Los derivados y la bancarrota del método económico

Economia-Itália

En los últimos años, los gobiernos italianos adquirieron diversos tipos de derivados financieros con 17 bancos internacionales y dos bancos italianos, los cuales, en diciembre de 2014, detentaban un valor  hipotético de 163 mil millones de euros. Hoy, estos tienen un valor de mercado (mark to market) negativo en más de 42 mil  millones de euros. Esta es la cantidad que debería ser desembolsada si sus contratos concluyeran en este momento. En verdad, su maduración no es inmediata, pero eso resalta los peligros de los derivados –y la irresponsabilidad de aquellos que los negociaron.

De cualquier manera, en tan sólo cuatro años, de 2001 a 2004, el gobierno italiano perdió nada menos que 13 mil millones de euros en daños por los derivados. Este dinero salió “furtivamente” del presupuesto público hacia las cuentas de los bancos usuales “tan grandes para caer”. Al mismo tiempo, se recuerdan los dolores de cabeza ocasionados por encontrar algunas centenas de millones de euros para los trabajadores, los desempleados, los eventuales, los pensionados y las medianas y pequeñas empresas (PYMEs). Quizá, todo esto fuera un juego escénico, para desviar los reflectores de los miles de millones que fluyeron en silencio a los cofres de los bancos internacionales.

 “La pasada experiencia haría presumir que…” Todas las justificativas de los incompetentes siempre comienzan con estas palabras, lo que también ocurrió con algunas transacciones fraudulentas con derivados. Más que una injustificable disculpa, ellas revelaron el pensamiento en bancarrota que ha dominado la política económica, tanto en Italia como en otras partes del llamado mundo desarrollado.

   Las estadísticas son muy útiles para el análisis económico. El estudio de las experiencias del pasado es, ciertamente, importante para evitar la repetición de ciertos errores. Pero las decisiones de política económica para el presente y el futuro no pueden estar basadas solamente en los precedentes. La economía requiere una capacidad de análisis precisa de sus leyes y tendencias para soportar las opciones, decisiones y acciones correctas.

¿Cómo funciona la economía real? ¿Cuál es el papel del crédito? ¿Cuáles deben los límites de las finanzas? Estas son algunas de las preguntas que no pueden ser respondidas con estadísticas. Los gobiernos deben ser capaces de formular las políticas correctas, incluso con la ausencia total de datos estadísticos, con políticas que sean calibradas en la medida en que son implementadas.

En las finanzas, la insistencia de mantener un rumbo solo porque hasta ahora toda ha ocurrido bien, en lugar de proseguir con un método “paso por paso” continúo, puede resultar en una catástrofe sistémica. De hecho, inicialmente, toda la especulación y burbujas financieras excitan la imaginación, estimulan una ganancia mayor y generan una sensación de cuasi omnipotencia. El comportamiento  fraudulento de la especulación engaña y esconde la verdad. Pero, cuando ella se manifiesta, la quiebra de los  desprevenidos y engañados es realmente dolorosa.

Sin embargo, el crecimiento progresivo y exponencial de los derivados más peligrosos, como los llamados “de ventanilla” (over_the-counter u OTC, en inglés), que quedan fuera de los mercados regulados y no son contabilizados en los balances financieros, debería haber sonado la alarma para todos los economistas y, especialmente para los gobiernos. Esta burbuja inició en 1998, después de la eliminación de la Ley Glass-Steagal, establecida, en los EUA, en 1933, por el presidente Franklin Roosevelt, como una de las principales medidas para enfrentar la Gran Depresión. Aquella ley prohibía que los bancos comerciales utilizaran el dinero para sus clientes en operaciones especulativas y sus impactos positivos trascendieron en mucho las fronteras de los EUA, y se imitó en todo el mundo occidental.

En las últimas décadas, los derivados OTC han crecido de manera desproporcional y a vista de todos con la complicidad más o menos consciente de las autoridades encargadas del control de los servicios bancarios y financieros. En 1998, su cantidad  era de 30 billones de dólares y, desde entonces, su crecimiento ha sido continuo: 140  billones, en 2002; 250 billones, en 2004; 420 billones, en 2006; y 600 billones en 200. En junio de 2008, en la víspera del colapso de Lehman Brothers y de la crisis global, eran 683 billones. Actualmente, el total está en casi 700 billones.

Es por lo menos desconcertante el hecho de que no se haya comprendido la gravedad de esta anormal tendencia. Es increíble que alguien todavía crea seriamente que los derivados sean una especie de “póliza de seguros”. ¿Porqué los contratos de derivados son mantenidos en secreto, por miedo de una desestabilización financiera? No es posible que se ignore que ellos son mayoritariamente manejados por una colusión de una docena de bancos “demasiado grandes para caer”.

Es necesario que los gobiernos europeos e internacionales dejen de lado las definiciones académicas sobre los derivados y enfrenten la dura realidad sobre ellos y las burbujas especulativas que provocan. Dejar de hacerlo resulta fatal para la economía mundial. Es bien conocido el hecho de que, en dosis más pequeñas, el veneno también puede ser útil- pero que no se intente ¡con cianuro!

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