La detención de la activista brasileña Manuela Lavalas Picq en Quito, Ecuador, fue tratada por la prensa en general como una manifestación más de la intolerancia del presidente Rafael Correa para con sus opositores. No obstante, un análisis menos superficial nos lleva a ver el tipo de intereses oligarcas interesados en la desestabilización desatada contra Correa. Así encontramos que personajes vinculados a los movimientos indígenas, ecuatorianos son instrumento de una entidad clave del aparato del “gobierno mundial” controlado por el “establishment” anglo americano y por sus apéndices europeos, nos referimos al Consejo Mundial de Iglesias (CMI).
Bajo el disfraz de la promoción de un ecumenismo religioso – que se descubre falso- el CMI fue creado por representantes de la crema y nata de aquel poder para funcionar a la manera de cerebro que maquina una buena variedad de campañas contra componentes históricos de los estados nacionales. Los motivos pueden ser religiosos (el CMI fue uno de los principales promotores de la “teología de la liberación”) o causas de gran influencia social, los derechos humanos, la protección del ambiente y de los pueblos indígenas, el desarme civil, cuestiones raciales y, más recientemente, la ideología de género.
En el libro “Quién manipula los pueblos indígenas contra el progreso de Brasil: una mirada a los sótanos del Consejo Mundial de Iglesias” (Capax Dei Editora, Brasil, 2013), los autores, Lorenzo Carrasco y Silvia Palacios afirman:
“No fue casualidad que la fundación del CMI haya sido oficializada en 1948, junto con la creación de varias instituciones que luego desempeñaron papel fundamental en la estrategia de dominio del “establishment” angloamericano. Entre ellas destacan: la Agencia Central de Inteligencia (CIA), y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos, productos de la Ley de Seguridad Nacional de 1947, la que reformuló la estructura de defensa y de información estadounidenses para las necesidades de la post guerra; la Oficina de Coordinación Política (OPC), brazo de las operaciones clandestinas de la CIA (…); el Instituto Tavistock, centro de guerra psicológica británico (1948), con varias ramificaciones en Estados Unidos; la Organización del Tratado del Atlántico Norte (1949); la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), en 1949, embrión del movimiento ambientalista internacional de orientación maltusiana, contra la industria y contra la técnica. (…) Detrás de todas esas entidades encontramos a varios personajes conocidos, entre los que destacan los hermanos Dulles y la familia Rockefeller.
“El CMI fue uno de los principales articuladores en la instrumentación del indigenismo en América Latina, habiendo sido uno de los patrocinadores de la célebre conferencia de Barbado de 1971, donde se estableció el programa de la “lucha para la liberación” de los pueblos indígenas de la región. El respaldo del CMI fue crucial para la creación de algunas de las principales ONG que constituyeron el núcleo duro del movimiento indigenista latinoamericano (entre ellas el Consejo Indigenista Misionero-CIMI Brasileño).”
Resulta que en Ecuador, en los años ochentas y noventas, la ONG, Iglesia y Sociedad en América Latina (ISAL), una virtual subsidiaria del CMI, desempeñó un papel fundamental en la organización de los movimientos indígenas, impulso del cual surgirían la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), el movimiento Pachakutik, el Ecuarunari (abreviatura de Movimiento de los Indígenas del Ecuador, en quechua) y otras más que, igualmente, están en el centro de la embestida actual contra Correa.
Sigan la huella de la Universidad de Princeton
Manuela Picq y su novio, el abogado Carlos Pérez Gurtambel, actual presidente de Ecuarunari, con quien fue detenida, son militantes profesionales al servicio de esa red trasnacional.
Para comenzar, es algo más que la corresponsal de la red Al-Jazira. Hija de padre francés y de madre brasileña, ha vivido prácticamente toda su vida adulta en el exterior y su actividad periodística parece resumirse a colaboradora de la red catari donde escribe algunos artículos. Políglota, se graduó en Relaciones internacionales en Francia e hizo su doctorado en Estados Unidos, además de haber pasado un año como becaria del Instituto de Altos Estudios de la Universidad de Princeton. Desde 2004 vive en Ecuador, con una visa de “intercambio cultural,” donde es profesora en la Universidad de San Francisco de Quito y es una dedicada militante de las causas indígenas. A juzgar por su currículo, sus especialidades son los asuntos indígenas y la ideología de género, la venenosa idea de que el sexo no estaría determinado biológicamente, sino que es una construcción social y cultural que se adquiere.
El resumen del trabajo desarrollado en Princeton, titulado “Amazonias cosmopolitas: desentrelazando la modernidad del Estado,” nos da una idea de sus intereses:
“¿Cómo pueblos indígenas llegaron a participar en una marcha por los derechos homosexuales, en un lugar llamado Benjamín Constant, en el interior de la Amazonia? Lo que apenas si llegaría a lo anecdótico conduce a preguntas menos triviales. Es inesperado encontrar la modernidad sociocultural (sic) en una región que es el epítome de la naturaleza salvaje, aislada y apolítica. ¿Cómo podemos conciliar el entendimiento prevaleciente sobre la Amazonia desvinculada de la modernidad política, con su escenario LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) cosmopolita? Mi proyecto, inspirado en este hecho, explora el imperativo de cambiar nuestra visión cuando vemos la modernidad”.
Princeton es uno de los principales centros de formación de los cuadros del “gobierno mundial.” De allí salieron, entre otras luminarias, los hermanos John Foster y Allen Dulles, fundadores del CMI y, más tarde, respectivamente, el secretario de Estado estadounidense y director general de la CIA, ambos integrantes del núcleo central de la estructura del “gobierno mundial· establecida en la post guerra, en torno de la experiencia de la actuación conjunta de los servicios de espionaje angloamericanos.
En marzo de 2011, en Washington, Picq participó en un seminario sobre la propuesta para la creación de la Comisión Nacional de la Verdad (CNV), promovida por el Instituto Brasil del Centro Wilson (Wilson Center), otro importante centro de pensamiento estadounidense. El CMI respaldó activamente la creación de la CNV, con la mal disfrazada finalidad de fustigar a las Fuerzas Armadas Brasileñas.
Insistente en el tema en junio del mismo año, el CMI volvió a presentar al entonces procurador general de la República, Roberto Gurgel, cerca de 4 mil páginas de documentos sobre la represión ejercida contra los opositores del régimen militar brasileño, que se encontraban en su sede de Ginebra, Suiza. En noviembre, cuando la presidente Dilma Rousseff anunció la creación de la CNV, miembro del Comité Central del CMI, el ex pastor Walter Altmann, se encontró en Brasilia con la entonces ministro de Derechos Humanos, María del Rosario, para manifestar el apoyo del CMI a la constitución de tal comisión.
La red ambientalista
En artículos que pecan de emblemáticos escritos para Al-Jazira, Picq muestra la ideología contra el progreso y la característica visión bucólica sobre los indígenas. En uno de ellos, de mayo de 2012, ataca desde el título el proyecto hidroeléctrico de Belo Monte, en el río Xingú –“Belo Monte: la democracia damnificada de Brasil”:
“Belo Monte perpetua las estrategias militares para el desarrollo del país con la modernización de la Amazonia. A pesar de la amplia oposición contra los costos sociales y ambientales de esa enorme planta hidroeléctrica, (la presidente Dilma) Rousseff ha avanzado obstinadamente con ella, con poco respeto por las normas nacionales e internacionales. En toda la región los mega proyectos están ahogando ecosistemas enteros y damnificando la democracia. Además de las consecuencias irreversibles de largo plazo de las represas amazónicas, la historia de Belo Monte llama la atención sobre lo que la izquierda tiene todavía que aprender sobre la democracia”.
En otro artículo, este de marzo de 2013 (“Carreteras amazónicas: ¿la bella o la bestia?”), vuelve a atacar los proyectos de infraestructura, esta vez, las autopistas:
“Las autopistas representan progreso. Es por ello que el gobierno ecuatoriano se jacta de fotografías de sonrientes indígenas Shuar, semidesnudos con sus tradicionales pinturas corporales y tan sólo, al lado de las autopistas pavimentadas, simbolizando la conectividad moderna. Las autopistas traen cambios. Pero esos cambios son cuchillos de dos filos, lo que dificulta la evaluación de los efectos de largo plazo de esos caminos. Aun cuando las carreteras amazónicas faciliten el acceso a los servicios de salud y de educación, ellas introducen también nuevas enfermedades, destruyen culturas y estilos de vida indígenas y fomentan la colonización botánica (sic). Su conectividad significa un acceso fácil a las economías de mercado, pero también implican la degradación ecológica, la desintegración social y la proliferación de conflictos ecoterritoriales”.
Ecuador en la mira
Al ser detenida, el jueves 13, Picq acompañaba una marcha encabezada por la Conaie, que recorrió varias ciudades del país durante diez días y, al lado de otras organizaciones sociales, realiza una serie de protestas contra Correa, en oposición a su proyecto de enmiendas constitucionales que, entre otras medidas, reglamentan la intervención de las ONG y les reduce su capacidad de interferencia en la explotación de los recursos naturales nacionales. Guertembel era uno de los líderes de la marcha, junto con el presidente municipal de Zamora Chinchipe, Salvador Quishpe, uno de los dirigentes del movimiento indígena Pachakutik, y el economista Alberto Acosta, ex aliado y ex ministro de Correa, vinculado a ONG alemanas.
Guartembel es un veterano dirigente de ONG indígenas y está al frente de Ecuarunari desde 2013. Al asumir el cargo, uno de sus primeros actos fue visitar Washington, donde recibió el respaldo de Human Rights Watch Americas, por medio de su presidente, José Miguel Vivanco, conocido activista del programa de “derechos humanos” del establishment, para su campaña contra Correa. En esa ocasión, en una conferencia promovida por el Diálogo Interamericano, -entidad emparentada con el Wilson Center- Vivanco acusó a Correa de promover “los retrocesos más graves en América Latina, en materia de libertad de asociación y de expresión” (El País,28/10/2013).
Es importante mencionar que, como el mismo Correa ha señalado, tales manifestaciones están lejos de contar con el apoyo firme de las comunidades indígenas. En entrevista con la agencia Andes, la presidente de la Confederación de los Movimientos Indígenas de Chimborazo (Comich), Delia Caguana, afirmó que los movimientos indígenas reconoce los cambios ocurridos en el país desde que Correa asumió el gobierno en 2007, en especial en términos de la construcción de carreteras y de las expansión de los servicios de salud y de educación. Por ello, afirmó, 22 de las 33 organizaciones miembros de la Conaie decidieron no participar en la marcha promovida por la entidad:
“Ellos tomaron decisiones. Primero, no participar de la revuelta organizada por la Conaie. Segundo, ratificar el apoyo al presidente Rafael Correa, porque él está promoviendo el proyecto político de la batalla histórica del movimiento indígena. (…) Hay líderes de la Conaie que están promoviendo una revuelta. Pero nosotros, como movimiento indígena, afirmamos que no participaremos”.
De acuerdo a ella, existen problemas que se pueden resolver con voluntad política, y esta ha sido, exactamente, la actitud del gobierno ante las demandas de los movimientos indígenas. Por ello, critica a los líderes del movimiento que, en sus palabras, “tienen conversaciones con la extrema derecha, en busca de sus propios beneficios y no en los de sus pueblos.”
La dirigente indígena recordó el caso de Ecuarunari, criada para la lucha contra los latifundistas y contra la discriminación:
“(…) Ahora, no entiendo lo que está sucediendo con líderes que trabajan con la extrema derecha. Ellos perdieron su esencia y hacen que la organización parezca mala. (…) Nuestra consciencia está limpia, porque estamos trabajando en beneficio de la sociedad. Estamos pidiendo un cambio profundo. Por primera vez en la historia, este presidente (Correa) está promoviendo un proyecto político”.
Otro dirigente indígena, Miguel Lluco, uno de los fundadores de Conaie, criticó también a la actual dirigencia de la entidad:
“El levantamiento indígena es la forma más elevada de protesta que existe. Si ellos van a usarlo, poniéndose de acuerdo con la derecha, es porque vendieron la dignidad de las nacionalidades y de los pueblos indígenas del Ecuador a la derecha; esta es una consecuencia muy grave y la historia habrá de juzgarlos. Nosotros no vamos a actuar como un escalón para la derecha”. (TelSur, 31/07/2015).
La extrema derecha a la cual ambos se refieren incluye los sectores de las élites oligárquicas ecuatoriana, que están protestando contra Correa por cuenta de su intención de poner impuestos a las grandes fortunas y por la actitud determinada ante los abusos de la gran prensa vinculada a tales grupos. Así pues, Correa se ve acosado por dos frentes aparentemente distintos, pero que, en la práctica, están unidos por sus lazos con las redes del “gobierno mundial.” En su lucha sin cuartel con ese aparato intervencionista, él ya determinó el fin de las actividades en el país de algunas de las principales organizaciones, como la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), la Fundación Konrad Adenauer alemana y otras.
Correa pone el dedo en la herida
El presidente ecuatoriano entró a la lista de los opositores del “gobierno mundial” por combatir la intervención de sus redes en el país, donde 7 por ciento de la población tiene origen indígena, y no tiene empacho en señalar con el dedo las influencias externas. En noviembre de 2013, en la Reunión cumbre Iberoamericana de Cadiz, dijo: “Siempre dije que es más peligroso el izquierdismo de todo o nada y el indigenismo infantil, que ve la pobreza como parte del folclore, que acepta que las personas vivan en la miseria como parte de un paisaje hermoso” (IzquierdaHispánica.org 15/01/2014).
En otra ocasión afirmó: “(Los indigenistas dicen) no a la minería, no a los recursos naturales y (a cualquier otra actividad) donde se puedan extraer recursos para sacar rápidamente a nuestro pueblo de la pobreza. (…) Esto no es ser de izquierda, esto es asnería, infantilismo, es una falta de sentido de la responsabilidad que hace fracasar cualquier proyecto de izquierda” (EstrategiyNegocios.net, 15/01/2014).
En una entrevista con la revista estadounidense New Left Review de octubre-noviembre de 2012, Correa sintetizó su experiencia al tratar con los movimientos indígenas del país:
“Esto no significaba, sin embargo, apostar a la fragmentación del Estado o poner fin a la unidad nacional. La idea de siempre fue reconocer la diversidad y la diferencia, para hacerlos (a los indios) más integrados y cohesionados como nación, pero no para generar ninguna autonomía territorial que debilite el Estado nacional. En ese mismo sentido, se reconocieron los derechos de la naturaleza, la posibilidad de formar zonas indígenas, el derecho al agua como un bien público, y la misma idea de la democracia comunitaria.
“No aceptamos el consentimiento previo (de los indios), un mecanismo por el cual las comunidades deberían autorizar al Estado en el caso de que este quisiese usar los recursos estratégicos del país, y esto generó mucho descontento en sectores cercanos al movimiento indigenista. Los recursos naturales son de propiedad pública, son bienes comunes, y no podíamos permitir que comunidades pequeñas, por mayor que sea su legitimidad histórica en esos territorios, tuviesen la última palabra sobre su uso. (…) Nosotros gobernamos para todos los ecuatorianos y ecuatorianas, y no podemos ceder a las presiones de minorías, por más justificadas que puedan parecer sus demandas.
“(Los indigenistas) estaban acostumbrados a dictar “órdenes,” que, creían, debían ser aceptadas por el gobierno, por el simple hecho de provenir de ellos. No aceptan el debate democrático y no aceptan que cuando un pueblo elige un partido para gobernar el país, lo hace en función de un programa político. Creen que sus órdenes son legítimas por el simple hecho de haber sido víctimas. Pero no puede ser así. (…) Su visión es fundamentalista y está muy influenciada por organizaciones no gubernamentales extranjeras, con un discurso ecológico que no consigue entender las grandes necesidades del pueblo ecuatoriano.
“No compartimos la visión del problema indígena como el de un problema que es tan sólo de los indios, que se deba tratar por instituciones indígenas. Este es el enfoque del multiculturalismo neoliberal que proliferó durante los años noventas en América Latina. El problema indígena es de todo el Estado ecuatoriano y todas las instituciones públicas deben contribuir a resolverlo, independientemente se ser o no dirigidas por indígenas”.
Igualmente, Correa ha fustigado la ideología de género, la cual calificó públicamente de “peligrosísima.” En un debate público, en diciembre de 2013, afirmó que, “académicamente, (la ideología de género) no resiste el menor análisis.” “Una cosa es el movimiento feminista por la igualdad de derechos, cosa que apoyamos de todo corazón. Pero hay algunos excesos, algunos fundamentalismos que proponen cosas absurdas. Ya no versan sobre la igualdad de derechos, sino sobre la igualdad de todos los aspectos, que los hombres parezcan mujeres y las mujeres hombres. ¡Ya basta!”.

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