Por un nuevo enfoque cultural en las relaciones con Rusia

La casa editorial de la entidad católica Kirchen in Not (La Iglesia Necesitada), publicó a finales de 2014 en Múnich un libro que lleva el título de, «La construcción de un puente entre Roma y Moscú. Dos décadas de reconciliación y de ayuda para la reconstrucción de la Iglesia Ortodoxa Rusa».

De una forma muy inusual, así como emotiva, la escritora Eva-Maria Kolmann nos lleva por la historia del diálogo entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa Rusa, el cual se inició hace ya 20 años. El impulso más grande a este «diálogo de amor» fue el que le diera el Papa Juan Pablo II a mediados de los años noventas del siglo pasado. En una audiencia que le concediera Juan Pablo II, el padre Werenfried von Straaten, fundador de la mencionada organización católica por allá de 1947, rindió un informe sobre su viajes entre 1992 y 1994 a Rusia y de las reuniones que sostuviera con el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, Alexei II. El Papa le sugirió entonces que con la ayuda de su asociación de caridad «Iglesia Necesitada» se concentrase en la construcción de un diálogo entre las dos iglesias. El objetivo sería allanar el camino entre las dos iglesias hermanas, separadas desde el sisma de 1054, para encontrar soluciones comunes para los urgentes problemas de nuestro tiempo.

Se trata de un proyecto histórico, en especial si vemos esto en el contexto de los trágicos acontecimientos que rodean el conflicto ruso-ucraniano y la desconcertante ignorancia que muchos políticos y la prensa de Europa Occidental manifiestan respecto a la tradición espiritual de Rusia. Este proyecto podría servir de guía para un nuevo inicio de las relaciones entre Europa Occidental y Rusia.

En el congreso «Punto de Reunión de la Iglesia Mundial» organizado en 2011 por Iglesia Necesitada en Wuerzburg, Alemania, tuvo lugar por primera vez un encuentro muy significativo entre el Cardenal Kurt Koch (Presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad Cristiana) y el Metropolitano Ortodoxo Ruso Hilarión, quien en ese entonces calificaba las relaciones de las dos iglesias de «alianza estratégica.» Cristianos ortodoxos y católicos se consideraban a sí mismos «aliados» dadas las enormes dificultades de nuestro tiempo. «El matrimonio tradicional cristiano y la familia, dijo Hilarión, el valor de la vida humana desde la concepción hasta la muerte en nuestro mundo secularizado de forma radical se ponen en duda y se reinterpretan, (…) y las iglesias Ortodoxa y Católica son las únicas que protegen la vida familiar tradicional. Esto significa que podemos unir nuestras fuerzas para defender los valores tradicionales.» La alianza estratégica de las dos iglesias exige el «compromiso común para la protección de la identidad cristiana de Europa y la defensa de la tradición cristiana de la cultura europea.»

Unidos contra el pesimismo cultural y la relativización de los principios universales

Lo que une a las dos iglesias es su reacción a la profunda crisis antropológica y cultural que está envolviendo a los pueblos de Este y Oeste, una crisis que se refleja en la negación radical de los principios universales. Ambas iglesias están unidas también en la preocupación por la creciente discriminación de los cristianos en Medio Oriente. Esto se manifestó de manera particular cuando en septiembre de 2013, el Papa Francisco y el Patriarca Ortodoxo Ruso Kirill de Moscú, en uno de los peores momentos de la crisis de Siria y en ocasión de la reunión cumbre del G-20 de San Petersburgo, escribieron una carta a los presidentes Putin y Obama en la que advertían contra la intervención militar en Siria.

Uno de los proyectos especiales de Iglesia Necesitada es el apoyo a proyectos entre las diferentes iglesias en el ambiente de cultura y prensa ruso cristiano. Un ejemplo es «Blagovest Info,» una agencia de prensa rusa con sede en Moscú que se hizo famosa cuando en 2008 produjo una película sobre el Papa Benedicto XVI. Por primera vez en la historia, el Papa pudo dar un discurso al pueblo ruso cuando esa película de trasmitió el 16 de abril de 2008 en la televisión estatal rusa. Peter Humeniuk (encargado de los asuntos rusos en Iglesia Necesitada) quien tuvo la idea original de la película y luego supervisó el proyecto, la calificó de «acontecimiento histórico,» por el hecho de que por primera vez los rusos tuvieron la oportunidad de ver al Papa como una «persona venerable, amable y cálida.»

Otro proyecto de las dos iglesias es la «Biblioteca espiritual,» la cual se fundó en 2004 y que funciona como un centro cultural y espiritual en el corazón de Moscú. Allí se pueden estudiar las obras de escritores teológicos católicos y ortodoxos, entre ellos las del Cardenal Ratzinger «Introducción al Cristianismo,» la traducción del Catecismo católico, así como el libro «La ética del bien común» publicado en 2007 por el Cardenal Bertone, con la introducción escrita por el Metropolitano Kirill.

En su discurso histórico en la televisión estatal rusa de 2008, el Papa Benedicto XVI habló de la gran estimación que sentía por el pueblo ruso y por la Iglesia Ortodoxa Rusa: «Rusia es de verdad muy grande, en una variedad de diferentes formas -en su enorme escala geográfica, en su larga historia, en su magnífica espiritualidad, en la variedad de su expresión artística. En el siglo pasado, el horizonte de vuestra noble tierra, que al igual que otras regiones del continente europeo, se oscureció por sombras de sufrimiento y violencia, sombras que fueron, sin embargo, enfrentadas y vencidas por la luz espléndida de tantos mártires -ortodoxos, católicos y de otros creyentes, que murieron bajo la opresión de feroces persecuciones. El amor de Cristo aun en el martirio, nos recuerda la necesidad urgente de restaurar la unidad entre cristianos, un deber con el que la IglesiaCatólica se siente irrevocablemente comprometida.»

El ecumenismo de los mártires

El Papa Benedicto XVI se refirió también a la historia de las dos iglesias que las llevó a acercarse entre sí: el martirio que muchos cristianos devotos sufrieron. Un martirio particular fue el que sufrió la Iglesia Ortodoxa Rusa luego de la Revolución de octubre de 1917. El libro de Eva-Maria Kolmann cuenta que los íconos y las cruces cristianas fueron arrancadas de las iglesias, se persiguió a los cristianos e incontables iglesias fueron transformadas en cines, clubs, albercas o almacenes.

«De aproximadamente 60 000 iglesias en las que se celebraba la divina liturgia antes de la Revolución de octubre, veinte años después sólo sobrevivían 100.» «En sólo dos años luego del inicio de la revolución se había asesinado a 15 000 sacerdotes. Más de 300 obispos fueron ejecutados o murieron en el cautiverio. El monasterio de las islas Solowetzki, donde han vivido monjes desde el siglo XV, se convirtió en un campo de concentración. Las islas, una isla principal, cinco menores y numerosas islas pequeñas, se encuentran a 150 kilómetros del círculo polar ártico en el mar Blanco. El invierno allí dura ocho meses y las noches polares parecen no tener fin. Pero por siglos la vida monástica ha florecido, y el monasterio se convirtió en uno de los centros espirituales más importantes de Rusia. Allí los íconos pintados y otras artes se practicaron con enorme perfección. En la segunda mitad del siglo XVI se construyeron siete iglesias y en el siglo XVII vivían allí 300 monjes.
Se construyeron también numerosas ermitas. En 1920, luego de la llegada de los bolcheviques, el monasterio se disolvió. Se cerraron casi todas las iglesias, los íconos fueron confiscados y la enorme biblioteca fue cerrada. En 1923 desapareció el monasterio. En su lugar se construyó un campo para la ‘reeducación del hombre nuevo.» (El escritor ruso Alejandro Solzhenitsyn en su libro «El archipiélago Gulag» hace referencia a esto.)

Eva-Maria Kolmann escribe: «Casi toda la élite intelectual de la Rusia pre revolucionaria fue encarcelada en este lugar. Entre los prisioneros que sufrieron en este campo estuvo el abuelo del actual Patriarca Ortodoxo Ruso Kirill, quien fue también sacerdote ortodoxo. Sobrevivió a la prisión, pero fue encarcelado nada menos que en 46 campos diferentes y fue deportado en siete ocasiones. Al final de la Unión Soviética, casi medio millón de personas -entre ellas 320 000 sacerdotes- habían pagado por su fe en Cristo con un terrible sufrimiento, con la cárcel y con sus vidas.»

La historia que relata la escritora sobre el horrendo martirio que sufrieron la Iglesia Ortodoxa Rusa y sus fieles bajo el comunismo, hace más claro el dudoso carácter de las campañas que dirigen actualmente políticos y prensa occidentales contra la «tradición espiritual» de la Iglesia Ortodoxa Rusa, la cual, al lado del presidente Putin, dicen, quiere restaurar el «Imperio ruso.»

Lo que une a las dos iglesias

El ícono de la Madona de Kazán es un símbolo especial de la unidad de las dos iglesias. Luego de la conmoción de la Revolución de octubre, el ícono llegó a Occidente. El ícono fue devuelto en 2004 a la Iglesia Ortodoxa Rusa por el Papa Juan Pablo II; fue entregado solemnemente por el Cardenal Walter Kasper al Patriarca ortodoxo ruso Alexeji II. Luego, el ícono fue llevado a 750 kilómetros al Este de Moscú, precisamente a Kazán, la capital de Tatarstán, donde el 60 por ciento de la población es islámica.

De una forma muy sensible y profunda, la escritora informa de algunos proyectos de la Iglesia Ortodoxa Rusa, la que en los últimos años ha disfrutado del respaldo de la fundación pontificia Ayuda para la Iglesia en la Necesidad.

En estos se incluye el de los «barcos capilla.» En Volgogrado (anteriormente Stalingrado) a 1 000 kilómetros al Sudeste de Moscú, en los bancos del río Volga, comenzó el más famoso proyecto de la Iglesia Necesitada. Por allá de 1998 el Metropolitano Germán se enfrentaba a una difícil situación: cuatro millones de personas vivían en el territorio de su diócesis, la cual se extiende por 14 000 kilómetros cuadrados. Sin embargo, casi no hay iglesias, porque una gran parte de las iglesias fueron destruidas durante la Segunda Guerra Mundial. Muchos pueblos y aldeas se encuentran en los márgenes del Volga. Así que el metropolitano tuvo la idea de resolver este dilema con la ayuda de «iglesias flotantes», nacieron los mundialmente famosos «barcos iglesia,» cuya construcción fue respaldada por Iglesia Necesitada cuya construcción fue realizada por Vladimir Koretzky. El día de hoy tres buques sobre el Volga y el Don van al encuentro de los fieles que viven en pueblos donde no hay iglesia. Son un signo de la buena cooperación entre cristianos católicos y ortodoxos.

El poder de la fe

«De la Casa de la muerte al lugar de la vida» es el título de un capítulo particularmente impresionante del libro.

Informa de la labor infame y de los campos de prisioneros, entre los cuales el de Kolyma es notorio. «Es un Gólgota de nuestro tiempo y es tan simbólico como Auschwitz. Miles de prisioneros murieron en Kolyma y sobre sus huesos se construyó una carretera que conduce a unas minas de oro a 300 kilómetros, en las que miles de prisioneros tuvieron que trabajar en labores forzadas. A causa de las enormes humedades y de otras condiciones adversas el camino recorre casi el doble de distancia. Posteriormente se extendió 1 700 kilómetros más hasta Yakutsk. La carretera es en realidad una fosa común, un enorme cementerio que no recuerda en nada a los muertos. «Uno de los prisioneros, quien sobrevivió a esos horrores se llama Bronislava, de Lituania. Fue detenida en 1948, acusada de actividades contrarrevolucionarias; fue deportada en vagones de ganado por más de 6240 kilómetros hacia Vladivostok. Para darse fuerzas durante su encarcelamiento en el campo de trabajo, mezcló bolitas de pan con ceniza y las ensartó en una cuenta. Cortó una cruz de jabón y formó un Rosario que escondió entre sus vestidos. Aun en las condiciones más inhumanas y adversas, fue capaz de dar con su fe fuerza y consuelo a muchos prisioneros.

Otros proyectos entre las dos iglesias incluyen seminarios para la educación de sacerdotes ortodoxos jóvenes, en los que suelen enseñar con frecuencia teólogos católicos. Se fundaron, además, dos institutos especiales; un instituto de estudios y lenguas orientales en las zonas dominadas por el Islam de la Federación Rusa, y otro de estudios de Asia, el cual incluye entrenamiento especial en lenguas asiáticas para seminaristas ortodoxos jóvenes.

Al final de este precioso librillo ilustrado se incluye una frase de Peter Humeniuk: «No podemos imaginar a Europa como un espacio que termina en la frontera oriental de la Unión Europea. Debemos pensar en Europa como una comunidad de principios y cultura cristianos que se extienden de Lisboa a Vladivostok.»

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