Una erupción del volcán de mentiras puede llevar a la gran guerra

“¿Ustedes comprenden el límite peligroso en el que están poniendo al mundo? Inquirió el representante de la Federación Rusa en Naciones Unidas, Vassily Nebenzia, a sus agresivas colegas de los Estados Unidos y del Reino Unido, Nikki Haley y Karen Pierce, respectivamente, y al colega francés, François Delattre, en la sesión del 9 de abril del Consejo de Seguridad de la ONU, convocado de emergencia para discutir las denuncias de un supuesto nuevo ataque químico en Duma, Siria (RT, 9 de abril de 2018)

Tal cuestionamiento manifiesta la crispación mundial ante la belicosa reacción de las dirigentes de las tres potencias mundiales con relación a las denuncias sobre el uso de armas químicas, el 7 de abril, en el enclave donde los últimos yijadistas del grupo Jaysh al-Islam (Ejército del Islam, en árabe) resisten al cerco del Ejército Sirio, antes de que fueran evacuados bajo la vigilancia de militares rusos. A ejemplo de los casos anteriores, las denuncias salieron de la entidad Capacetes Blancos (White Helmets), vinculada a los servicios de inteligencia anglo-americanos, que relacionó a manera de evidencias, dudosas películas y fotografías de victimas del presunto ataque con gas cloro. En los días siguientes Militares rusos y equipos del Creciente Rojo (equivalente islámico de la Cruz Roja), entraron a Duma y no encontraron ningún vestigio de ataques químico, no obstante, la histeria cundió rápidamente en Washington, Nueva York y Londres.

Como ya es costumbre, Donald Trump, en Twitter, lanzó amenazas, pocas veces lanzadas por algún presidente de los EUA.

En la primera el día 9, afirmaba, “el presidente Putin, Rusia e Irán son responsables de apoya al Animal Assad. Pagarán un precio alto”. Luego manifestó estar estudiando una reacción militar en 48 horas. Dos días después:

“Rusia promete derrumbar todo y cualquier misil disparado contra Siria. “Prepárate, porque lo que vendrán serán misiles bonitos, nuevos e inteligentes»

El arrebato de Trump fue la respuesta a la reiterada afirmación de militares y diplomáticos rusos, de que cualquier ataque contra Siria que ponga en riesgo a los militares rusos en el país, tendrá la respuesta debida. En todo caso, las palabras de Trump, que lindan en la demencia, solo pueden compararse a unas pronunciadas por la ex secretaria de estado Madeleine Albrigth al justificar la muerte de miles de niños iraquís (“fue un precio que valió la pena pagar”)

El mundo prende la respiración, frente a la movilización de fuerzas militares de los EUA, Francia y el Reino Unido para un eventual ataque a Siria, antes de que la misión de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) llegue al país para investigar el alegado ataque; es necesario anotar que el episodio es parte del volcán de mentiras inventadas por los geopolíticos del poder anglo-americano tendientes a justificar un incendio permanente en el Gran Medio Oriente y así mantener a Rusia en jaque.

En este informativo hemos comentado otras mentiras encadenadas, por ejemplo el supuesto envenenamiento del ex oficial de inteligencia ruso Sergei Skripal y su hija Yulia, en Salisbury, Inglaterra, las cuales se ha fabricado inmediatamente después de la revelación de las nuevas súper armas de vanguardia rusas, hecha por el presidente Vladimir Putin en su discurso del 1 de marzo pasado.

Entonces, la representante estadounidense en la ONU, Nikki Haley ya amenazaba iniciar una acción unilateral si el Consejo de Seguridad de la ONU no conseguía imponer el cese al fuego en Guta Oriental, distrito al cual pertenece Duma, cercado por las fuerzas sirias.

Anticipándose, el comando militar ruso anuncio que poseía información sobre la preparación de un ataque químico inventado por los yijadistas, con la cooperación habitual de los Capacetes Blancos.

O sea el cartel del espectáculo se colgó desde hace un mes.

En el Reino Unido, el caso Skripal, que justificó la expulsión de 150 diplomáticos rusos de 29 países, se encamina a un desenlace propio de un acto de una ópera bufa. Primero, el feje del laboratorio de guerra química británico de Porton Down admitió que sus técnicos no habían identificado el origen del agente neurotóxico usado contra los rusos. Después, Yulia Skripal habló por teléfono con una prima en Moscú, asegurando que ella y su papa se estaban recuperando (se dice que el ataque fue con “novichok, uno de los más fuertes neurotóxicos conocidos). El 10 de abril el hospital de Salisbury dio de alta a Yulia. Luego fue llevada por las autoridades británicas a un paradero desconocido, y ni los diplomáticos rusos han tenido acceso a ella.

En todo esto vale dejar sentado el proceder de la gran prensa occidental, a la manera de un engranaje de guerra psicológica y de propaganda del “establishment”, anglo-americano, con la mordaza puesta para no cuestionar versiones oficiales de sus patrones.

Cabe preguntar qué hay atrás de la cadena de mentiras. Quizás se trata de ocultar los nubarrones presagiando una tormenta en el sistema financiero globalizado; un panorama letal neurotóxico frente a los avances económicos de las potencias de Eurasia, China separándose paulatinamente de la hegemonía del dólar –en especial del petrodólar. Únicamente una amenaza juzgada existencial para el sistema angloamericano justifica este ambiente peligroso, más grave que cualquier otro momento de la Guerra Fría. Enfriar la alta temperatura alcanzada, en mucho, dependerá de algunas cabezas racionales en Washington, sobre todo entre los jefes militares.

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