El Gran Medio Oriente: El "partido de la guerra" a la defensiva (pero amenaza con golpear)

La exitosa intervención rusa en el embrollo en torno al arsenal químico de Siria y las señales recíprocas de reaproximación entre los gobiernos de Estados Unidos y de Irán están contribuyendo a una considerable reducción de las tensiones geopolíticas en la más que perturbada región del Gran Medio Oriente. Por el momento el mapa no favorece los planes de la coalición de fuerzas políticas e intereses de todo orden que promueve la opción “fuego en el circo,” que contempla el agravamiento del os conflictos locales para llegar a una conflagración a gran escala, pero esto no significa que estén neutralizados. Por el contrario, el “Partido de la guerra” siguen en plena movilización y amenaza con descargar golpes potencialmente desestabilizadores de los acuerdos que están en marcha, en particular en lo referente al programa atómico iraní.

En el comando del “Partido de la guerra,” como lo llaman algunos comentaristas, se alineas las facciones más belicistas del “complejo de seguridad nacional” de Estados Unidos y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), así como el poderoso cabildo pro Israelí, el gobierno del Primer ministro israelí,, Benjamín Netanyahu, y ciertos sectores del sistema financiero internacional, para los cuales un conflicto de grandes proporciones caería de perlas para enmascarar los efectos de la crisis sistémica mundial, que se encamina a grandes pasos a su paroxismo.

En Siria, donde el gobierno del presidente Bashar al-Assad se muestra dispuesto a cumplir los requisitos del acuerdo para la destrucción de su arsenal químico, parece estarse abriendo un canal de negociaciones entre el gobierno y los elementos manos radicales del Ejército Siria Libre (FSA, siglas en Inglés), como reveló el veterano Robert Fisk, corresponsal en la región desde hace décadas del periódico inglés The Independent. En su columna del primero de octubre Fisk afirmó que se iniciaron los acuerdos desde finales de agosto y que las conversaciones giran en torno de la “solución siria para la guerra.”

Fisk, reproduciendo el relato de un informante del FSA, divulgó las cuatro reivindicaciones hechas por los representantes del grupo: “debe haber un ‘diálogo interno sirio’; que se deben mantener las propiedades públicas y privadas se deben mantener; que debe haber un fin y condenar las luchas civiles; y que todos deben trabajar para una Siria democrática, donde la supremacía de la ley sea dominante. No hubo exigencias en lo tocante a la salida de Assad, por lo menos en esta etapa.” ¿La respuesta del gobierno? “Debe haber, de facto, ‘un diálogo dentro de la patria siria’; sin precondiciones para el diálogo; y una garantía presidencial de seguridad para cualquiera de los participantes del FSA.”

Fisk informa que, además, los acuerdos ya están produciendo efectos prácticos: “En siete zonas de Aleppo controladas por los rebeldes, la mayoría de ellos del FSA, los funcionarios civiles pudieron regresar a trabajar y las instituciones y escuelas del gobierno pudieron reabrir sus puertas. Los estudiantes que se convirtieron en milicianos en los dos últimos años serán desarmados y regresarán a las aulas.”

Además, dice, en algunas regiones de la provincia de Homs los combates entre el Ejército y el FSA cesaron virtualmente, y en algunas ciudades controladas por el gobierno los elementos del FSA circulan sin ser molestados.

De acuerdo con Fisk, uno de los periodistas occidentales que mejor conocen la región, la reaproximación es motivada por los temores de los sectores rebeldes moderados ante la presencia cada vez mayor de extremistas musulmanes contra Assad (respaldados por las petromonarquías del golfo Pérsico e, irónica y emblemáticamente, por Turquía, Estados Unidos, el Reino Unido e Israel). Según él, el acuerdo abre la posibilidad de que grandes zonas controladas por el FSA regresen a manos del gobierno y, al menos, que los antiguos desertores regresen al Ejército para enfrentar a los grupos extremistas, como el Frente Al-Nusra y las filiales de Al-Qaeda, en nombre de la unidad nacional.

Este entendimiento, de tener éxito, podrá reforzar la situación de Damasco en la conferencia Ginebra-2 que promueven Rusia y Estados Unidos, la cual deberá realizarse en noviembre, y de la que se espera algún tipo de acuerdo que pueda poner fin a un conflicto que dura ya más de dos años y qua ha causado más de 100 mil muertos y más de medio millón de desplazados entre la población siria.

Frente iraní

En el frente iraní, la ofensiva diplomática encabezada por el recién electo presidente Hassan Rouhani ofrece una posibilidad concreta no sólo solucionar de forma definitiva lo referente al programa atómico de Irán, sino también de descongelar las relaciones de este país con Occidente, en especial con Estados Unidos. Como dejó claro la presencia de Rouhani en Nueva York, con casa llena en la inauguración de la Asamblea general de Naciones Unidas, intercambio de saludos con algunos de sus colegas occidentales, un artículo en el Washington Post y entrevistas en las redes de televisión estadounidenses, el nuevo gobierno de Teherán está logrando trasmitir una imagen diametralmente opuesta a la del bullicioso Mahmud Ahmadinejad, imagen que viene al encuentro del visible”cansancio” de la opinión pública en general y de ciertos sectores de las élites occidentales con el estado de guerra permanente que ha caracterizado el escenario mundial desde el fin dela Guerra fría, alimentado por las fuerzas del “partido de la guerra.”

Una importante manifestación de la dio el mismo presidente estadounidense, Barack Obama, quien tomó la iniciativa de llamar personalmente a Rouhani cuando este se encontraba en Nueva York, y que ha recalcado su confianza en un entendimiento diplomático sobre el problema atómico con Irán.

Una etapa importante para la consolidación del escenario habrá de ser la siguiente reunión del grupo P5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y Alemania) con Irán, que se realizará en Viena, Austria, el 15-16 de octubre entrante. No obstante, el camino de la paz no será tranquilo, pues los belicistas y radicales de ambos lados están sumamente inquietos con este proceso. En Teherán, el mismo Rouhani ha recibido críticas de los sectores más radicales de la Guardia Revolucionaria, los que, con sus contrapartes en el “partido de la guerra,” son partidarios de los discursos incendiarios y de las posiciones atrincheradas, lo que les permite aumentar sus elementos internos como guardias pretorianos de la república islámica. Y, evidentemente, el gobierno israelí y sus aliados estadounidenses están totalmente movilizados para descarrilar los entendimientos, como se pudo ver en el agresivo discurso del Premier israelí, Benjamín Netanyahu, en la ONU, con un recito vacío, al contrario de lo que ocurrió con Rouhani.

En su discurso, mostrando su desconfianza con las simpatías demostradas a Rouhani, “Bibi” volvió a utilizar su notoria agresividad verbal para exigir: “En lo que dice respecto al programa de armas atómicas de Irán (sic)… es un lobo con piel de cordero, un lobo que piensa que puede tapar los ojos de la comunidad internacional… La única solución diplomática que funcionaría es una que desmantele por completo el programa de armas atómicas de Irán y evite que ese programa tenga futuro.”

Y amenazó, en lo que la prensa israelí consideró su mensaje más directo sobre la intención de descargar un ataque militar israelí a Irán: “Israel no permitirá que Irán obtenga armas atómicas. Si Israel se viera obligado a quedar sólo, Israel quedará sólo.”

Al emplear la expresión “armas atómicas,” “Bibi” se refiere a la capacidad de enriquecimiento de uranio, de la que Teherán no pretende ceder, como recalcó el mismo Rouhani. Luego, su objetivo explícito es clausurar el programa atómico iraní entero -posición opuesta a Obama, quien expresó el derecho de Irán a un programa atómico con fines pacíficos.

Con este escenario nadie debería sorprenderse de que ocurrieran “incidentes” capaces de desestabilizar o, por lo menos, dificultar todavía más los entendimientos en curso para el fin del conflicto de Siria y del problema con Irán. En el primero de ellos, hay una enorme preocupación con la seguridad de los inspectores de la Organización para la Proscripción de Armas Químicas (OPAQ) en Siria, donde podrán ser el blanco de ataques ordenados por elementos interesados en sabotear este proceso. En el segundo, el sitio de internet DebkaFile, ligado a los servicios de espionaje Mossad, hizo un comentario agorero sobre la situación:

“Benjamín Netanyahu enfrenta ahora la ardua terea de reparar su propia credibilidad. Durante cinco años ha declarado repetidamente que la opción militar de Israel está considerada en ciertas circunstancias, pero nunca hizo efectiva la amenaza. Ha seguido un camino de casi total pasividad militar.

“El presidente Obama sabe que la capacidad militar está a la altura de una operación sólo contra Irán. Teherán, en tanto, aunque consciente de las grandes capacidades militares, técnicas y de guerra cibernética de las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel), está convencido de que, como Estados Unidos, Israel perdió el apetito de una iniciática militar.

“Netanyahu debe ahora revocar la contención de Israel y convencer a Irán de que su desafío en Naciones Unidas cerró una era de pasividad militar y que debe tomársele en serio. En las semanas por venir, mientras tanto, los iraníes darán algunos pasos para perturbar las relaciones estadounidenses-israelíes, posiblemente con el aumento de las tensiones militares en la región, directamente o por medio de terceros. (…) (Debkafile, 2/10/2013)”

Como Irán no tiene absolutamente nada que ganar con la promoción de actos como los sugeridos, toda atención en la región es poca, pues las operaciones “bandera falsa” (false flag, en la jerga del espionaje) son una de las especialidades del Mossad. Y, además, el “partido de la guerra” tiene muchos otros recursos para perseguir su plan incendiario.

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