En la crisis de Ucrania no hay otra opción que el diálogo y la responsabilidad

Una semana después de la imposición de un gobierno interino en Kiev, la situación en Ucrania ha empeorado de una forma espantosa.  El acuerdo que se había negociado y firmado hace una semana entre el todavía presidente Viktor Yanukovych, ahora refugiado en Rusia, y la oposición con la mediación de los ministros de relaciones exteriores del triángulo de Weimar, Frank Walter Steinmeier, de Alemania, Radosław Sikorski, de Polonia, y Laurent Fabius, de Francia, fue ignorado y la región entera se ha transformado en un gigantesco conflicto geopolítico inesperado.  A pesar de la lluvia de declaraciones airadas provenientes de Estados Unidos y del Reino Unido, la única forma de resolver esta situación es la negociación diplomática que involucre al grupo de mediación de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación de Europa), de Viena.

El detonante del agravamiento del atolladero es la península de Crimea, sede de la flota rusa del mar Negro (16 000 soldados, 40 buques) y hogar de la comunidad rusa más grande de Ucrania.  Los vínculos de Crimea con Rusia, como señala la agencia Ria Novosti, datan de antiguo.  Crimea siempre perteneció a Rusia, hasta que en 1954 el entonces dirigente soviético Nikita Jrushev trasladó el territorio a la que entonces era la República Socialista Soviética de Ucrania.  Crimea había sido oficialmente parte de Rusia.  60 por ciento de la población es rusa, 21 por ciento ucraniana y el resto son tártaros.

Luego de la solicitud del presidente Vladimir Putin del 1 de marzo, el Consejo de la Federación Rusa, la cámara alta del Parlamento Ruso, aprobó por unanimidad la solicitud de “desplegar tropas armadas de Rusia en territorio ucraniano hasta que la situación social y política de este país se haya normalizado” y hacer todo para proteger vidas de ciudadanos rusos.

En los día reciente ha tenido lugar una gran despliegue militar ruso, en especial movimientos de tanques, tropas y helicópteros a través de Crimea.  Tal movilización fue la consecuencia del llamado del recién instalado “primer ministro” de Crimea, Sergei Aksionov, quien hizo un pedido al presidente Putin de ayuda para mantener la paz y el orden.  El primer ministro informó que todas las fuerzas de seguridad quedarían  bajo las órdenes rusas y anunció que el 30 de marzo se realizará un referendo sobre la condición jurídica de Crimea dentro de Ucrania.  En este momento la totalidad de la península está bajo control de las tropas rusas.

Palabras duras de Occidente

En respuesta a los movimientos rusos en Crimea, el gobierno de Yatzenyukin de Kiev hizo un llamado urgente a la OTAN, a Naciones Unidas, y a la Unión Europea, para que intervengan contra lo que consideró una “agresión extranjera”.  El presidente Obama y su secretario de Estado, Kerry, hicieron fuertes advertencias, entre ellas el anuncio de que si Rusia interviene militarmente en el territorio de Ucrania, tendrá que pagar el preció.  Estado Unidos anunciaron también que boicotearán la reunión del G8 en Sochi y que apelaran a sanciones económicas contra Rusia.

Sin embargo, a pesar de esas palabras, que también surgieron del cuartel general de la OTAN en Bruselas, las posibilidades de intervención de Occidente son limitadas.

Sin adelantar cómo será la evolución de los acontecimientos, el presidente Putin ha indicado a Occidente que en realidad no le “preocupa” cómo reaccionará.

Como dijera Dimitri Trenin, presidente del Carnegie Centre de Moscú,  centro especializado en relaciones exteriores, a la revista alemana, Der Spiegel: “Somos testigos de una guerra de nervios.  No creo que el Kremlin haya hecho un juicio final sobre el destino de Crimea.  Pero Moscú actúa calladamente y sin importarle Occidente.  Vladimir Putin siente que, como en el periodo de Alejandro III,  Rusia sólo tiene dos aliados: el Ejército y la Armada.” Interrogado sobre si Putin está dispuesto a desatar la guerra por Crimea, Trenin dijo que no lo creía, pero sí que Putin podría evitar, con una intervención militar limitada, una guerra posterior.  “Rusia quiere evitar un baño de sangre en Crimea, por ello el Ejército quiere cerrar el acceso para evitar que las unidades del Ejército ucraniano y la policía de Crimea caigan en manos de los nacionalistas.”  Crimea recibirá ayuda de Rusia y van a iniciar conversaciones con los tártaros para impedir la ampliación del conflicto.  Trenin subrayó que la fuerte reacción de Moscú es lógica y que a Putin no le preocupa Occidente.

En la Unión Europea existe la gran preocupación de que Ucrania se desmorone en pedazos.  Es claro también que la parte occidental de Ucrania se separará de las partes sur y oriental del país, que son regiones que no despiertan el interés de la Unión Europea, ya que el país está en  bancarrota y necesita 35 mil millones de dólares en ayuda.  Todos han puesto su vana esperanza en el FMI, que,  no ha reaccionado y ha dejado bien establecido que si se habrá de abrir una línea de crédito, se tendrán que hacer antes colosales reformas, por supuesto draconianas.

El gobierno alemán lógicamente desea que el conflicto no se agrave.  En una conversación telefónica de la canciller alemana, Angela Merkel, con el presidente Putin, Alemania propuso como mediador especial a la OSCE, es decir, un grupo especial de contacto para sostener conversaciones con ambas partes, el gobierno de Rusia y el gobierno de Kiev.  Una propuesta similar fue hecha por el Ministro del exterior alemán, F. W. Steinmeier, quien urgió a utilizar los canales diplomáticos de conversación y a mantener abiertas las conversaciones con Moscú a toda costa.  Putin, en respuesta, según la prensa alemana, dijo que la mediación de la OSCE debe iniciarse de inmediato “para iniciar el diálogo político.”





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