La celebración del Día de la Victoria del pasado sábado 9 de mayo, marcando los 70 años del final de la II Guerra Mundial en Europa, fue un evento realmente histórico, y no solamente por el desfile militar, el mayor de todos los tiempos. No menos simbólico fue el desfile del “Regimiento de los Inmortales”, que congregó a casi medio millón de personas que portaban retratos de familiares ya fallecidos que lucharon en el conflicto mundial, entre ellas el propio presidente Vladimir Putin, cargando el retrato de su papá. En conjunto, más de 4 millones de personas participaron en eventos semejantes, en docenas de ciudades de la Federación Rusa, donde también ocurrieron desfiles militares, aunque en menores proporciones.
Más allá de los merecidos homenajes a los combatientes, tales manifestaciones simbolizan, de forma incontestable, la determinación de la gran mayoría de la población rusa –representada por el “Ejército de ciudadanos”- en cerrar filas en torno a su liderato para defender su Estado nacional soberano, en un momento crítico de la Historia, en el cual Rusia asume una posición crucial frente al feroz empeño del bloque occidental encabezado por los EUA para consolidar un hegemonía unipolar en el escenario global.
Por si las dudas, en el breve discurso que pronunció en la Plaza Roja, Putin transmitió un certero mensaje:
“La temeraria aventura de Hitler se transformó en una dura lección para toda la comunidad mundial En ese entonces, en la década de 1930, la Europa ilustrada dejó de percibir la amenaza mortal contenida en la ideología nazi. Hoy, 70 años después, la Historia convoca nuevamente a nuestra sabiduría y vigilancia. No debemos olvidarnos que las ideas de supremacía racial y exclusivismo provocaron la guerra más sangrienta de todos los tiempos. La guerra afectó a más del 80% de la población mundial. Muchas naciones europeas fueron esclavizadas y ocupadas. (…)
“Mientras tanto, en las últimas décadas, los principios básicos de cooperación internacional pasaron a ser ignorados cada vez más. Estos son los principios que fueron duramente conquistados por la humanidad, como resultado de las provocaciones de la guerra. Vimos intentos de establecer un mundo unipolar. Vimos ganar momento al pensamiento de un bloque basado en la fuerza. Todo esto perjudica al desarrollo global sustentable.
“La creación de un sistema equitativo de seguridad para todos los estados debe volverse nuestra tarea común. Tal sistema debería ser una respuesta adecuada a las amenazas modernas, y debería reposar sobre bases regionales y globales, sin una mentalidad de bloque. Solamente así seremos capaces de asegurar paz y tranquilidad la planeta (Kremlin, 10 de mayo de 2015)”.
Antes de Putin, el ministro de Defensa Sergei Shoigu había señalado la trascendente dimensión del evento, al abrir el desfile militar haciendo la señal de la cruz a la manera ortodoxa. Comentado el hecho, el blogger The Saker, que se ha vuelto una referencia al conflicto en Ucrania, observó con su entusiasmo habitual:
“Apenas puedo imaginar el horror, la indignación y la desesperación que el gesto de Shoigu desatará en la “inteligencia liberal” (rusa) y en las capitales occidentales. Al ponerse a sí mismo y a toda Rusia en manos de Dios, Shoigu declaró una guerra espiritual, cultural y civilizatoria contra el Imperio. Y, solamente por esto, pasará la Historia como uno de los grandes hombres de Rusia (The Saker, 9 de mayo de 2015).
Los paralelos entre las décadas de 1930-1940 y la actualidad recibieron poderosos recuerdos simbólicos. Todos los desfiles militares se iniciaron con soldados llevando el pabellón de la antigua URSS al frente de la bandera de la Federación Rusa. En todos, desfilaron banderas de unidades que destacaron por su bravura en la Gran Guerra Patriótica, como los rusos llaman a la II Guerra Mundial. Y, en la Plaza Roja, un escuadrón de impecablemente conservados tanques T-34, modelo que desempeñó un papel crucial en la guerra, fue seguido por los ultramodernos T-14 Armata, considerados los más avanzados del mundo.
No obstante, el simbolismo mayor no vino de los equipos militares, sino de la tribuna, donde Putin estuvo acompañado todo el tiempo por el presidente chino Xi Jinping, rodeado de otros 26 jefes de Estado y de gobierno, incluyendo a los presidentes de África del Sur, Jacob Zuma, y de India, Pranab Mukherhee. De forma emblemática, por primera vez contingentes chinos e hindúes participaron en el desfile militar. (Es decir, miembros del grupo BRICS, la única ausencia fue la de la presidente brasileña Dilma Rousseff, quien declinó la invitación y mandó al ministro de Defensa Jacques Wagner representado a su país).
En Moscú, Xi firmó una nueva serie de acuerdos bilaterales que elevan la cooperación estratégica ruso-china a niveles inusitados, promoviendo una integración efectiva entre las iniciativas de la Unión Económica Euroasiática encabezada por Rusia y el corredor chino de la Ruta de la Seda. En la declaración conjunta emitida, los dos países manifestaron la intención de cooperar para la integración económica y el desarrollo estable de toda la región, con el objetivo de “salvaguardar la paz y la estabilidad en la masa terrestre euroasiática”.
Bien lo observó la agencia china el 9 de mayo: la presencia de Xi y la inusitada participación de soldados chinos en el desfile transmitió un claro mensaje, “China y Rusia están entrelazadas en la sustentación de un orden internacional pos-Guerra Fría y en salvaguardar la paz mundial…El desfile no fue solamente un show militar, sino un evento diplomático.”
El reconocimiento del peso específico de Rusia en este nuevo escenario global comienza a sacudir el alineamiento a la agenda hegemónica estadounidense mantenida hasta ahora por Alemania y Francia. En la primera, reflejan la inquietud los lideratos económicos, principalmente industriales, por los daños ocasionados por las sanciones impuestas a Rusia por su intervención en la crisis de Ucrania. En Francia, se libran acaloradas discusiones al respecto. En el periódico Le Figaro, el historiador Hervé Juvin puso el dedo en la llaga.
“Dicen que Putin y Rusia están aislados. Pero el presidente de la República Popular de China, Xi Jinping, y el primer ministro de India, Narendra Mori, asistieron al desfile (en realidad, fue el presidente Mukherjee, aunque Mori hubiera viajado a Moscú al día siguiente –n.e.) Ellos representan a 2500 millones de personas.
“¿La ciega tendencia de la Unión Europea a adherirse a las ideas de los EUA acaso no nos aislará del mundo? Después de la caída del Muro de Berlín, en 1989, Europa tuvo la posibilidad de una nueva organización con Rusia (…) El gran juego que recomenzó, desde la instalación de un ‘Estado mafioso’, Kosovo, a las puertas de Europa, hasta el golpe de Estado organizado en Ucrania, llevó al espantosos renacimiento de una división planeada, orquestada, del continente europeo en dos partes. El Muro de Berlín cayó. El Muro de Occidente, con el cual los intereses nacionales americanos pretenden separar a Europa Occidental del continente euroasiático y concluir su vasallaje”, está en pie. “El 9 de mayo de 2015 marca un cambio decisivo en las relaciones europeas. Y es este cambio que nos debe preocupar”.

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