El pasado 16 de agosto se iniciaron en Washington las negociaciones para ratificar el TLCAN. Desde que empezara su campaña por la presidencia de los EUA, Donald Trump había manifestado su intención de echar abajo el Tratado, al calificarlo como el peor tratado comercial que ha tenido su país, por el déficit comercial de alrededor de 64 mil millones de dólares que tiene con México.
Por conveniencia, o por darle largas al asunto para mantener una amenaza constante contra México, Trump se mantiene en lo mismo. En un discurso pronunciado en Arizona este 22 de agosto, a pocos días de que se habían iniciado las negociaciones, dijo: “Personalmente no creo que podamos hacer un trato, creo que probablemente terminaremos el TLCAN en algún punto”, además de ratificar el deseo de su administración de seguir construyendo el muro en la frontera.
Hasta el momento, la única parte que tiene interés en mantenerlo es el gobierno mexicano, pese a que se ha visto forzado a reconocer que las primeras discusiones terminaron en nada. Así el encargado de las negociaciones por parte de México, Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, nerviosamente declaró: “El TLC no se está tambaleando. Hay cosas que no van a ser fáciles, pero de eso a decir que se está tambaleando es una percepción equivocada”.
En un escueto comunicado emitido por la secretaría de Economía de México, al término de la primera ronda dice que “los negociadores de cada país seguirán haciendo consultas y trabajarán para avanzar en la elaboración de textos de negociación”.
Y es que dentro de los parámetros en que se delineo el TLCAN hace más de 20 años no habrá ningún cambio favorable para el país, a no ser pequeños ajustes para amortiguar el peso de la devastación económica. Desde que fue pactado por el presidente Carlos Salinas de Gortari, el acuerdo rebasaba los límites del comercio, y se concebía para de hecho entregar el destino del país a la casta del poder anglo-americano. Así, podemos afirmar que el TLCAN fue un convenio sustentado por el denominado Nuevo Orden Mundial, instaurado por el presidente George Bush al inicio de la década de los 1990s, arreglo que desembocó en la globalización financiera. En la medida en que esta fue avanzando, México fue paulatinamente entregando su soberanía, industrial, agrícola, y financiera. De manera que el cambio que México merece solo se producirá fuera de ese modelo.
A grandes rasgos el saldo del TLCAN es el siguiente:
Hoy México importa el 43% de los alimentos que consume. Tiene que destinar 15 mil millones de dólares anuales, casi el equivalente de los ingresos petroleros. Se importan alrededor de 10 millones de toneladas de maíz, la mitad del trigo que se consume, 80% del arroz, entre el 30-50% del frijol y el 30% de la leche en polvo. En este lapso han quebrado más de 600 mil unidades productoras de leche. El sector bancario hoy está prácticamente en poder de bancos extranjeros. Hay más de 53 millones de pobres y el éxodo de mexicanos hacia los EUA se incrementó exponencialmente a partir de 1994.
Entonces porque México es el único de los tres países que insiste en mantener al país atado al TLCAN. La panacea es que el sector exportador hoy aporta el 38.15% al Producto Interno Bruto, mientras que antes de 1994 era solamente el 13.3%. Esto es lo que tiene maniatado al país, o sea ser un país exportador, pobre, dependiente de los Estados Unidos a quien destina el 75% de sus exportaciones.
Además del gobierno mexicano, quien mantiene la presión para continuar el tratado son los carteles de alimentos y de comercio.
Por ejemplo, un grupo de 32 dirigentes empresariales (CEOs) del vecino país del norte plantearan en una carta dirigida a la Casa Blanca en el pasado mes de mayo lo siguiente;
“Animamos a la Administración a proceder de forma rápida y trilateral (…), la incertidumbre sobre el futuro de Estados Unidos en términos de comercio con Canadá y México suprimiría el crecimiento económico y podría causar reacciones políticas que dañen a los exportadores estadounidenses”.
Entre los firmantes está el CEO del cartel alimenticio Cargill, David MacLennan y Lance Fritz de la Union Pacific Corp que maneja el 70% del comercio ferroviario entre México y Estados Unidos.
Por su parte la Federación Canadiense de Agricultura (CFA), la Federación Americana de Oficinas Agropecuarias (CABF) y el Consejo Nacional Agropecuario de México emitieron un comunicado pidiendo una modernización del tratado en lugar de desmantelarlo, argumentando que el comercio agroalimentario ha tenido un fuerte incremento. México exporta alrededor de 24, 824 millones de dólares en productos, principalmente frutas y hortalizas, tequila y cerveza.
Poco antes de que se iniciaran las negociaciones el presidente Trump había declarado que uno de los capítulos a debatirse y posiblemente a derogarse es el capítulo 19 el cual permite el establecimiento de un mecanismo de solución de diferendos comerciales por dumpings y subsidios y evita que las controversias se resuelvan en los tribunales de cada país.
Ante esto, la empresa Cargill declaró:
“Estos mecanismos, son una póliza de seguro crítica para la agricultura y los inversionistas estadounidenses en general, ayudando a asegurar que las compañías estadounidenses que operan en el extranjero tengan el mismo nivel de protección en los mercados extranjeros que el que recibirían en los Estados Unidos.
Igualmente Trump había planteado los aumentaran salarios en México, postura que fue fuertemente respaldada por los sindicatos canadienses y la central sindical norteamericana AFL-CIO. Al impulsar los estándares laborales, se protegería la mano de obra de sus países, principalmente en las fábricas automotrices que se aprovechan de los bajos salarios mexicanos en la industria, ahorrando hasta el 89% de sus gastos en personal. Mientras que el salario promedio mexicano es de 2.9 dólares por hora, el norteamericano es de 26 dólares la hora.
Al respecto, Jerry Dias, presidente de Unifor, un poderoso sindicato dijo que México no quería abordar el tema del alza salarial. Planteó que con la implementación del TLCAN, en Canadá se cerraron 4 plantas automotrices y en EUA pasó lo mismo en 10, mientras que en México se abrieron 8. “En México, los salarios son tan bajos que no se puede competir con ello, y eso explica que 53% de la población viva en la pobreza”.

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