Río + 20: "desgobernanza global"

Realizada simultáneamente con la cumbre del G-20, la Conferencia de naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable (Río + 20) demostró, junto con la primera, los límites del concepto de “gobernanza global” como forma de resolución de los grandes problemas que afectan al mundo. En gran medida, se trata de un resultado esperado, toda vez que el concepto ha sido, invariablemente, aplicado de acuerdo a los designios hegemónicos del poder angloamericano. En la cumbre de Los Cabos (México), la única decisión práctica fue la de reforzar la capacidad del Fondo Monetario Internacional (FMI) para ayudar al sistema financiero. En Río, los intereses de los Estados nacionales prevalecieron en las discusiones y, al mismo tiempo, se impuso una decidida reorientación de la agenda ambiental de dirección de las necesidades del desarrollo socioeconómico, dejando en segundo plano, la restrictiva agenda propuesta por el movimiento ambientalista internacional.

El hecho es que la realidad multifacética de la crisis sistémica global está imponiendo su peso. En la Río+20 se observó que se ensancha la percepción pública de que las políticas ambientales deben de estar subordinadas a los requisitos del desarrollo, y no al contrario. Esta orientación se mostró en la inusitada cobertura mediática de las posiciones sobre el carro insignia de la agenda ambientalista, los cambios climáticos supuestamente causados por las actividades humanas, incluyendo los medios noticiosos de las organizaciones Globo, una de las principales promotoras del “calentamiento” en Brasil (La Red Globo sería el equivalente de Televisa en México, n.e).

La impotencia del G-20 revela la falta de determinación política para atacar la crisis sistémica desde sus raíces, lo que exigiría la decisión de confrontar al sistema financiero “globalizado”. Al respecto, se acumulan los síntomas del agravamiento de la crisis. En el Global European Anticipation Bulletin no. 66, divulgado el pasado 19 de junio, el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP) enlista los principales:

-recesión global (no hay motor de crecimiento en ningún lugar/fin del mito de la “recuperación en EUA”)

-insolvencia creciente del sistema bancario y financiero occidental;

-una fragilidad cada vez más grande de los activos financieros clave, como las deudas soberanas, bienes raíces y CDS (credit default swaps), debilitando los balances de los grandes bancos mundiales;

-retroceso en el comercio internacional;

-tensiones geopolíticas persistentes en Naciones Unidas,

-un rápido colapso de todo el sistema occidental de jubilaciones basado en activos;

-crecientes divisiones políticas dentro de las potencias “monolíticas” del mundo (EUA, China y Rusia);

-ausencia de soluciones “milagrosas”, como en el 2008-2009, debido a la creciente impotencia de muchos de los principales bancos centrales occidentales (Reserva Federal, Banco de Inglaterra, Banco de Japón) y al endeudamiento de los países;

-credibilidad en caída libre en todos los países que han asumido la doble carga del endeudamiento público y de las excesivas deudas privadas;

-incapacidad de controlar o reducir el aumento del desempleo de largo plazo;

-fracaso de las políticas de estimulación monetarista y financiera, como las políticas de austeridad “puras”;

-ineficacia casi sistémica de agrupamientos como el G-20, G-8, Río + 20, OMC, etc, en lo tocante a los tópicos fundamentales de que ya no hay más una agenda global, debido a la falta de consenso alguno: economía, finanzas, medio ambiente, resolución de conflictos, lucha contra la pobreza, etc.

En Río, la agenda “verde” sufrió un duro revés, al no haber conseguido ni la pauta de restricciones contempladas por los ambientalistas ni lograr la conversión del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en una agencia de la ONU “con dientes”, al estilo de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Y el aparato ambientalista internacional acusó recibo de su contrariedad, con una serie de protestas y amenazas por parte de los lideratos de las principales organizaciones ambientalistas, como el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), Greenpeace, Friends of the Earth y otras. El presidente de Greenpeace International, Kumi Naidoo, llegó a amenazar con la detonación de una “ola de desobediencia civil”, lo cual debe de alertar a las autoridades de todo el mundo sobre la posibilidad de acciones de todo tipo, inclusive de carácter “ecoterrorista”.

No obstante, las deliberaciones de la cumbre dejaron para el 2015 la definición de lo que serían los llamados Objetivos de Desarrollo Sustentable, que deberán orientar la agenda de desarrollo en el ámbito global, en acuerdos a ser posteriormente establecidos. La definición caerá en especialistas representantes de cada región del planeta, nombrados por organismo regionales, en base a criterios a ser establecidos.

En verdad, no es necesario esperar tres años. Primero, porque, probablemente, el agravamiento de la crisis exigirá definiciones cruciales antes del 2015. Y, segundo, porque los requisitos para una reanudación del desarrollo y de la reconstrucción económica mundial requieren mucho más de una decisión política que las discusiones colegiadas de sabios, pues aquellos son pocos y de fácil percepción.

Encima de todo, se necesita una reforma en regla del sistema financiero mundial, de lejos,
el principal factor de “insustentabilidad” del proceso civilizatorio en su actual condición. Es decir, es necesario reformular la orientación de las finanzas globales, retirando de manos privadas el control primario de la emisión de moneda y crédito y colocándolo bajo el control de los Estados nacionales, que deben cooperar entre sí para asegurar una plena regulación de las actividades financieras a escala global. Solo así, será posible volver a poner al sistema financiera al servicio de las actividades económicas productivas, que es su principal finalidad y se ha abandonado desde hace mucho tiempo.

En base a esto, podría desatarse un esfuerzo multinacional para promover el pleno desarrollo de los tres grandes espacios geográficos que, de modo general, están atrasados en el proceso civilizatorio permitido por la actual etapa evolutiva de la Humanidad: el interior de Euroasia/Sur de Asia, África y América Latina.

Un papel fundamental a ser desempeñado en este proceso es el de los grandes proyectos de infraestructura, que funcionen como “motores” de un proceso de superación de la crisis y el establecimiento de nuevos paradigmas de desarrollo. En el Foro Económico de Astana, realizado en mayo pasado, se discutió la implementación del Corredor de Desarrollo Transeuroasiático, zonas territoriales de 100-150 km. de ancho, establecidas a lo largo de ejes de infraestructura de nuevas ciudades planificadas, actuando como un poderoso catalizador de desarrollo en toda la vasta región que va de China a Europa, vía Asia Central y Rusia.

En las discusiones generales del Foro, se resaltó la necesidad del establecimiento de un nuevo paradigma de desarrollo socioeconómico a escala global, un nuevo “lenguaje del desarrollo”, que permita la transición hacia una nueva arquitectura financiera mundial, en un escenario en el cual el dólar norteamericano deje de tener la hegemonía global como moneda de referencia, situación que está en la raíz de la crisis actual. En este paradigma, se discutió el requisito de que las relaciones económicas e internacionales se basen en un “principio de justicia” como lo resaltó el periodista Lorenzo Carrasco, presidente del consejo editorial de este informativo.

En Astana, se discutió también la importancia de la obra del científico ruso Vladimir Vernadski (1863-1945) en el establecimiento de bases verdaderamente científicas para el desarrollo sustentado. El aspecto central de su trabajo es el concepto de noosfera, o la esfera de la razón, una nueva etapa de desarrollo de la biósfera, caracterizada por el surgimiento del hombre y de las sociedades construidas por el. Con la noosfera, la razón creativa humana se vuelve cada vez más en la fuerza orientadora y dominante en la expansión y en el desarrollo de la biósfera, inclusive en su eventual extensión hacia fuera de la Tierra.

La primacía jerárquica atribuida por Vernadski al hombre, en el orden natural, contrasta con la pobreza conceptual del enfoque “biocéntrico” del ambientalismo y, al mismo tiempo, evidencia la absoluta inadecuación de este último para el enfrentamiento de los problemas reales que enfrenta la Humanidad. En esta concepción, más apegada a la naturaleza humana, empresas como los grandes proyectos de infraestructura, antes de ser vistos como fuentes de impactos ambientales, deben de considerase factores cruciales para el desarrollo de la biósfera-nooesfera a niveles más altos de organización – y, consecuentemente, de bienestar y progreso para la sociedad.

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