Agua: la falta de voluntad política que mata

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El domingo 22 de marzo fue el Día mundial del agua. En todo el mundo hubo celebraciones para resaltar la importancia crucial de la disponibilidad del precioso líquido para la humanidad. La Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) difundió la edición de 2015 del «Informe mundial de Naciones Unidas sobre el desarrollo de los recursos hidráulicos,» en el que se actualizan los números sobre la vergonzosa realidad de que en la segunda década del siglo XXI gran parte de la humanidad todavía no tiene acceso a ese bien fundamental, algo que debería ser considerado un derecho universal. El cuadro es sombrío, como lo revelan los dos párrafos siguientes del Resumen ejecutivo del documento, el cual se puede tomar del sitio de la UNESCO:

«La falta de abastecimiento de agua, saneamiento e higiene (WASH, por sus siglas en inglés) implica un alto costo para la salud y para el bienestar y representa un elevado costo financiero que incluye una considerable pérdida de actividades económicas. Para lograr el acceso universal, es necesario el progreso acelerado de los grupos desfavorecidos y garantizar la no discriminación en los servicio de abastecimiento de agua, saneamiento e higiene. Las inversiones en agua y servicios de salubridad se traducen en beneficios económicos sustanciales; en las regiones en desarrollo, la recuperación se estima entre cinco y 28 dólares estadounidenses por cada dólar invertido. Se calcula que se necesitarían 53 mil millones de dólares en un plazo de cinco años para dar el servicio universal, una suma pequeña, dado que representa menos del 0.1 por ciento del que fue el PIB mundial de 2010.

«El aumento del número de personas sin acceso al agua y a los servicios de salubridad en zonas urbanas está relacionado directamente a la rápida población de zonas precarias en el mundo en desarrollo y a la incapacidad (o falta de disposición) de los gobiernos locales y nacionales para proporcionar instalaciones adecuadas de agua y de salubridad en esas comunidades. La población mundial de zonas precarias llegará a los 900 millones de personas en 2020 y será también vulnerable a los efectos de los fenómenos meteorológicos extremos. Sin embargo, es posible mejorar el desempeño de los servicios urbanos de abastecimiento de agua, al mismo tiempo que se siga ampliando la red y se atiendan las necesidades de los pobres».

Los números dejan implícito que el impedimento para la solución de los problemas no reside en su inviabilidad física o económica, sino en la mentalidad de los planificadores y de los que toman las decisiones. En términos estrictamente económicos, tiene muchísimo sentido invertir en infraestructura de agua y salubridad. La recuperación de las inversiones en el sector se estima entre 400 y 2 700 por ciento, tan sólo en ahorros de gastos en salud pública, ganancias en productividad y otros aspectos. En Brasil, de acuerdo al Instituto Trata Brasil (ITB), el costo de horas no trabajadas debido al ausentismo de trabajadores por problemas de salud relacionados al agua pasó de los mil millones de reales en 2012. Las estimaciones del Instituto apuntan a que en algunos estados cada real invertido en salubridad ahorraría otros 40 reales en gastos de salud pública.

Desafortunadamente, así como ocurre con las estimaciones de los costos directos e indirectos de los congestionamientos del tráfico en las grandes ciudades debido a la deficiencia de las redes de transporte público, sería raro que dichas consideraciones consiguieran un sitio en los programas políticos. El problema se agrava aún más a causa de la «financierización» de la economía de la economía mundial que ha prevalecido en las últimas décadas, la cual ha sometido la actuación de los gobiernos a los dictámenes de los mercados financieros y ha condicionado las inversiones en infraestructura y en servicios públicos a lo que sobre del pago de la deuda pública.

Es decir, el problema no es la falta de recursos financieros, sino las prioridades.

Por otro lado, ciertas innovaciones técnicas pueden contribuir considerablemente a minimizar la dimensión de los problemas con el agua, al proporcionar soluciones descentralizadas de costos accesibles para brindar agua limpia a poblaciones de menor poder adquisitivo. Un ejemplo es el Sistema de saneamiento de agua por plasma (PWSS), por sus siglas en inglés) creado por el ingeniero chileno Alfredo Zolezzi, fundador y presidente de la empresa Advanced Inovation Center Chile (AIC Chile). El aparato, mismo que se ha probado desde 2011 y que tiene resultados referidos por la Fundación nacional de saneamiento de Estados Unidos, elimina 100 por ciento de la bacterias y de los virus contenido en una corriente de agua que atraviesa un tubo de vidrio y ahí se ioniza, lo que la convierte momentáneamente en plasma y destruye los microorganismos. Zolezzi ha probado un equipo patrón que incluye el PWSS, una bomba y un tanque de agua, todo en un recipiente, con capacidad para limpiar 2 500 litros de agua en un día, cantidad suficiente para abastecer a 125 personas. Estima Zolezzi que con la producción en serie cada unidad costará el equivalente de 400 dólares.

En una conferencia dictada en el VI Congreso internacional del Agua, realizado en San Luis, Argentina, Zolezzi criticó la disparidad entre la capacidad tecnológica y la falta de voluntad para la solución de problemas.

«La innovación es muy importante, pero necesitamos de algo más: la convergencia entre innovación técnica y la (cuestión) social, no es sólo para los que la pueden pagar. (…) Toda capacidad (de procesamiento de datos) utilizada para llevar al hombre a la Luna está contenida 120 veces en un iPhone. ¿Cómo es posible que no hayamos crecido de la misma forma para resolver los problemas sociales?»

Zolezzi informó que no ha vendido la patente del PWSS porque pretende establecer condiciones para la producción a gran escala, para que cada familia pueda contar con su propio equipo (La Nación, 23/03/2015).

Este año se probará el aparato en proyectos pilotos en Bolivia, Haití, Tanzania, Nigeria y Ghana para compara su funcionamiento en condiciones ambientales diferentes y hacer las adaptaciones necesarias.

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