Los cambios que la Iglesia necesita

Dos recientes entrevistas concedidas por el Papa Francisco tuvieron una gran repercusión general. En un tono franco, el Pontífice delineó los cambios necesarios en la Iglesia y destacó que su primera tarea es la proclamación del Evangelio, la búsqueda del diálogo con las partes más excluidas de la sociedad, así como con el no-creyente y no la preocupación con sus “estructuras burocráticas”. En un mundo repleto de egoísmo y de miseria social, el Papa demandó a los cristianos que vivan en un espíritu de “verdadero ágape”.

“Un gran corazón para Dios” fue el título de la entrevista hecha por el editor en jefe de la revista jesuita norteamericana The National Catholic Review, Antonio Spadaro, publicada el 30 de septiembre. La otra entrevista, realizada en forma de diálogo entre el Pontífice y el editor del periódico L’Expresso y co-fundador de La Reppublicca, el parlamentario italiano de 89 años Eugenio Scalfari, se publicó en la edición del 2 de octubre bajo el titular “El modo como cambiará la Iglesia”.

Ambos interlocutores destacaron posteriormente la gran modestia y el estilo de vida humilde del Papa. Cuando Antonio Spadaro pregunto al Pontífice “¿Quién es él?”, Francisco le respondió que es “un pecador para el cual el señor volvió su mirar. (…) Soy alguien que es visto por el Señor. Mi lema, Miserando ataque Eligendo, lo sentí siempre como muy verdadera para mí”. Hacía referencia, entonces, a la todavía famosa pintura de Michelangelo Caravaggio. “El llamado de San Mateo”, donde el dedo de Jesús está apuntando hacia él. “Ese soy yo. Me siento como él. Como Mateo”, afirmó el Papa.

Lo que le motivó siendo un joven, a ingresar a la orden jesuita en Argentina, dijo Francisco, fue porque se sintió impresionado con el “espíritu misionero, la comunidad y la disciplina de la orden. Describió el pilar de su “espiritualidad”, como el “método de discernimiento”, que está en conformidad con el método esencial de los ejercicios espirituales jesuitas.

Recordando los días de la Jornada Mundial de la Juventud de este año, realizada en Río de Janeiro a mediados de julio, y los impulsos que pueden venir de la Iglesia de América Latina, utilizó la imagen del Joven y el Anciano: “Ellos construyen el futuro, los jóvenes con su fuerza y los otros con su sabiduría”.

Su principal mensaje es el de que la Iglesia necesita concentrarse en lo esencial: desea una Iglesia que haga como el buen samaritano, quien bañó, limpió y cuidó de su prójimo. El Evangelio puro: “Las reformas estructurales y organizativas son secundarias -deben venir después. (…) Los ministros del evangelio deben ser las personas que pueden dar calor a los corazones de las personas, que caminan en medio de la sombría noche a su lado, que saben como dialogar y descender hacia la oscuridad de la noche de su pueblo, pero sin extraviarlo. El pueblo de Dios necesita de pastores, y no de clérigos funcionando como burócratas u oficiales de gobierno”.

La misión pastoral de la Iglesia no puede obsesionarse con la transmisión de una intensidad de doctrinas a imponerse de forma insistente. “La proclamación en un estilo misionero debe enfocarse en las cosas esenciales, en las cosas necesarias: esto es lo que fascina y atrae más, lo que hace arder al corazón, tal y como fue hecho por los discípulos de Emaús. Tenemos que encontrar un nuevo equilibrio, de otra forma hasta el edificio moral de la Iglesia podría caer como un castillo de naipes, perdiendo las características del evangelio. Su presentación debe ser simple, profunda, radiante. Es de su propuesta que las consecuencias morales tienen su origen.”

Igual de claros fueron sus comentarios sobre la Curia Romana. Esta es, de acuerdo con el Papa, nada más allá que un “instrumento de ayuda”. Más aún, alertó que muchas veces, cuando la Curia no funciona bien, “corre el riesgo de volverse una institución de censura”. Una Iglesia que es humilde y busca proclamar el Evangelio no necesita de creyentes que, por arrogancia y auto-convencimiento, pretenda que todo sea claro y seguro.

“Si un cristiano es un restauracionista, un legalista, si desea que todo sea claro y seguro, entonces él no encontrará nada- La tradición y la memoria del pasado debe ayudarnos a tener coraje para abrir nuevas áreas a Dios. Aquellos que hoy buscan por soluciones disciplinarias, aquellos celosos de una “seguridad” doctrinaria exagerada, aquellos que obstinadamente intentan recupera un pasado que no existe más -tienen una visión estática y volcada hacia sí de las cosas. De esta forma, su fe se vuelve una ideología entre otras ideologías”. La única certidumbre dogmática que existe es que Dios está en la vida de cada persona. La Iglesia joven y vibrante, que el Papa desea en el futuro, está abierta a la creatividad en el arte. El Pontífice se describe a sí mismo como un gran admirador de la literatura de Dostoyevsky y Hölderlin, de la música de Mozart, el espíritu de Prometeo de Beethoven y las Pasiones de J.S. Bach.

El modo como la Iglesia cambiará

Similares reflexiones hacen eco en la entrevista concedida por el Pontífice a Eugenio Scalfari. En el diálogo, el Papa Francisco afirmó que el desempleo entre los jóvenes y el abandono de los ancianos, son “los males más serios que afligen al mundo en estos días. Los ancianos necesitan de cuidados y de compañía, la juventud necesita de empleo y esperanza, pero no tienen ni uno ni otra, y el problema es que ellos ya no buscan semejantes objetivos. Están siendo aplastados por el presente. ¿Me puede usted decir cómo conseguir vivir aplastado por el peso del presente? Sin una memoria de pasado, y sin el deseo de ver adelante hacia el futuro, por la construcción de algo -un futuro, una familia-, ¿usted puede seguir adelante? Este es para mí el problema más urgente que la Iglesia está enfrentando”.

La Iglesia que el Papa imagina no es la que hace proselitismo, sino una institución vigorosa, que esté disponible a escuchar al prójimo. Es la que está dispuesta a expresar el verdadero “Ágape” -“el amor del uno hacia el otro, del más próximo al más distante”. San francisco es para el Pontífice el ejemplo más perfecto de este Ágape. El amó a las personas, a los niños, a los ancianos y a las mujeres. Lo contrario del narcisismo y del egoísmo, reinantes en la sociedad actual. Todavía existen, de acuerdo al Papa, muchos narcisistas dentro de la iglesia que son lisonjeados y cautivados por sus cortesanos. “¡La Corte es la lepra del Papado!” afirmó Francisco. Criticó el hecho de que todavía hay muchas cortes dentro de la Curia, que debe de servir a la Santa Sede. La Curia es “el centro del Vaticano”-y esta visión “desatiende el mundo a nuestro alrededor. Yo no comparto de esta visión, y haré todo lo que pueda para cambiarla. La Iglesia es, o debería volver a ser, la comunidad del pueblo de Dios y de los padres, pastores y obispos que tienen que cuidar de las almas, y que está al servicio del pueblo de Dios”.

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