El encuentro más esperado del año, el de los presidentes Vladimir Putin y Donald Trump, ocurrió, finalmente, en los bastidores de la cumbre del G-20 en Hamburgo, Alemania, celebrada entre el 7 y 8 de julio. Duró más de una hora con 45 minutos, más que la media hora prevista y ofuscó al resto del grupo.
Por lo demás, como ha sido costumbre, la cumbre de las 20 economías más grandes del mundo produjo poco más que un manifiesto de poca importancia sobre la concordancia casi unánime de rechazar el proteccionismo económico y preservar el acuerdo sobre el clima de París (en ambos, las preguntas, el “casi” corrió por cuenta de los EUA de Trump). En el programa, no hubo alguna propuesta sustantiva par reorientar a la economía global por los caminos de un desarrollo real, basado en las actividades productivas y no en la hipertrofia de las operaciones especulativas financieras, lo que llevó a la crisis de 2008 y amenaza con desatar otra mayor, en un futuro no determinado, pero próximo.
En cuanto a la reunión Putin-Trump, lo más relevante es que haya ocurrido, y no necesariamente como pretendían los círculos belicistas de Washington, con el titular de la Casa Blanca adoptando una actitud agresiva frente al líder del Kremlin, en especial cobrándole una supuesta interferencia rusa en las elecciones presidenciales estadounidenses.
Trump animó un poco a los pirómanos con su discurso en Varsovia, Polonia, en la víspera de la cumbre, en el que instó a Occidente a “defender sus valores” ante una creciente asertividad rusa en Europa. Pero al compartir con Putin dijo que era “un honor” conocerlo personalmente, dando inicio a un diálogo en que, además de la duración no prevista, el lenguaje corporal de los dos jefes de Estado demostraba una evidente afinidad mutua. Por su parte, Putin se dijo “encantado” con el encuentro.
Evidentemente, el “gobierno mundial” con sede en Washington, para cuyos planes es crucial un estado de confrontación permanente entre las dos superpotencias, trató de presentar a Trump como un individuo flagrantemente “derrotado” y “manipulado” por el presidente ruso. Un artículo del sitio Politico.com del 7 de julio lo dice todo. “Trump le concedió a Putin una victoria impresionante”.
En términos prácticos, el encuentro resultó en la intención de celebrar un acuerdo de cooperación en seguridad cibernética y, más importante, un acierto sobre un cese-al-fuego supervisado por ambas superpotencias, en el Sudeste de Siria, en la crítica zona fronteriza del país con Jordania e Israel. El aspecto más relevante es que el acuerdo será observado in loco por fuerzas militares y policiales rusas, que ya llegaron a la región (para desagrado de Tel Aviv, que prefería tropas estadounidenses).
Por otro lado, es de esperarse que los radicales del Establishment estadounidenses atrincherados en el Pentágono, en el Departamento de Estado, en el Consejo de Seguridad Nacional y en la Agencia Central de Inteligencia (CIA) sigan echando mano de todo su vasto repertorio de trucos sucios para sabotear cualquier perspectiva positiva creada por el encuentro en Hamburgo, en especial, en cuanto al conflicto sirio, el cual se encuentra en una fase decisiva.

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