La economía de los bien pensantes

André Araújo*

Es muy común escuchar o leer en los varios grandes medios de comunicación de Brasil, comentarios también vistos en la prensa internacional sobre la idea de que: solamente hay una política económica y esta, después de implantada, hará que los “inversionistas” corran al y aquí se crearán por arte de magia millones de empleos.

Hay una necedad que también se repite: “Ah, si ustedes no aceptan el recorte de gastos ¿entonces quieren la política de Dilma? (Ex presidente Dilma Rousseff ndr) Son pensamientos pedestres, de estos que se comentan en una mesa de cantina, simplones, de elaboración y de actualización del pensamiento económico moderno.

1.-El ajuste fiscal de la medida provisoria del gobierno de Michael Temer, sobre el recorte de gastos es solamente una parte por sí solo y no traerá inversiones de vuelta. Por otra parte ¿de qué inversiones se habla?

Lo que interesa a Brasil es la inversión productiva para generar nuevos empleos, oportunidades y negocios y no la inversión puramente financiera tipo “carry trade” donde el inversionista toma el dólar al 1% anual en New York y aplica un interés real del 7% anual en títulos de la deuda pública. Esto requiere análisis de capacidad de pagos del Tesoro emisor de los títulos de la deuda. La operación es una apuesta de que el aplicador pueda salir con una ganancia de la diferencia de las tasas de interés, corriendo el riesgo cambiario y de solvencia del Estado brasileño. Ese es el premio de la política de ajuste y austeridad.

Ya el análisis de las empresas productivas tiene otras bases, depende de la capacidad de compra de sus bienes y servicios por el consumidor, lo que no tiene conexión directa con las finanzas públicas y puede convivir con altas y bajas de la situación fiscal.

Los dos mayores ciclos de multinacionales nuevas productivas en Brasil fueron los gobiernos de Juscelino Kubitschek (1956-61) y Ernesto Geisel (1974-79), cuando había déficit fiscal e inflación alta. Brasil incluso no tenía reservas cambiarias importantes como en la actualidad.

Entonces, el argumento de la inversión extranjera atraída porque las finanzas públicas están ajustadas está errado. La inversión viene por otras razones, especialmente por la búsqueda de mercados en crecimiento.

Ninguna multinacional grande productora de bienes y servicios invierte en un país porque este haga un ajuste fiscal. Lo que empuja la inversión es la existencia de demanda  para los bienes y servicios que la empresa produce y esto no tiene vinculación directa con el ajuste fiscal. Por otra parte, de la forma como se pretende hacer en Brasil, el ajuste fiscal producirá más recesión, menos ingreso y menos mercados en crecimiento.

Varias multinacionales importantes llegaron a Brasil, incluso en tiempos de crisis cambiarias. Cuando había dificultad en las remesas de ganancias. Sin embargo, ellas toleraron estas restricciones por su visión a largo plazo.

2.- No existe, en la economía, esa dicotomía. O es el gasto o es la recesión. Entre las dos situaciones hay un inmenso campo de políticas inteligentes, donde se procura racionalizar el gasto público y hay mucho por racionalizar en terrenos que nadie toca por miedo a encontrar resistencia, como los super-salarios, los beneficios de todos los poderes, las triples o cuádruples pensiones, el absurdo seguro de salud del Congreso que permite gastos ilimitados para diputados y sus familiares, los pagos de pasajes para Ministros cuando van a su casa, cuando, por ley, deberían residir en Brasilia.

La “austeridad del ejemplo”, es la primera cosa que se hace en los países ricos, en Brasil ni se piensa. Sin mencionar en esto el programa del recorte de gastos es una ficción, será el recorte de los curitas en la clínica.

Se pueden racionalizar los gastos, PERO, también, disminuir la tasa básica, controlar las tasas de interés de los bancos en la punta del prestatario, porque tenemos un sistema bancario oligopolizado, no hay competencia. Se puede combatir la recesión con el empleo de punta, con grandes inversiones públicas en sectores que ocupan mucha mano de obra, como la habitación y la sanidad. ¿No hay dinero? Claro que hay, recorte por la mitad la Selic y ahí tiene 300 mil millones de reales de costos por intereses al menos para jugar en la economía.

Existen fórmulas de COMBINACIONES de medidas económicas que no se resuelven en la gastadera de Dilma ni en la cruda austeridad del ministro de Hacienda, Henrique Meirelles. La prensa económica tradicional, TODA ELLA, no genera este debate, todos hablan igualito, copias al carbón, donde sólo hay una fórmula y ninguna más. Si así fuera, Keynes no habría existido, Cuando Lady Astor amonestó a Keynes “usted siempre defendió la santidad de la moneda y ahora predica imprimir dinero para emplear millones aunque sea para acarrear piedras de un lado hacia otro de la carretera, como usted reniega lo que predicaba, usted cambió mucho”. Keynes respondió: “Señora mía, yo no cambio, lo que cambian son las circunstancias”.

Economista que siempre tiene la misma receta es mediocre o burro. La política económica debe ser aquella que produzca el menor sufrimiento y le cueste menos a la sociedad, no hay virtud en ser austero porque sólo el sufrimiento purga. En una recesión no interesa combatir la inflación, al contrario, la inflación es una forma de salir de la recesión.

También escuche en la radio otro error: Hitler no fue electo porque “la inflación estaba en los cuernos de la luna”. La hiperinflación alemana, de 1923, fue completamente revertida en 1924 por el Plan Schacht, del cual nuestro Plan Real es una copia. Hitler fue electo por la deflación, depresión y desempleo gestado en la crisis mundial de 1929 y profundizada en Alemania a partir de 1930 por las políticas recesionistas del Canciller Heinrich Bruning, un economista ortodoxo, políticas estas que llevaron a un desempleo del 40%; fue eso lo que dio el voto al partido nazi, nada que ver con la inflación de 1923.

La fórmula de combatir la recesión con más recesión sirve apenas para la pandilla del Globonews. Si quisiera saber lo que piensan hoy los mejores economistas del mundo sobre la política económica post-crisis de 2008 le sugiero el excelente sitio del Instituto para el Nuevo Pensamiento Económico de New York, granero de premios Nobel y de economistas top del planeta.

La enfermedad de la recesión se combate con estímulos y no con dieta de hambre. Esta fórmula ya era vieja en el tiempo de Keynes y hoy es como tratar una neumonía con sanguijuelas, es el cúmulo de la estupidez.

Lo que cura la recesión es ocupar la capacidad ociosa en la economía. Hoy, en algunos sectores en Brasil, como cemento, hay 65% de ociosidad y el plan del gobierno pretende aumentar la ociosidad para combatir la inflación que ya está baja.

¡Inflación cero es la muerte de la economía en la paz de los cementerios!

 

*El autor es abogado especialista en economía. Publicamos el presente artículo, ligeramente abreviado. Originalmente apareció el 11 de octubre en el sitio JornalGGN.com.br.

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