Benedicto XVI –conversaciones finales con Peter Seewald

Este libro surge de una serie de entrevistas realizadas por el periodista bávaro Peter Seewald con el Papa emérito Benedicto XVI durante los últimos años (Benedikt XVI. Letzte Gespräche mit Peter Seewald, Droemer-Verlag München 2016). La última conversación tuvo lugar en mayo de este año. Las diferentes entrevistas dan una visión concentrada sobre la rica experiencia intelectual de Joseph Ratzinger, profesor, cardenal y, finalmente, Papa. Ofrecen una visión interior fresca del pensamiento actual de Benedicto XVI y destruye los prejuicios que, en especial después de su renuncia al papado en febrero de 2013, trataron de retratarlo como un polo opuesto al actual Papa Francisco. Lo que sale a la luz es un muy brillante pensador, una personalidad humilde que expresa una enorme gratitud hacia su predecesor, Juan Pablo II, y al actual Papa Francisco. El libro explica sencillamente que no hay ruptura entre los pontificados, sino una continuación del trabajo que comenzó en el Concilio Vaticano Segundo (1962-1965), el que abrió una nueva era y fue la causa de cambios fundamentales dentro de la Iglesia Católica.

La influencia espiritual en Ratzinger

Seewald ilustra que los aspectos fundamentales que moldearon la teología de Ratzinger fueron, su experiencia personal en la dictadura Nazi, en la Segunda Guerra Mundial y la destrucción y radical negación de Dios que se extendía por aquel entonces. De forma muy similar a Juan Pablo II, Ratzinger vivió dentro de un sistema ateo, de quebranto de la Cruz y en la locura de un régimen que, queriendo crear al “Hombre nuevo”, culminó en el terror y en la desolación apocalíptica. Lo que dijo en la entrevista fue que luego de la guerra comprendió que su principal tarea era la defensa de la Cristiandad ante la “re-evaluación de los principios cristianos,” escribe Seewald en la introducción.

Luego de su renuncia al papado –la primera en 1000 años-, Benedicto XVI se sintió feliz por la elección del Papa Francisco, quien es el primer papa venido “del Nuevo mundo,” como subraya en la entrevista: “Esto significa que la Iglesia es dinámica y abierta y que hay nuevos acontecimientos dentro de ella. No hay estructuras congeladas, sino hechos sorprendentes que brotan una y otra vez y que dejan ver que la dinámica en la que se encuentra la Iglesia ‘se está renovando’ constantemente.”

Benedicto subraya que espera que Iberoamérica desempeñe un gran papel. Es el continente católico más grande, el que más ha sufrido y que vive rodeado de problemas enormes. “Este fue el momento preciso para que América del Sur fuese escogida. El nuevo Papa es italiano y sudamericano.” Agregó a esta observación que desde este punto de vista Europa ya no es el centro de la iglesia mundial. “Europa seguirá manteniendo su responsabilidad y sus tareas específicas. Sin embargo, la fe de Europa es tan débil que sólo de una forma limitada puede impulsar a la Iglesia mundial y a la fe dentro de la Iglesia… Podemos ver que hay nuevos elementos en África, Iberoamérica y en la Filipinas, una dinámica nueva en la Iglesia que refresca al cansado Occidente y que le da una nueva dinámica.”

Es particularmente crítico con Alemania: “En su corazón está comprometida con el Dios que ha de volver. Pero, por el otro lado, está la fuerza de la burocracia, la que hace teoría con la fe, al politizarla, lo que muestra una falta fundamental de dinámica.” Habló del efecto asfixiante que resulta de la preponderancia burocrática: “Europa se evangeliza ahora desde el exterior y de una forma nueva.” Desde ahí es claro para él que el “Papa Francisco trajo frescura, una nueva alegría, un nuevo carisma que comunicarle al pueblo, esto es algo hermoso.”

La educación de Josef Ratzinger

Josef Ratzinger se crió en una zona rural de Baviera. Fue el más joven de tres hijos de una familia católica muy piadosa que en gran medida estaba integrada en la “piedad del siglo 19.” Él amaba a sus padres y era un alumno brillante. A la edad de 14 años era capaz de traducir textos de la iglesia del griego y del latín al alemán, Cuando entró al seminario teológico en 1939 en Traunstein, la Guerra ya había comenzado. Fue un periodo difícil para él y su familia por ser firmemente enemigos del nazismo. Al final de la guerra fue llevado a un campo de prisioneros estadounidense donde sufrió el hambre y el hostigamiento de los prisioneros.

El 3 de enero de 1946 inició sus estudios universitarios en teología en Freising, los cuales continuó luego en Múnich, la “Escuela de Munich” habría de ejercer una gran influencia en su pensamiento. A lo largo de la entrevista de puede ver una línea roja: Lo que formó el pensamiento de Ratzinger luego de la dictadura Nazi y de la Segunda guerra mundial, fue la comprensión que “experimentamos una vez cuando el ‘nuevo Reich,’ el mito alemán, la germanidad, fue proclamada y se extendía un profundo desprecio de los cristianos, en especial de los católicos, por ser un culto romano y judío.” De aquí, el periodo de la post guerra abrió una nueva era, un horizonte nuevo de esperanza y pensamiento.

Al volver la vista hacia el periodo de los cincuentas y de comienzo de los sesentas, Benedicto dijo: Fuimos progresistas. Queríamos renovar de forma fundamental la teología y moldear la Iglesia de una forma nueva y vívida. Éramos felices de vivir un tiempo en el que los movimientos juveniles y litúrgicos buscaban nuevos horizontes. Nos oponíamos al estilo neo gótico y a la piedad y al sentimentalismo estrechos y cursis del siglo 19… Queríamos una nueva piedad, que recibe su impulso principal de la liturgia, una nueva forma de piedad, moderna y sobria.”

El pensador que ha influenciado con mayor profundidad a Ratzinger es San Agustín, en especial por el conflicto interno con que luchó (Las Confesiones); le impresionó más que Santo Tomás, cuyas obras, según él, eran más “libros de escuela.” Un maestro de teología de la Universidad de Múnich que también influyó en Ratzinger fue Gottlieb Söhngen, oriundo del Rhineland que se convirtió en un amigo muy cercano. La escuela de Múnich se formó con la Biblia y las Sagradas Escrituras, los Padres de la Iglesia y la idea ecuménica, Söhngen sentía una gran afinidad con Romano Guardini, cuyo libro “De Jesús” Ratzinger leía fascinado por ese entonces. En 1958, siendo capellán de Bogenhausen (Múnich), escribió el ensayo “Los nuevos paganos y la iglesia,” mismo que provocó una fuerte reacción. Luego fue maestro asistente en el seminario de Freising, dirigente juvenil de 1955 a 1959, y tras su consagración y la defensa de su tesis, fue nombrado profesor de Teología fundamental y dogmática en Bonn.

El Concilio Vaticano Segundo

Su paso por Bonn fue una experiencia muy rica. Su primer discurso fue titulado “El Dios de la fe y el Dios de la razón,” el 24 de julio de 1959. El auditorio universitario estaba atestado. Había leído mucho a Pascal y el “Memorial” de Guardini, así como a San Agustín, quien concebía al hombre como una unidad entre la razón y la emoción. “Se me veía como un joven que quería buscar nuevos caminos y abrir nuevas puertas,” dijo Ratzinger en la entrevista. Sostuvo debates muy intensos con excelentes especialistas como el ideologista Paul Hacker, con el franciscano Sophronius Clasen, especialista en San Bonaventura. Tuvo relación con personas de diferentes universidades teológicas de Bonn y de sus alrededores, en especial con los franciscanos y los dominicos de Walberberg y de los Misioneros Steyler de San Agustín, de las vecindades de Bonn.

A la edad de 35 años, Ratzinger se convirtió en uno de los principales catalizadores del trabajo preparatorio del Concilio Vaticano Segundo (1962-1965). El autor del libro señala en un momento que, como dijese Juan XXIII, “nadie más que un adolecente (en referencia al joven teólogo Ratzinger) era capaz de expresar de mejor manera lo que él, Juan XXIII, había buscado al iniciar el Concilio.” El Papa Juan XXIII anunció el Concilio Vaticano Segundo en enero de 1959, y lo describió como un momento de “renovación espiritual para la Iglesia” y para la Cristiandad para alcanzar una unión más estrecha. Al ser consejero de Josef Cardenal de Frings de Colonia, una de las diez personas que formaban el Presidio de Concilio, Ratzinger tuvo un papel influyente en la comisión preparatoria que organizo el plan del Concilio y elaboró los acuerdos que se aprobarían en las sesiones del concilio.

Ratzinger conoció a Josef Cardenal Frings en Colonia, en el contexto de un discurso de Ratzinger pronunciado en la Academia Católica de Bensberg. Entonces, el Cardenal Frings le pidió que escribiese un discurso para él, el cual el Cardenal presentaría en la conferencia de Génova del 19 de noviembre de 1961.

Fue un discurso histórico titulado “El Concilio y el moderno mundo de pensamiento,” el cual se utilizó para determinar los procedimientos del Concilio. Contenía un fuerte ataque contra la obstinación neo escolástica de la Iglesia y contra los defectos del Santo Oficio (Congregación para la doctrina de la fe). Pedía también que se otorgasen más derechos a los obispos de las iglesias regionales y locales dentro de la Iglesia universal. El discurso se ganó la atención del Papa Juan XXIII, que terminó tan entusiasmado con él, escribe el autor Seewald, que invitó a Frings a tener una conversación. Le expresó su gratitud por el discurso y le habló de la “feliz congruencia de pensamiento.” Cuando Frings respondió que él no era el autor del discurso, sino un joven profesor, el Papa respondió: “Mi última encíclica tampoco la escribí yo. Lo que cuenta es con qué se identifica usted.”

Ratzinger subraya en la entrevista el entusiasmo que sintió en los tiempos del Concilio Vaticano Segundo y con los debates que sostuvo con los grandes intelectuales de la Iglesia, algunos como Henri de Lubac o Karl Rahner. Insistió en calificarse de “progresista” y que su punto de vista del Concilio mismo reflejaba este nuevo espíritu de un nuevo comienzo de la Iglesia en los diferentes decretos que se acordaron finalmente.

En los sesentas Ratzinger fue profesor de la facultad de teología de Münster. Su enseñanza continuó luego en Tubingia, donde colaboró con el profesor Hans Küng, quien luego se convertiría en su adversario. Luego de Tubinga, enseñó en las universidades de Regensburg y de Múnich. Con el Papa Juan Pablo II fue Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe ente 1982 y 2005. En el año de la muerte de Juan Pablo II, en ese entonces terriblemente enfermo y débil, el Cardenal Ratzinger escribió un texto para el Papa que se presentaría el día de la crucifixión que se celebraría en el Coliseo de Roma. En el texto, aprobado por el Papa, advertía de la “suciedad” y de la “traición a Cristo.”

El Papa Benedicto se reúne con Obama y con Putin

El 19 de abril de 2005, Josef Cardenal Ratzinger se presentó en la Logia del Domo de San Pedro como el 264 Sucesor de San Pedro. Al inicio del cónclave, el Cardenal Ratzinger había advertido en una homilía de la “dictadura del relativismo”, anotando que “la Iglesia debería proclamar la verdad y la fe, contra todas las ideologías y las modas,” exigió.

El Papa Benedicto XVI recordó que entre las personalidades que lo visitaron al inicio de su Pontificado estuvieron el entonces ministro de Relaciones Exteriores de la Iglesia Ortodoxa Rusa, Kiril, Benedicto dice que fue una “conversación muy bella. Él reflejaba algo de un campesino ruso, lo cual me gustó. Nos entendimos uno al otro muy bien.” Al hablar sobre sus relaciones con la iglesia protestante y la Iglesia ortodoxa rusa, dijo que había un conocimiento común sobre “lo que es esencial al Cristianismo; que compartimos la misma idea moral, del matrimonio, de la familia. Hay grandes intereses comunes. Esto resultó especialmente claro en Rusia”

También recordó varias reuniones que sostuvo con políticos entre ellos, el presidente norteamericano Barack Obama y Vladimir Putin. Para él, Obama es una persona pensadora, pidió la reunión y escucho atentamente.

Con el presidente ruso, Vladimir Putin, “hablamos en alemán, porque él habla perfectamente el alemán. No profundizamos en cosas, porque creo que él –un hombre de poder, por supuesto-, de alguna forma, está tocado por la necesidad de la fe. Es realista y ve cómo sufre Rusia con la destrucción de la moral. Pero también es un patriota que quiere hacer de Rusia una potencia de nuevo, que ve que la destrucción del Cristianismo amenaza con arruinar a Rusia. El Hombre necesita a Dios, esto lo ve claramente y ciertamente está tocado internamente por ello.”

Al respecto de sus visitas pontificales, como la realizada a Alemania en 2010, hizo mucha observaciones punzantes, en particular respecto a la jerarquía católica de Alemania, la que como él señaló no estaba muy entusiasmada con la nueva evangelización (la Comisión para la nueva evangelización fue creada en enero de 2013, durante el pontificado de Benedicto XVI).

“En Alemania tenemos esta catolicismo tan bien pagado y bien visto, en especial en lo que toca a los empleados católicos que tienen una pensamiento de sindicato hacia la Iglesia católica. La Iglesia es sólo un patrón” dijo el Papa. Así subrayó que ellos no expresan la dinámica de fe sino que buscan posiciones. Por ello ve un gran peligro para la Iglesia de Alemania, dada su enorme burocracia. “Los italianos no pueden permitirse pagar a tanta gente”, dijo. “La cooperación se funda en el trabajo voluntario. Las grandes reuniones católicas como la de Rimini están organizadas por voluntarios. Nada es pagado”, agregó.

Advirtió abiertamente que se siente “muy deprimido por la situación, por la abundancia de dinero y por el cinismo de los círculos intelectuales alemanes.” Los diferentes escándalos como el de Williamson, sobre el cual –como lo mencionó en la entrevista- fue informado muy tarde, los escándalos por los abusos, los “Vatileaks, dijo, fueron la ocasión para desatar “una batalla de propaganda enorme contra mí.” Por otra parte, resaltó que sigue activo en la lucha contra esto: la purga de 400 sacerdotes, la reforma de la Comisión Ecclesia Dei, la reforma de la IOR, y la disolución del grupo de influencia homosexual.

El redescubrimiento del papel central de la fe en una Europa descristianizada

El vector del pontificado de Benedicto fue “el redescubrimiento del papel central de la fe.” El nuevo mundo todavía no está allí, dijo, “pero es claro que la Iglesia se aparta cada vez más de las viejas estructuras de vida europeas y adopta un nuevo entendimiento y nuevas formas de vida.” Con respecto al futuro del Cristianismo, aseveró: “Ya no somos compatibles con la cultura moderna… vivimos hoy en una cultura positivista y agnóstica que muestra más y más intolerancia hacia el Cristianismo (…) y estamos ante una Europa en la que la descristianización avanza, los cristianos desaparece más y más del público y la Iglesia tiene que encontrar una nueva presencia.”

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