¿Qué trama el “ejército” del Movimiento Sin Tierra al provocar a los militares

Evamulher-forte

Es de suyo evidente que el gobierno de la presidente Dilma Rousseff no tiene por qué agregar más pólvora a la inestabilidad institucional de su gobierno, por lo cual resulta inexplicable, a primera vista, la firma del Decreto 8.515, el cual delega al ministro de la Defensa una serie de atribuciones anteriormente asignadas a los comandantes militares:  transferencia, reforma y promoción de oficiales, designación de capellanes militares y el intento de intervenir en los currículos militares. Transferir tales atribuciones, siempre fue uno de los objetivos de la denominada Comisión Verdad, lo que evidentemente provoco  un malestar  en la estructura jerárquica de las Fuerzas Armadas.  Lo peor de todo es que el decreto, publicado con la firma de la Presidente de la República apareció firmado también por el almirante Eduardo Bacellar Leal Ferreira, ministro interino de la cartera, quien negó haber tenido conocimiento previo de esto.

De acuerdo a la periodista Tania Monteiro en un reportaje publicado en el periódico  O Estado de São Paulo, la Oficina de Comunicación Social de la Presidencia de la República informó que el envío del decreto a la presidente atendía a una solicitud de la secretaria general del Ministerio de la Defensa, Eva María Cella Dal Chaivon, figura estrechamente vinculada con la dirigencia del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST).

No obstante, el ministro Jacques Wagner, que inicialmente afirmó haber sido sorprendido por la noticia, al día siguiente en una nota oficial, afirmó  que “puedo asegurar que no hay ningún interés de la presidente Dilma de quitar poderes naturales y originales de los comandantes. No he estudiado todavía el decreto, pero este trata de normalizar las prerrogativas de cada instancia con la creación del Ministerio de la Defensa y no de quitar lo que es la instancia de los comandantes”.   El ministro defendió el decreto, pues la publicación de este “obedece a la consolidación institucional del Ministerio de la Defensa y no hiere el papel constitucional de las Fuerzas Armadas.”

El decreto que se le presentó a la presidente para estampar su firma tiene el propósito manifiesto de una confrontación con la cúpula militar y muestra al mismo tiempo el desprecio absoluto por la misma figura del Presidente, quien se dijo sorprendida por la repercusión del decreto.  El episodio transluce que el núcleo duro del PT comienza a actuar en la perspectiva de que la presidente no tiene ya más condiciones para mantenerse en el poder.  De manera que  la opción para la supervivencia del PT, o lo que sobra de él, será el  radicalismo jacobino.

En febrero ya habíamos anotada los primeros signos:  “Esa visión fue manifestada, primeramente, por el ex presidente Lula da Silva, el 24 de febrero, cuando amenazó con convocar el “ejército de Stédile” –referencia a Joao Pedro Stédile, el líder jacobino del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierras (MST)-, en supuesta defensa del gobierno de Dilma Roussef.

“Una semana antes, el 8 de marzo, en Caracas, Venezuela, Stédile pronunció un discurso en una celebración oficial que contaba con la presencia del presidente Nicolás Maduro, quien enfrenta una radicalización política mucho más grave que la brasileña.”

Esa radicalización consciente y absurda constituye una afrenta a las instituciones nacionales, a las mismas Fuerzas Armadas y a la población brasileña, que se oponen a los métodos violentos del MST.  La verdad es que pensar que un “ejército” protoinstitucional de jacobinos pudiera ser el apoyo político a un gobierno con índices de popularidad que caen en picada, es o una ilusión vana, o un estado de  disfuncionalidad mental de ciertos líderes del PT, que actúan dentro o fuera del Palacio presidencial de  Planalto.

En junio pasado, el comandante del Ejército, general Eduardo Villas Boas, en homenaje al general Leónidas Pires Gonçalves durante sus exequias en el Palacio Duque de Caixas, sede del Comando Militar del Este, en Río de Janeiro, fue enfático respecto a la Comisión de la Verdad:  “Los soldados de su ejército no consentirán que la rectitud de su carácter ni que la trascendencia de su alma sea manchadas por versiones históricas capciosas que tratan de imponer verdades de ocasión.”  La Comisión de la Verdad, -que al igual que en otras naciones de Iberoamérica se erigieron para juzgar los alegatos de violación de derechos humanos cometidos por los militares en el poder-,  en el caso de Brasil fue instalada arbitrariamente para reabrir un episodio histórico que ya se había resuelto en una amnistía acordada cuando el gobierno militar entregó el poder a los civiles.

Para palpar el ánimo que existe en las Fuerzas Armadas, recordamos que en junio pasado, el general Vilas Boas fue enfático al calificar la política gubernamental para la cuenca del Amazonas de “déficit de soberanía.

x

Check Also

Comando Sur y la OTAN: de regreso a lo que será el futuro del hemisferio occidental

MSIa Informa, 26 de marzo de 2021.-La reunión realizada en la sede del Comando Sur ...