La Conferencia de Seguridad de Múnich de este año, realizada del 17 al 19 de febrero, reflejó la intensa disputa de poder que acontece en Occidente y en otras partes del globo. La lucha gira en torno de las relaciones transatlántica del gobierno de Donald Trump, del futuro de Europa, de cómo lidiar con el terrorismo y de cómo solucionar constructivamente las crisis de Ucrania y de Siria.
El debate puso de manifiesto la existencia de dos concepciones sobre el futuro del orden mundial. De un lado, el concepto de un “orden multilateral,” reflejado en diferentes discursos, como los de la canciller Angela Merkel, el de su ministro de Relaciones Exteriores. Sigmar Gabriel, el del secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, el del canciller ruso, Sergei Lavrov, el de su colega chino Wang Yi y el del enviado especial de Naciones a Siria, Steffan de Mistura, quien expresó una perspectiva optimista para alcanzar un acuerdo en el país árabe. Por el otro, la visión estrecha unilateralista manifestada en los discursos de los tradicionales “agitadores” estadounidenses, los senadores John McCain y Lindsey Graham. El primero es uno de los más entusiastas del gobierno de Ucrania y el segundo un notorio crítico de Rusia e Irán, a quienes culpa de la crisis de Siria.
Sin embargo, el sentimiento que prevaleció luego de la conferencia es el de que persisten muchas “incertidumbres,” en especial en lo que toca al rumbo que tomará el gobierno de Trump.
Merkel, en su discurso, subrayó el papel que pretende desempeñar Alemania en la presidencia del G-20 y afirmó que su país no se quiere limitar exclusivamente a la defensa del sistema de valores occidental y a la reafirmación de la alianza transatlántica con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y Estados Unidos. Según ella, una Europa fuerte debe al mismo tiempo buscar soluciones “multilaterales” para enfrentar de forma efectiva las causas de las múltiples crisis alrededor del mundo: hambre, migraciones y guerras regionales. Las “soluciones políticas” deben prevalecer sobre el acto reflejo del “derecho del más fuerte,” subrayó.
Tal posición contrastó con la del ministro de Defensa de Israel, Vigdor Lieberman, quien defendió la construcción de nuevos asentamientos israelíes en los territorios palestinos (para decepción de muchos europeos) y pidió formar una coalición contra el terrorismo, señalando a Irán como el principal patrocinador del terrorismo internacional –posición que tiene apoyo total del primer ministro Benjamín Netanyahu y que no ha sido descartada por Donald Trump. Acusación igual fue hecha por el canciller de Arabia Saudita, Adel bin Ahmed al-Jubeir, quien también acusó a Irán de ser el principal problema del Medio Oriente.
Los representantes de Ucrania, el presidente Petro Poroshenko y el ex primer ministro Arseny Yatseniuk, manifestaron frustración con la evolución de la crisis de su país, pero se mantuvieron en la línea de responsabilizar enteramente a Rusia por la misma, y no demostraron gran disposición para emprender un enfoque constructivo en el marco de los Acuerdos de Minsk II, firmados con Rusia, Alemania y Francia.
Reafirmación de la alianza transatlántica
Los informes de la prensa europea y estadounidense sobre Múnich, en su mayoría, se concentraron en las declaraciones del vicepresidente estadounidense, Mike Pence y del secretario de Defensa, James Mattis. En sus intentos por mitigar los temores europeos sobre la confiabilidad del presidente Trump y los compromisos estadounidenses con la OTAN, Pence explicó que el nuevo gobierno “será firme en el compromiso con esta alianza transatlántica.” Explicó que, Trump prometió que “estaremos con Europa hoy y todo día, porque estamos unidos por los mismos nobles ideales –libertad, democracia, justicia e imperio de la ley.”
Mattis recalcó, a su vez, que Estados Unidos quieren ver una OTAN más fuerte, con los aliados comprometidos a compartir los gastos militares, con una inversión mínima del 2 por ciento de su PIB.
El panel con los congresistas estadounidenses –los senadores Lindsay Graham, Chris Murphy y Jeanne Shaheen (los dos últimos demócratas)- reveló una mezcla de frustración, rabia y desilusiones. En sus presentaciones, todos abuzaron del lenguaje intimidatorio sobre el futuro papel militar de Estados Unidos, la nación más poderosa del mundo. El discurso de Graham fue característico de esa visión simplista y “dueña de la verdad,” al presentar a Rusia como el problema número uno y afirmar que serían necesarias nuevas sanciones para responder al “expansionismo ruso” y a su “interferencia” en las elecciones europeas. “Deberían recibir una patada en el trasero”, espetó. Luego de vociferar contra Irán, Graham reclamó que el ex presidente Barack Obama cometió el gran error de no intervenir militarmente en Siria y aseguró que el Congreso tratará con más determinación la cuestión del combate del terrorismo.
El papel del G-20
En su papel de presidente del G-20 este año, Alemania presentó una visión un poco diferente sobre la formación del futuro orden mundial. La canciller Merkel afirmó que el país pretende subrayar las causas de las migraciones y la necesidad de crear un “mundo mejor.” El lugar de concentrarse formalmente en los encargos financieros de la OTAN, tanto ella como Sigmar Gabriel resaltaron que el concepto de seguridad engloba otros aspectos además de los militares, en especial la necesidad de adoptar medidas preventivas y de promover el progreso económico en la regiones de origen de los emigrante. Sobre Rusia manifestó el deseo de establecer relaciones más estables con el país.
Su discurso fue completado por el de Gabriel y por el canciller francés, Jean Ayrault, ambos de regreso de la reunión de cancilleres del G-20 de Bonn. Los dos recalcaron la necesidad de una fuerte actuación conjunta franco-alemana, cuyas raíces se remontan a la reconciliación luego de la Segunda guerra mundial. Ayrault destacó la idea del “multilateralismo” y de la necesidad del diálogo con Rusia en el ámbito del Consejo OTAN-Rusia, para la cooperación en la lucha contra el terrorismo. El mundo necesita, según él, más cooperación multilateral y diálogo en el ámbito de los Acuerdos de Minsk, de la no proliferación nuclear de Irán y de Corea del Norte, así como la solidaridad con los socios orientales.
Un mundo “no occidentocéntrico”
En la visión del ruso Lavrov, “el orden de la post Guerra Fría llegó a su fin, y el mundo no es ni ‘occidentocéntrico,” ni más seguro ni más estable.” Se refirió al discurso del presidente Valdimir Putin en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2007, en la que advirtió de las consecuencias de un mundo “unilateralista” y de la expansión de la OTAN. Observó, igualmente, que este año es el vigésimo aniversario de la firma del Consejo OTAN-Rusia y recordó que pasaron ya 15 años de la Declaración de Roma, la cual definió una nueva calidad en las relaciones entre los países de la Alianza y el suyo. La premisa fundamental de ambos acuerdos era la de que Rusia y Occidente se comprometerían a garantizar la seguridad conjunta, a partir del respeto de los intereses mutuos, de la construcción de la confianza mutua, de evitar una división euroatlántica y borrar las líneas divisorias.
Lavrov hizo un llamado a la construcción de un orden mundial democrático y justo, “un orden post Occidente, en el que cada país se desenvuelva en su soberanía, en el ámbito del Derecho Internacional y se empeñe en equilibrar sus propios intereses nacionales con los de sus socios, con respeto a la identidad cultural, histórica y civilizatoria de cada país.” Agregó que Rusia nunca ocultó sus puntos de vista y ha sido sincera en defender actos fundados en posiciones iguales para crear un espacio común de seguridad, buena vecindad y progreso de Vancouver a Vladivostok
El papel de China en los asuntos mundiales
La prensa europea casi no prestó atención al excepcional discurso del canciller chino, Wang Yi, que habló sobre la contribución de su país para la construcción del futuro orden mundial, en su condición de una de las principales potencias económicas del planeta. Delineó algunos principios fundamentales de la futura política exterior de China, en especial el compromiso con el multilateralismo como condición de paz, con Naciones Unidas como pilar central del sistema.
Wang destacó la necesidad de fortalecer la cooperación entre las naciones. Al respecto de la relaciones China-EEUU, afirmó que “estamos listos para cooperar con Estados Unidos, con la base de los beneficios mutuos.” Subrayó también la importancia de la “sociedad amplia China-Rusia” y la necesidad de los dos países de reforzar las relaciones con Estados Unidos. La cooperación Interregional es también necesaria, “toda vez que lleva al desarrollo mundial,” afirmó. China, dijo, quiere ver una “Europa unida,” al mismo tiempo que identificó la “Iniciativa Un Cinturón y Una Ruta (también llamada “Nueva ruta de la seda”), como ejemplo específico de una futura cooperación regional y un diálogo internacional ampliados. La iniciativa fue bastante mencionada por los representantes de Kazajistán, Azerbaiyán y Georgia.
El desorden del Medio Oriente
“No tenemos un mundo multipolar, sino uno caótico,” se lamentó el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, al hablar de la necesidad de llegar a un término para los conflictos de Siria e Irak. Lo que falta, afirmó, es una estrategia que combata las causas de los conflictos y que promueva una paz sostenible. Las grandes desigualdades entre las poblaciones y el alto desempleo llevan a convulsiones sociales, de ahí la necesidad de buscar soluciones políticas y medidas activas para la conservación de la paz y la anticipación de los conflictos.
Una de las intervenciones más constructivas fue la de Steffan de Mistura, quien regresaba de su función de mediador para el conflicto sirio. Hizo un impresionante relato de cómo el año pasado los esfuerzos del entonces secretario de Estado estadounidense John Kerry y del canciller ruso Lavrov para conseguir una tregua fueron saboteados por, entre otros, el Pentágono y por ataques terroristas contra convoyes humanitarios. Según él, la situación cambió en los últimos meses debido a un “elemento decisivo,” las negociaciones entre Rusia y Turquía, que marcaron el inicio de la Realpolitik. Ambos países, afirmó, tienen influencia entre las partes en conflicto, lo cual se pudo ver en las recientes negociaciones de Astana, en las que participan las tres potencias garantes –Rusia, Turquía e Irán.
En Astana se ha discutido el cese de las hostilidades, mientras que en Ginebra, se trató una solución política que involucra la cuestión del gobierno, una nueva Constitución y elecciones, que necesitan una dinámica para ponerse en marcha. Vale la pena agregar algunas consideraciones constructivas hechas por el canciller iraní, Mohammad Zaarif, para quien lo que el mundo necesita hoy “es una transición cognitiva que sea conmensurable con la transición global del orden mundial.” Según él, “ninguna potencia o concierto de grandes potencias pueden enfrentar problemas regionales, excluyendo a otras.” Trazó el surgimiento del Estado Islámico al inicio del siglo, a la inestabilidad causada por el derrocamiento del líder iraquí Saddam Hussein, y recalcó que Irán quiere un diálogo regional con los países del golfo Pérsico, para buscar soluciones pacíficas de los problemas regionales.

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