El malestar europeo con Trump

Dos semanas después de la toma de posesión de Donald Trump de la Presidencia de EEUU, importantes especialistas europeos involucrados en la formulación de las relaciones transatlánticas de las últimas décadas han manifestado una gran inquietud con ciertas actitudes del nuevo gobierno.  Tanto círculos de pensamiento estratégico europeos como analistas estadounidenses en Europa, coinciden en la apreciación de que el presidente Trump es una personalidad altamente “imprevisible,” “caótica” y “divisionista.”  Tan sólo en sus primeros días en la Casa Blanca ya firmó una serie de decretos que pusieron de cabeza todas la “certezas” que determinaron las relaciones Transatlántica de las últimas seis décadas.

A principios de este año participé en un debate en el Mid Atlántic Club (MAC), en Bonn, sobre las perspectivas de las relaciones transatlánticas.  Entre las cuestiones que se discutieron destacan: ¿Cómo serán las relaciones transatlánticas con el presidente Trump? ¿Cómo quedarán las relaciones económicas EEUU-Unión Europea (UE) y EEUU-Alemania?  ¿Hasta qué punto el nuevo gobierno es una “llamada de atención” para que Europa se mantenga unida y exprese sus propios intereses?

Como dijo, en una reunión posterior en el MAC, un representante estadounidense, “las cosas están cambiando de una forma fundamental en Washington desde que el presidente Trump tomó posesión.”  La reciente comunicación telefónica entre Trump y la canciller Angela Merkel fue calificada de “buena conversación.”  Las acusaciones de Trump contra la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) de que es una organización “obsoleta” no deben tomarse contra la organización en sí, pero expresan su visión de que algunos países miembros no están pagando lo que deberían a ella.

Trump visitará Alemania para la reunión cumbre del G-20 de Hamburgo, que se realizará los días 7 y 8 de junio de este año, y ya invitó a Merkel a visitar Washington.  El secretario de Estado, Rex Tillerson, deberá participar de la Conferencia de Seguridad de Múnich, del 17 al 19 de febrero, en tanto que el secretario de la Defensa, James Mattis, ya se reunió con sus pares de la OTAN en Bruselas el 10 de febrero.

 

“EEUU primero”

El concepto clave del gobierno de Trump es “Estados Unidos primero.”  Como expresó un estratega estadounidense en la reunión de Bonn, Trump está reafirmando algunos de los principios del “Tratado de paz Westfalia,” que colocan en centro de la pauta los intereses del “Estado nacional.”  Si se sigue la lógica de Trump, “EEUU primero” y “hagamos grande a Estados Unidos de nuevo,” significan que “Estados Unidos no se definen como una ‘súper potencia moral,’ sino que se ven como un riguroso defensor de intereses nacionales.”

Un veterano especialista alemán en defensa y seguridad, por su parte, manifestaba preocupación por el futuro de las relaciones transatlánticas y señalaba algunos cambios estructurales “permanentes” e irreversibles en la alianza, mientras que un eurodiputado se mostraba preocupado por el “proteccionismo” que podría surgir en Estados Unidos, con la posibilidad de imposición de tarifas de importación punitivas sobre productos europeos.  Para él, los acuerdos comerciales internacionales importantes fueron dejados de lado, lo cual podría acarrear daños para el bienestar del bloque europeo.  Al mismo tiempo se mostró preocupado con el ascenso del “populismo” en Europa, que podría poner en jaque a la misma democracia.

El representante estadounidense respondió que, desde el punto de vista de Estados Unidos, “la UE está más frágil que nunca.”  Por consiguiente, Europa haría bien en “tocar la puerta” del gobierno de Estados Unidos y decir claramente lo que tenga que decir.  Recalcó, al mismo tiempo, que la óptica de Trump implica una clara “orientación doméstica” y que él y sus asesores están, en general, más interesados en acuerdos bilaterales.  “Todo lleva al asunto de la soberanía,” resaltó.

 

Principios políticos claves del gobierno de Trump

Varios comentaristas recalcan que los electores estadounidenses que eligieron a Trump votaron contra el libre comercio, la emigración y contra la “élite gobernante de Washington,” la cual, para muchos ciudadanos del país, es una de las fuentes de la profunda división que afecta a la sociedad estadounidense.  Como afirmó uno de los especialistas ya mencionados, “las personas votaron preocupadas por su lugar en la sociedad.  Recelan que el país en el que viven no es el país en el que nacieron.  Para ellas, Trump es la última oportunidad de retomar una visión de futuro que, en su percepción, se desmoronó hace 25 años.”  Muchos están preocupados con la enorme deuda nacional, que ya llega a los 18 billones de dólares.  Y otro tema es la migración.  En 1988 había 12 millones de emigrantes en el país; hoy son 42 millones, además de otros 15 millones de ilegales.

El estratega estadounidense comentó la declaración de Rex Tillerson en su audiencia de confirmación en el Senado.  Al hablar sobre las nuevas dificultades con las que se enfrentará Estados Unidos, en particular el terrorismo y las amenazas externas, resaltó que:

“Nosotros somos la única superpotencia con los medios y con la brújula moral necesarios para mejorar el mundo.  Si no lideramos, corremos el riesgo de hundir todavía más profundo al mundo en la confusión y en el peligro.  Pero nos hemos tropezado.  En las últimas décadas hemos creado dudas sobre el liderato estadounidense.  En algunos ejemplos, nos retiramos del mundo.  En otros, intervenimos con buenas intenciones, pero no conseguimos obtener la estabilidad y la seguridad mundial que pensábamos”.

Sobre las relaciones con China y Rusia, Tillerson afirmó que “China ha sido un valioso aliado en la represión de ciertos elementos del radicalismo musulmán.  No debemos dejar que los desacuerdos en otros asuntos excluyan los campos para una sociedad productiva.”  Sobre Rusia, aunque haya advertido sobre una nueva “asertividad agresiva” de Moscú, por otra parte subrayó que:

“Necesitamos un diálogo franco y abierto con Rusia sobre sus ambiciones, de modo que podamos trazar nuestro propio camino. (…) Para la cooperación con Rusia fundada en intereses comunes, tales como la reducción de la amenaza global del terrorismo, debemos explorar esas opciones.  Donde permanezcan diferencias importantes, tenemos que ser firmes en la defensa de los intereses de Estados Unidos y de sus aliados, como principios”.

Para el estratega, el mensaje de la audiencia de Tillerson está en la línea de “debemos ver el mundo y construir nuevas sociedades.” El concepto “Estados Unidos primero” determinará futuras acciones en lo que toca al establecimiento de acuerdos bilaterales y otros aspectos.

 

La “cartilla de Washington” y la “Doctrina Obama”

Otro tema analizado fue la reunión de Trump con la Premier británica, Theresa May, en la que ambos destacaron la necesidad de “corregir ciertos errores de la política exterior” cometidos en los últimos 18 años.  Para que se entienda el significado de esto y el grado de “continuidad” de ciertos aspectos de la política exterior estadounidense, el citado estratega sugirió la lectura del artículo de abril de 2016 del editor de la revista The Atlantic, Jeffrey Goldberg, en el que sintetiza varias conversaciones con el entonces presidente Barack Obama y da a conocer aspectos de una denominada “Doctrina Obama.”   Así, indica que Obama fue crítico de varias intervenciones militares ocurridas durante su gobierno, iniciadas por Estados Unidos debido a las presiones de aliados, citando al Reino Unido, Francia y otros, así como también de altos funcionarios influyentes del gobierno, entre otros, la secretaria de Estado Hillary Clinton y la consejera de Seguridad Nacional, Samantha Power.

Un ejemplo fue el supuesto ataque militar contra Siria, en 2013, cuando el presidente francés, François Hollande, era uno de los líderes europeos más entusiasmado con la intervención, al contrario de la canciller alemana, Angela Merkel, quien señaló claramente que su país no participaría en ella.  En esa ocasión, como observa Goldberg, la decisión de Obama de no efectuar el ataque causó terremotos en Washington, al dejar a senadores poderosos como John McCain y Lindsey Graham furiosos con el presidente.  Para Goldberg, el momento en el que Obama decidió no seguir la “cartilla de Washington” fue el “día de la liberación.”

La “Cartilla de Washington” es una ruta elaborada por el establishment de relaciones exteriores.  Según Goldberg, “la cartilla describe las respuestas a diferentes acontecimientos y las respuestas tienden a ser militarizadas.  Donde Estados Unidos están amenazados directamente, la cartilla funciona.  Pero también puede ser una trampa que puede llevar a otras decisiones.  En medio de un conflicto internacional a ejemplo de Siria, eres juzgado severamente si no sigues la cartilla, aunque haya motivos suficiente para que no se aplique.”

Goldberg describe las conversaciones con Obama sobre las cuatro principales escuelas estadounidenses de pensamiento sobre política exterior.  Una es la “aislacionista,” descartada de inmediato por Obama, por ser inviable.  Las demás son la “realista,” la “intervencionista liberal” y la “internacionalista.”  Según él, Obama se considera un “realista,” que cree que no se puede intervenir militarmente en cualquier situación, pero, al mismo tiempo, incita a otros países aliados a actuar por su cuenta, sin esperar el liderato de Estados Unidos.

 

Una llamada de atención

Dados los cambios potenciales en la relaciones transatlántica, en los debates del MAC se recalcó lo suficiente que los europeos deberían ver los actos del nuevo gobierno estadounidense como una “llamada de atención” y explotar todas las posibilidades para el análisis franco y directo con él, en el que se presente claramente sus puntos de vista, sus intereses y sus principios.  Y, al mismo tiempo, es necesario que se tenga presente lo que la canciller Merkel llamó “paciencia estratégica.”

Podrá haber cambios fundamentales.  El decreto de Trump que impone restricciones a la entrada a Estados Unidos de ciudadanos de siete países musulmanes generó una ola de protestas en todo el país.  En varios estados, los gobernadores rechazaron la medida, rechazo al que se sumaron varios jueces federales.  Todo esto indica un nuevo fenómeno: el “consenso partidario” ejercerá una gran influencia en la futura toma de decisiones de Washington.

Uno de los conferencistas recomendó la lectura del libro Dark Money, de Jane Mayer, publicado el año pasado, el cual presenta una visión precisa sobre los principales financiadores de la campaña electoral del Partido Republicano, entre ellos los hermanos Charles y Davis Koch, el zar de la prensa, Rupert Murdoch, y el notorio Lobby Libertario, que aceptaron a Trump un tanto obligados, para ganar votos del electorado de renta baja.  Señaló, igualmente, al principal asesor de Trump, Stephen Bannon, una de las piezas claves del nuevo gobierno, el cual, además de haber tenido una gran influencia en la decisión de prohibir la entrada de ciudadanos musulmanes, defendió abiertamente un futuro enfrentamiento militar con China.

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