El ébola evidencia la necesidad de una "globalización de la caridad"

“Siempre pensé que el Ébola, en comparación con el SIDA o la malaria, no representaba un gran problema”, afirmó Peter Piot, funcionario del laboratorio de Antuérpia, Bélgica, a quien un piloto de Sabena Airlines le llevó muestras de sangre de una enfermera que acababa de fallecer, víctima de un misterioso virus contraído en la actual República Democrática del Congo (RDC), en septiembre de 1976. “Nunca creí que pudiera alcanzar esa magnitud”, afirmó el, uno de los miembros del equipo belga que descubrió la enfermedad, reportó el sitio RT del 5 de octubre pasado.

Hace cuatro décadas, el primer laboratorio del mundo que trató el virus del ébola no contaba con ninguna medida especial de protección y los investigadores que escudriñaron el problema, tampoco eran conscientes de lo que lidiaban con un virus extremadamente mortal. El estudio del virus tuvo continuidad en laboratorios de otros países y el ébola fue, finalmente, reconocido como un nuevo agente patógeno por científicos del Centro del Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los EUA.

Posteriormente, Piot se mudó hacia Yambuku (RDC) y comenzó a actuar como voluntario en el tratamiento de pacientes infectados con el nuevo virus. A pesar de ignorar que el agente patógeno era transmitido por fluidos corporales, logró evitar contagiarse. Según el médico, las situaciones de los años 1970 y de la actualidad tienen un aspecto común: los médicos no pueden hacer gran cosa. Pero si antes el problema no era tan grave, en 2014, el panorama empeoró drásticamente: “Los brotes siempre fueron cortos y localizados. Pero el de esta vez, hacia junio, me di cuenta de que presenta una diferencia fundamental. (…) en este momento comenzó a preocuparme seriamente (The Guardian, 4 de octubre de 2014)”

Según el científico belga, “desde el principio, esta epidemia se caracterizó por múltiples factores, muy desventajosos. Algunos de los países afectados estaban saliendo de guerras civiles devastadoras, muchos de sus médicos habían huido y sus sistemas sanitarios estaban en ruinas. En 2010, en toda Liberia, había 51 médicos (para una población de 4 millones de personas) y, desde entonces, muchos de ellos murieron a causa del ébola.

El hecho de que el brote hubiera empezado en la zona fronteriza entre Guinea, Sierra Leona y Liberia, densamente poblada, contribuyó a su gravedad actual. Como resultado, ha sido casi imposible localizar e identificar a las personas que tuvieron contacto con los infectados, dijo Piot.

Otro motivo de preocupación es que el virus llegó a algunas de las principales ciudades de estos países, como Monrovia (Liberia) y Freetown (Sierra Leona), donde es prácticamente imposible localizar los enfermos: “Y por eso me preocupa tanto Nigeria. En este país hay ciudades como Lagos y Port Harcout, y si el ébola comienza a propagarse en ellas será una catástrofe inimaginable”.

El caso que demuestra que ni siquiera los países desarrollados están preparados para enfrentar la amenaza del ébola es la infección de la enfermera española Teresa Romero, en Madrid, anunciada la semana pasada, lo cual desencadenó fuertes críticas al sistema sanitario de España. Mientras el Ministerio de Salud del país europeo garantizo que en breve esclarecerá los motivos y las causas del contagio de ébola en su territorio, especialistas españoles de sanidad están identificando numerosas fallas en los procedimientos para atender a los infectados del virus. (RT del 8 de octubre).

Dentro de los cuestionamientos hechos a las autoridades españolas está el de porque no trataron antes a la enfermera, cuando ella comenzó a sentir fiebre. Además, observaron que los equipos médicos que atendieron los primeros pacientes de ébola en el país (hasta entonces voluntarios que contrajeron la enfermedad en África), no tuvieron acceso a equipo de protección individual, a pesar del alto nivel de contagio y, por último, se afirma que los médicos y enfermeros no tuvieron información alguna y ningún curso sobre la manera de enfrentar el virus.

Piot advirtió también en torno a otros riesgos: la posibilidad de que la epidemia llegue a Asia, por medio del gran número de ciudadanos hindúes que trabajan en el comercio y en la industria de África Occidental: ” Si tan sólo uno de ellos se infectara y regresara a su país durante el período de incubación, se sentiría mal e iría a un hospital público (…) Los médicos y los enfermeros en India ni siquiera usan guantes de protección: inmediatamente se infectarían y el virus se propagaría por todo el país muy rápidamente”.

“Creo ahora que no tenemos otra opción sino que intentar cualquier estrategia, realmente, cualquiera. Está bien que los EUA y otros países, finalmente, comenzaron a ayudar. Pero en Alemania o hasta en Bélgica podían haber hecho mucho más. Una cosa debería quedar clara a todo el mundo: ya no se trata simplemente de una epidemia. Estamos ante una catástrofe humanitaria. (…) Una epidemia así puede desestabilizar regiones enteras. Solamente resta esperar que podamos controlarla. Realmente, nunca pensé que pudiéramos llegar a alcanzar esta magnitud” concluyó Piot.

Ahora que la enfermedad llegó a los Estados Unidos y a Europa, el asunto va ganando mayor atención en la prensa y en los gobiernos en todo el mundo. Se puede imaginar que, si la catástrofe se restringiera apenas a África, los maltusianos de la plantación estarían festejando. El problema del ébola se relaciona directamente con el orden mundial actual, el cual todavía destila la sangre del colonialismo y profundiza la exclusión y el subdesarrollo de las periferias del mundo.

Como el papa Francisco lo ubicó con propiedad, es necesaria una “globalización de la caridad y de la cooperación” entre los pueblos, de modo de canalizar el inmenso potencial de toda la humanidad para la promoción del Bien Común.

Por cierto, este será el tema central del Foro de Guadalajara, que será realizado del 20 al 23 de octubre, en Guadalajara, México -“Las bases para un nuevo orden mundial: la política como forma superior de caridad”. En el evento, junto a conferencistas e invitados de Iberoamérica, Europa y África, se discutirán algunos de los grandes desafíos mundiales, así como propuestas para una verdadera cooperación internacional, que de inicio a una nueva era de prosperidad y de justicia para toda la humanidad, para que, en el futuro, tragedias como las que ocurren en este momento en África no ocurran más.

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