En Brasil el Sistema de la deuda está desnudo. El Olimpo rentista trata de calmar las aguas

 

En las últimas semanas, el Olimpo rentista que representa el centro del poder real en Brasil entró en escena para frenar la crisis política que acosa al gobierno de la presidente Dilma Rousseff, en el sentido de alejar la amenaza de su impedimento.

La señal de partida fue la entrevista del presidente del banco brasileño más grande, Bradesco, Luiz Carlos Trabuco, al periódico Folha de S. Paulo, el pasado 6 de agosto. En esta, dio dos recados: el primero es que la política económica del gobierno, con altos intereses “para reducir la inflación” y el de moda “ajuste fiscal”, para reducir los gastos públicos, está correcta; el segundo, que el país necesita salir de este “ciclo, de lo peor es mejor”. “¿Mejor para quién? Para Brasil, no es. Las personas necesitan tener la grandeza de separar el ego personal de lo que es mejor para el país”, sentenció.

 El mensaje de Trabuco fue acompañado por un manifiesto conjunto de las poderosas federaciones industriales de Sao Paulo (FIESP) y Río de Janeiro (FIRJAN), en apoyo a la propuesta del vicepresidente Michel Temer, de buscar un entendimiento entre las diversas fuerzas políticas, para superar la crisis.

Semejantes intervenciones indican que aquellos pesos pesados de la economía comparten el entendimiento de que un eventual impedimento de la presidente tendría un enorme potencial de establecer en el país una situación caótica e previsible, que golpearía a las ya de por sí debilitadas actividades económicas.

Además de las turbulencias sociales, una consecuencia inmediata sería una caída mayor de la recaudación fiscal, con impactos directos en la capacidad del gobierno de mantener el servicio de la deuda pública. Otra, más problemática para el centro del poder, sería el riesgo de que el servicio de la deuda sobrepase la barrera simbólica del 50% del presupuesto federal lo que podría dar una inoportuna visibilidad a la rebanada desproporcional devorada por el sistema rentista, dejando unas cuantas sobras para el financiamiento de las demás tareas gubernamentales. Posiblemente, este recelo fue uno de los motivos de la decisión de reducir la meta del superávit fiscal, de 1.1% a 0.5% del PIB, tomada a regañadientes por el equipo económico encabezado por el ministro de Hacienda Joaquim Levy, ex-funcionario de Bradesco.

En consonancia, lideratos políticos de peso, como el presidente del Senado, Renan Calheiros, el  gobernador paulista Geraldo Alckmin y otros, pisaron el freno de la embestida contra Dilma, así como las familias Marinho y Frias, controladoras de las organizaciones Globo y del Grupo Folha, cuyos vehículos mediáticos reflejan de inmediato el nuevo escenario.

El poderío y los lucros de los rentistas y de los bancos nunca fueron tan grandes como ahora, a pesar de los problemas económicos del país. Este año, la economía tendrá una caída de entre el 2 y el 3% del PIB. En el primer semestre, la industria retrocedió 6.3% en relación al miso período de 2014 (17.2% en el caso de los bienes de capital), y el comercio registró la mayor caída en las ventas desde 2003. La desindustrialización amenaza con regresar la participación del sector de la transformación en el PIB abajo del 10%, marca no vista desde la época de la denominada, República Vieja.

En contraste, en el mismo período, las ganancias de los cuatro mayores bancos del país batieron marcas. Santander, 18.59%; Itaú, 16.98%, Bradesco, 16.36%; el Banco de Brasil, más modesto, registró apenas un 6.3%.

La explicación para la aparente paradoja es simple: se trata del “Sistema de Deuda”, como lo llama con propiedad la ex-auditora fiscal Maria Lúcia Fattorelli. En entrevista al sitio Rede Brasil Atual del 15 de agosto pasado, explica: “Brasil es uno de los países más ricos del mundo. No debería estar en esta crisis. Pero los intereses son abusivos y estamos pagando deudas ilegales, ilegítimas. Ya hubo una CPI de la Deuda que encontró todo esto, y esos hallazgos no fueron llevados adelante. De tal forma que nuestra base monetaria (liquidez, recurso en circulación) es muy baja, en Brasil es de un poco más del 4% (del PIB). En los Estados Unidos, Europa, Japón y China la base es de casi 40%. Aquí en Brasil se hace lo contrario. En vez de aumentar la liquidez, el Banco Central retira liquidez que viene de los bancos. Todo el sobrante de la caja del banco o BC limpia y remunera o entrega títulos de deuda para el banco, pagando los mayores intereses del mundo, así son tales operaciones del mercado abierto”.

En torno a los motivos de que los intereses sean tan altos, ella afirmó. “No tienen justificación técnica, ni política, ni jurídica, ni económica, es una decisión de remunerar al sector financiero, gracias al poder que el sector financiero ejerce aquí, porque financia todas las mayores campañas políticas. Basta que usted vea el sitio del TSE (Tribunal Superior Electoral), los mayores financiadores de la campaña de Dilma y de Aécio, fueron los bancos”.

Antes de la segunda vuelta de las elecciones de 2002, cuando enfrentó a José Serra, Luiz Inácio Lula da Silva le insinuó al centro de poder su aceptación de las reglas del juego rentista, con la “Carta al Pueblo Brasileño”, en la cual se comprometía a mantener los niveles de pagos de los intereses necesarios para saciar el apetito del Sistema de deuda. En 2014, la nominación de Levy representó la “carta” de Dilma. Ahora, los indicios indican que, para los dueños del poder, el factor costo/beneficio de una eventual defenestración de la presidente podría ser muy alto –y hasta por la facilidad de arrancar más concesiones a una mandataria tan debilitada.

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