A pesar de que la tregua acordada en la conferencia de Minsk se encuentra vigente desde febrero, un número creciente de evidencias indica que la tregua podría ser breve, ya que el gobierno de Kiev y sus titiriteros del Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) parecen determinados a retomar las hostilidades contra los insurgentes del Este.
Las milicias de las autodefensas de la región de Donbass han denunciado en las últimas semanas que, en contra de los establecido en la tregua, las fuerzas de Kiev no sólo no han retirado su artillería pesada de la zona neutral establecida alrededor de la región en conflicto, sino que han realizado repetidos ejercicios de tiro real con la clara intención de intimidar a los insurgentes.
Otra violación del acuerdo, vergonzosamente ignorada por la prensa y por los gobiernos occidentales, es la presencia de centenares de “asesores militares estadounidenses, canadienses y británicos, junto con un número indeterminado de mercenarios de la empresa Academi (la antigua Blackwater) al lado de las fuerzas de Kiev. De acuerdo con el Ministerio de Defensa ruso, militares pertenecientes a la 173 Brigada aereotransportada de Estados Unidos estarían participando en los “entrenamientos” de la región de Donesk, a tan sólo 20 ó 30 kilómetros de la zona de conflicto.
Por si fuera poco, de forma significativa, el entrenamiento proporcionado incluye el empleo de armamento de fabricación estadounidense, y no de las armas y municiones de origen ruso y ucraniano que solían emplear los militares del país –un indicio firme de que Washington pretende materializar la entrega de armamento letal a Kiev.
A esto hay que agregar que gran parte de la colaboración involucra a las fuerzas de la Guardia Nacional de Ucrania, infestada de activistas neonazis, autores de los brutales ataques durante las recientes campañas ofensivas que provocaron la muerte de 6 mil civiles y milicianos en la región. El número de bajas de las fuerzas de Kiev se desconoce, pero se estima que estén en el mismo orden.
Por su parte, el bullanguero embajador estadounidense en Kiev, Geoffrey Pyatt, volvió a reforzar la campaña propagandista contra Rusia, al denunciar en las llamadas redes sociales “la mayor concentración de fuerzas de defensa antiaéreas rusas en el Este de Ucrania desde agosto.” Para corroborar su afirmación, mostró como prueba una fotografía de un sistema de defensa antiaérea Buk; ¡La fotografía fue tomada en una exposición militar realizada en Moscú en 2013!
Pyatt recibió en Washington el refuerzo del Departamento de Estado, en la persona de la portavoz Marie Harf, una celebridad por los malabarismos retóricos que hace para explicar lo inexplicable. Y para muestra, un botón; interrogada sobre la presencia de armas rusas en Donbass, no supo contestar sobre el número de las supuestas tropas de Moscú en la región: “Es realmente difícil tener información precisa sobre el número de tropas rusas, específicamente, pero sabemos que hay una presencia rusa sustancial,” dijo.
Los factores combinados de esa ecuación no auguran nada bueno. Tropas de Estados Unidos y de la OTAN en el terreno, en el Este de Ucrania, trabajando al lado de paramilitares neonazis, más las tentativas renovadas y audaces de la prensa para culpar a Rusia. Este conjunto de factores equivales al regreso a la guerra abierta, ahora con la participación de la OTAN. Las provocaciones a Rusia se tienen que ver en el marco todavía más preocupante de la acumulación de tropas, aviones de combate, navíos de guerra y proyectiles de la OTAN, liderada por Estados Unidos en todo el Este europeo –todos apuntando hacia Rusia. Esto conduce a la conclusión inevitable de que Washington está armando la coreografía de los acontecimientos para la guerra abierta con Rusia.
Además, la irracionalidad que cometió la UE en la cuestión ucraniana parece agravarse, a juzgar por las inverosímiles declaraciones de algunos de sus altos representantes hechas en un reciente seminario promovido por el Centro Wilfried Martens para Estudios Europeos. En ese seminario, en el que se analizó la posición europea ante Rusia, el eurodiputado polaco Jacek Saryusz-Wolski, vicepresidente del Partido del Pueblo Europeo (EPP, por sus siglas en inglés), la mayor bancada en el Parlamento Europeo, vociferó: “El tiempo de las conversaciones y de la persuasión terminó. Ahora es una hora de política dura, de una política realista (sic) y de concentración en defensa y seguridad, porque el flanco oriental de la UE se siente vital y existencialmente amenazado.”
Todavía más agresivo fue el vicerrector del Centro, Roland Freundenstein, quien lamentó lo que consideró la falta de preparación de Europa para una posible confrontación nuclear con Rusia: “Esto tiene que cambiar… Tenemos que dejar claro que, sí, estamos dispuestos a ir a la guerra, por lo que consideramos los principios existenciales del futuro de Europa… En Alemania, en este momento, la defensa atómica de la OTAN consiste en 20 bombas tipo B-61 de caída libre y oxidada, que podrían ser barridas con un solo golpe de las fuerzas rusas. Esas son las cosas que tenemos que cambiar –tenemos que ponernos en forma.” Los líderes occidentales, dice el aguerrido conferencista, deberían trasmitir transmitir a Rusia el mensaje claro de que su comportamiento es “inaceptable” y que Europa está preparada para resistir.
Un siglo después del fin de la Primera guerra mundial y a pocos días de la celebración del fin de la Segunda en Europa, llega a ser casi suprarrealista ver a los lidercillos europeos ávidos de una nueva conflagración en el continente – ¡con armas atómicas! En sus tumbas han de estarse revolcando de indignación y de vergüenza los líderes de la generación que vivió las dos tragedias mundiales –Charles de Gaulle, Konrad Adenauer, Alcide de Gasperi, Roberto Schumann y otros, que hace que sus sucesores parezcan payasos.
La mayor dificultad para el que escribe regularmente sobre las acciones de los EUA en el teatro europeo, es la de encontrar titulares no repetitivos para las notas que lo describen, toda vez que la agenda norteamericana tiene como objetivo central mantener la actual escalada de provocaciones contra la Federación Rusa en torno al conflicto de Ucrania

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