Europa, concentrada en sus propios problemas y en su tan difícil como insustituible proceso de unificación, está subestimando las recientes e importantes decisiones tomadas por el grupo de los BRICS, las cuales, no obstante, están destinadas a desempeñar un profundo efecto en los asuntos mundiales.
Entre el 8 y 10 julio, se realizó en Ufá, Rusia, la séptima cumbre de los BRICS, de forma simultánea con las de la Organización de Cooperación de Shangai (SCO, en inglés) y la Unión Económica Euroasiática (UEE). Objetivamente hablando, las tres reuniones asumirán una gran relevancia política, al avanzar más allá de los aspectos económicos y tratar temas sobresalientes de seguridad.
Hoy, el peso geoeconómico de la asociación entre Brasil, Rusia, India, China y África del Sur han aumentado. En conjunto, ocupan 30% de las tierras, tienen el 43% de la población mundial y representan el 21% del PIB del planeta. Su producción agrícola llega al 45% del total mundial y la parte de bienes y servicios es de, respectivamente, 17.3% y 12.7%.
El PIB agregado del bloque excede los 32 billones de dólares, habiendo registrado un aumento del 60% desde su primera cumbre, hace seis años. Los números están creciendo, a pesar de las inevitables repercusiones de la crisis occidental, de las burbujas especulativas y de la política monetaria “no convencional” de los bancos centrales.
La declaración final destaca que la cumbre de Ufá señala el inicio del funcionamiento del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) del grupo, con un capital de 100 mil millones de dólares, y del Acuerdo De Contingencia de Reservas (ACR), que tiene un fondo de reservas de cien mil millones de dólares contra eventuales desestabilizaciones monetarias y de balanza de pagos de los Estados miembros.
Es significativo el hecho de que el NBD haya sido pensado para actuar en colaboración con otras instituciones financieras que tengan la misma misión, en especial, el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (AIIB), recientemente promovido por China, el cual registra una gran y positiva participación, incluso, de Europa.
La estrategia para la asociación económica de los BRICS, establecida en Ufá, prevé progresos en cooperación con todos los sectores fundamentales de la economía y de la sociedad, especialmente, en las relaciones Sur-Sur. De hecho, el NBD se empeñará en la promoción de grandes proyectos de infraestructura y desarrollo sustentable en otros países emergentes y en desarrollo, de los cuales ya hay cerca de 50 en la fila.
En las áreas monetaria y financiera, los bancos de desarrollo de los BRICS podrían reunirse muy pronto en un “Foro Financiero”, para definir nuevos acuerdos relativos al sistema de pagos, así como a un mecanismo de cooperación interbancaria, que incluya, entre otras, la utilización de líneas de swaps, es decir, transferencias de liquidez para hacer frente a los “impactos negativos de políticas monetarias implementadas por países que emiten monedas mantenidas en las reservas” –esto es, los EUA y la UE, emisiones de dólares y de euros. La intención es la de utilizar las respectivas monedas nacionales en las transacciones comerciales, hasta en un 50% del total. Evidentemente, esto implica un impulso hacia la constitución de una canasta de monedas frente al dominio actual del dólar.
El centro de la creciente cooperación entre ellos abarca no solamente los sectores tradicionales de la economía, sino también los relacionados a ciencia, tecnología e innovación, en las áreas de nanotecnología, biomedicina e investigación espacial. Esto demuestra un de los equívocos incurridos por muchos de los llamados países avanzados que acostumbran menospreciar a los BRICS e ignorar lo que hay de nuevos en sus movimientos.
Y no hay duda de que la institucionalización de los BRICS, como emergió en Ufá, representa una considerable presión sobre las grandes instituciones políticas y económicas internacionales. En primer lugar, sobre la propia Organización de las Naciones Unidas (ONU), que, siete décadas después de su creación, está llamada a desempeñar un papel fundamental en los desafíos globales, en el sentido de garantizar un orden internacional más justo. Los BRICS apoyan fuertemente la iniciativa de Naciones Unidas sobre la reestructuración de la deuda pública de los países más pobres y más vulnerables, no solamente de Grecia, sino de todo el mundo.
Bajo esta óptica, los BRIC intentan relanzar el papel del G-20, como “el principal foro internacional de cooperación financiera y económica”, especialmente, en la definición de una nueva arquitectura financiera internacional, teniendo en cuenta la economía real. La presidencia del G-20 por Cina, en el próximo año, podría ser el primer banco de pruebas para eso, la primera oportunidad real de vencer la resistencia, especialmente de los EUA, a la reforma de la gobernanza del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Incluso la propia UE, aunque debilitada y dividida, no debería tolerar su papel supbpotencializado con que se mueve en el escenario mundial.

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