Un freno a la especulación con alimentos

 

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El mundo espera que el lema de la EXPO 2015 de Milán, “Alimentar el planeta,” se convierta en un compromiso verdadero con el combate del hambre y la prohibición de la inescrupulosa especulación financiera con los alimentos. En caso contrario, las buenas palabras sobre la excelencia alimentaria, la defensa de la biodiversidad y el desarrollo de una agricultura diversificada y sustentable, constituida por productores y consumidores conscientes, se estrellarán con los mil millones de personas del mundo que todavía conviven con el espectro del hambre y de la miseria.

De Milán debería partir una intervención decisiva de parte de los gobiernos, al lado de otras instituciones y organismos, para prohibir a los bancos y a los fondos de especulación jugar literalmente con derivados, en especial los futuros sobre los precios de los productos agrícolas.

Los alimentos, junto con el petróleo y otras materias primas, integran lo que se ha dado en llamar “commodities”, (en leguaje claro mercancías) que son cada vez más objeto de atención y de interés mórbidos por parte de los sectores de las altas finanzas involucrados en actividades especulativas de alto riesgo.

En la última década hubo momentos de gran tensión y de volatilidad extrema en esos mercados.  En 2007, 2010 y 2012 hubo grandes aumentos de precios, seguidos de caídas bruscas. A partir de 2008 se ha producido un aumento promedio de 50 por ciento de los alimentos en términos reales.

Estos movimientos tan bruscos de los alimentos no son resultado del juego de la oferta y la demanda, sino de operaciones con derivados financieros realizados por ambiciosos que no tienen ningún interés en la producción o venta de productos reales; son, en esencia, operaciones con futuros, auténticas apuestas en los precios a futuro de un producto agrícola o de algún mineral.

De acuerdo a los especialistas de Commodities Futures Trading Commission (CFTC), la agencia estadounidense que debería regular esos derivados; en medio de la crisis financiera, el movimiento de capitales especulativos en los mercados de “commodities” de Chicago se disparó de los 29 mil millones de dólares en 2003 a 300 mil millones en el periodo de 2007-2008.  Se les llama “inversiones pasivas” porque asumen posiciones especulativas a largo plazo, en las que se apuesta a los grandes aumentos de los precios del petróleo o de los alimentos.  Se trata de capitales que operan con el llamado “apalancamiento” y que pueden crear derivados financieros con valores 30 ó 100 veces mayores que los de las transacciones primarias.  En otras palabras, ¡para cada tonelada de granos que se producen es posible vender o comprar virtualmente cien toneladas ¡  Es lo que se llama “granos de papel” –así como, anteriormente, se habían creado los “barriles de papel” con la especulación con el petróleo.  Es la magia de de la financierización de la economía.

Ahora le ha tocado a los precios de los alimentos ser objeto de la “transacciones de alta frecuencia” (high frequency trading), es decir, transacciones financieras elaboradas de forma automática por computadoras, para jugar con pequeñísimas variaciones de precios en milisegundos.  Este mecanismo, que mueve 90 por ciento de los volúmenes de futuros financieros, ha generado “situaciones de aludes” con los desequilibrios caóticos de los mercados.

De esta forma se manipulan tanto las expectativas del comportamiento de los mercados de acciones como los precios, con lo cual se induce a los mercados a considerar inevitables los precios indicados por los futuros. Las ganancias son, naturalmente, enormes.  Pero el aumento excesivo de los precios provoca brotes inflacionarios que tienen efectos devastadores, en especial en los países más pobres del Sur.  Como resultado, millones de familias llegan a comprometer hasta el 75 por ciento de su gasto en alimentos, lo cual los hace incapaces de asegurar el sustento mínimo, los cual, a su vez, en algunos casos tiene por resultado convulsiones sociales, los “motines del pan.”  Vale la pena recordar que uno de los factores que desencadenaron la Primavera árabe fue el aumento del precio de los alimentos a causa de la especulación.

Por otro lado, cuando los precios caen repentinamente, muchos pequeños agricultores, especialmente en los países emergentes, son excluidos de los flujos del comercio, lo que los hace incapaces de soportar la volatilidad tan grande de los precios que se transfiere rápidamente de los mercados financieros mundiales a los mercados locales de productos reales.

Esta es una deformación aberrante de la economía y de la vida de las personas, y, por desgracia, son pocas las voces que se levantan contra esto.  Entre los líderes mundiales, el único que no se cansa de repetir esta denuncia es el Papa Francisco, como lo hizo recientemente en el discurso que pronuncio ante la FAO (Organización de Naciones Unidas para los Alimentos y la Agricultura), en el que dijo que “es triste constatar que la lucha contra el hambre y la desnutrición es dificultada por la primacía de los mercados y el primado de la ganancia, que han reducido los alimentos a una ,era mercancía sujeta a la especulación, en especial la financiera.”

Vivimos la paradoja de la abundancia: sí, hay alimentos para todos; pero muchos no tienen acceso a ellos, ni para sobrevivir.

En un mundo de conflictos crecientes, no sólo políticos y religiosos, ¿por qué no organizar una reunión en la EXPO sobre estos problemas, con representantes del “sistema financiero musulmán,” el cual siempre ha estado contra la especulación con productos alimenticios?  Sería una contribución importante para dar forma concreta a las ideas ampliamente aceptadas en el plano teórico, pero, por desgracia, no fácilmente realizables, a causa de la lógica perversa de la especulación pura y del dios dinero.

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