones, resumiéndose todo en la discusión que los nacionalistas llaman de “política imperialista de las grandes potencias mundiales” y “política de internacionalización de la Amazonia,” materias que desde hace mucho se vienen analizando en la prensa, incluso entre integrantes del gobierno y militares brasileños, estos por el deber que tienen de resguardar nuestras fronteras y nuestra soberanía”.

El WWF-Brasil, empecinado en convertir este proceso en un ejemplo, recurrió a la instancia superior, pero, en agosto de 2004, la 14ª Jurisdicción de lo  Civil del Tribunal de Justicia de Río de Janeiro sostuvo la decisión por tres votos contra cero.  Inconforme con el resultado, la organización gubernamental real recurrió y, en febrero de 2005, el juez Celso Guedes, del TJ-RJ, admitió el recurso especial impetrado por el WWF-Brasil, lo que llevó el proceso al Tribunal Superior de Justicia (STJ) de Brasilia.  La victoria en ese tribunal fue de nuevo para el MSIA, aunque más apretada; tres votos a dos contra el recurso del WWF-Brasil, obtenida en junio de 2008.  A pesar de todo esto, la organización no gubernamental presentó tres nuevos recursos (Embargo de declaración, Embargo de divergencia y Agravio Regimental), de modo que apenas en 2009 la sentencia paso a ser cosa juzgada y el proceso se cerró.

Con este antecedente histórico, no debe causar extrañeza que algunos de los conceptos que orientan a los ambientalistas de hoy, por más bien intencionados que puedan ser, se asemejan a otros que justificaron algunas de las mayores atrocidades cometidas por seres humanos en los últimos siglos.

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