El peligro de una nueva división Este-Oeste

El referéndum de la península de Crimea pavimenta el camino para su reunificación con la Federación Rusa. Al mismo tiempo, la mayoría de la prensa occidental al unísono advierte sobre una nueva “Guerra Fría” entre Rusia y Occidente, y presiona para que se impongan duras sanciones económicas, sin medir las desastrosas consecuencias que estas conllevan para ambos lados.

Rusia ha reaccionado a lo que percibe como una “arrogancia” desmedida por parte de Occidente. Dimitri Trenin, experto ruso en política internacional, reiteró en una entrevista con la televisión austriaca que Rusia no le está dando mucha atención a lo que dice Occidente. Sencillamente están trazando la línea. Él agregó que las acciones de Rusia en Crimea son el medio para lograr que el gobierno ucraniano despierte; al mismo tiempo descartó la posibilidad de la “guerra” y de que Rusia se adjudique Ucrania oriental.

El tono duro de la prensa occidental lo encabeza la prensa estadounidense, dijo el periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) el 15 de marzo en un artículo titulado “Ambigüedades estratégicas.” El FAZ informa que los recientes esfuerzos del ministro del Exterior, F.W. Stenmeier, que de forma incesante ha tratado de mediar entre Occidente y Rusia, le fueron “retirados de sus manos” por el secretario de Estado estadounidense, John Kerry. Cuando Steinmeier se encontraba reunido con los jefes de Estado de los cuatro estados de Visegrad (la República Checa, la República Húngara, Eslovaquia y la República de Polonia) en Budapest, recibió una llamada del secretario de Estado Kerry para decirle que él (Kerry) volaría a Londres para reunirse con el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Lavrov, en una tentativa de presionar a Moscú para que impidiera el referendo.

A pesar de que ese intento fracasó, el juego de Estados Unidos hacia Europa se caracteriza por la ambigüedad. Es el clásico “divide y vencerás” (muy similar a la “coalición de la voluntad” de la era de Bush que de forma consciente manipuló los temores europeos y trató, así, de atraparlos). La perfidia de todo esto es que si las cosas empeoran siempre existe la forma de culpar a Berlín de lo que pasó.

En una carta abierta aparecida en FAZ del 11 de marzo, el ex embajador alemán en Moscú, Ernst-Jörg von Studnitz, actualmente presidente del Foro Ruso Alemán, hizo una interesante contribución. Von Studnitz pidió que el problema de Ucrania se resolviera como la Cuestión Alemana; se debe hacer todo para evitar que estalle en Ucrania una “nueva Guerra Fría.” Ucrania es el ejemplo de las “diferencias sin resolver entre Este y Oeste desde los años noventas.” A pesar del OSCE y del Consejo Rusia-OTAN, Occidente y Rusia en la actualidad sufren oposiciones irreconciliables, escribió von Studnitz.

El Embajador, una persona versada en temas relacionados a Rusia, destacó que Rusia en las dos décadas pasadas a querido que se le acepte como una potencia igual y ha expresado en los últimos años un agudo interés estratégico para tener “voz” en la formación del futuro de la estructura de la Seguridad Europea -un hecho que von Studnitz destaca atinadamente, ¡lo cual Estados Unidos no quiere aceptar! Un ejemplo claro ha sido el debate sobre la “defensa contra los proyectiles” en Europa, el cual ha sido promovido intensamente por Estados Unidos entre los europeos. En referencia a las diferencias culturales condicionadas por la historia entre las partes oriental, occidental y sureña de Ucrania, von Studnitz explica que “sin una reconciliación de Ucrania y sin la comprensión entre Occidente y Rusia, el problema de Ucrania no se resolverá.”

La forma en que se resolvió la Cuestión Alemana en 1990 podría servir de modelo, escribe el autor. Ese año el acuerdo “2 más 4” (firmado por los aliados vencedores de la Segunda Guerra Mundial, los ministros del Exterior de Estados Unidos, Rusia, Francia y Gran Bretaña, con los líderes de las dos Alemanias) creó el marco para la formulación del Tratado de Reunificación Alemana. Dada la presente desintegración de Ucrania, el autor advierte que sólo la “federación otorgaría a los diferentes miembros de Ucrania la autonomía suficiente para superar su conflicto y que Ucrania debiera funcionar como un vínculo entre Rusia y Europa Occidental.

La importancia de la “Unión euroasiática”

A finales de enero la Fundación Konrad Adenauer (KAS) publicó un estudio del proyecto favorito del presidente Vladimir Putin, titulado, “La Unión euroasiática -un proyecto de integración sometido a un examen crítico.”

A pesar del digamos, escepticismo, el estudio explica claramente que Occidente no ha comprendido correctamente ni aceptado los intentos de Rusia de crear la Unión euroasiática. Los autores documentan con la ayuda de mapas y de encuestas que la Unión Económica Euroasiática que se inició en 2009 está planeada para desenvolverse en tres fases con los miembros fundadores, Kazajistán, Bielorrusia y Rusia. En diciembre se unió Armenia y se suponía que más adelante se uniría Ucrania.

En la segunda fase, en 2012, se creó el “Espacio Económico Unificado” (EEU) para el libre intercambio de bienes, servicios, capital y fuerza de trabajo entre los Estados miembros. En la tercera fase, en 2015, el nuevo “Espacio Económico Euroasiático” (EEE) sería plenamente funcional, similar en muchos aspectos a la Unión Europea (UE).

De acuerdo a los autores, el proyecto rechazó el criterio de estabilidad financiera que adoptó el Tratado de Maastricht de 1992 que le dio su forma presente a la Unión Europea, y el proyecto va políticamente mucho más allá. Su objetivo es la creación de una “base institucional,” en referencia a las normas internacionales, tales como las que se cumplieron en el ingreso de Rusia a la Organización Mundial del Comercio en 2012, o sea que se deben cumplir obligaciones con los demás miembros. El estudio recalca que por primera vez Rusia actuara como “primus inter pares,” concediendo a los demás Estados miembros el mismo derecho a voto y veto.

El Espacio Económico Unificado (EEU) es ventajoso para el comercio de Rusia desde un punto de vista económico. El documento muestra que el comercio entre Rusia y los Estados miembros se ha incrementado desde 2000. Para Putin es también un proyecto “político,” dicen los autores, como él mismo lo recalcó en un comentario publicado en Izvestia el 3 de octubre de 2011: “Proponemos un modelo de una unión supranacional poderosa que sea capaz de convertirse en un polo en el mundo moderno y ejercer la función de ser un vínculo efectivo entre Europa y la dinámica región del Pacífico Asiático,” escribió Putin en esa ocasión. En otro comentario difundido el 19 de septiembre de 2013 dijo que la “Unión euroasiática representa una oportunidad para el espacio post soviético, un centro independiente de progreso mundial, en lugar de convertirse en la periferia de Europa y de Asia.”

Rusia quiere una sociedad más estrecha con la Unión Europea, señalan los autores, ya que sabe que la Unión Europea es el único socio futuro para satisfacer sus necesidades de modernización y de diversificación.

La Unión Económica Euroasiática (UEE) es de gran interés para las empresas alemanas y europeas que tienen negocios en Rusia. “Desde su punto de vista, se trata de un mercado ventajoso que se corresponde en esencia a las mismas reglas comerciales pero en una gran dimensión.” Esos empresarios están muy preocupados por la falta de comunicación y por la distancia entre la Unión Europea y la Euroasiática en formación. “No obstante que la economía de Rusia y de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) ponen mucha atención al fomento del espacio euroasiático, en Alemania y en Europa las reacciones son críticamente distantes y de nulo interés.”

El estudio concluye subrayando que en el futuro “es de importancia fundamental el problema de cómo puede mejorar la relación entre la Unión Europea (UE) y la Unión Euroasiática (UEE)”. La Unión Euroasiática, de hecho, ofrecería la posibilidad de una mayor cooperación con la UE, dicen los autores. “Aún si hubiese voces críticas dentro de la Unión Europea, que sean escépticas con la UEE, no sería una buena estrategia que el bloque europeo actúe contra el proyecto de integración. Lo que debieran hacer es concertarse en identificar los puntos comunes de interés y en cómo podría producirse la cooperación. En términos políticos, este sería un proceso largo y doloroso.”






x

Check Also

Santa Sofia e Jerusalém, duas faces da mesma moeda do “choque das civilizações”

Em 10 de julho, o presidente turco Recep Erdogan anunciou em cadeia nacional de televisão ...