Mánchester-Londres: más conexiones de espionaje extrañas

Menos de dos semanas después del ataque suicida en Mánchester, el 22 de mayo, otra acción terrorista hizo temblar al Reino Unidos en la noche del sábado 3 de junio. En esta ocasión, el blanco fue Londres, donde tres hombres utilizaron una camioneta tipo van para atropellar a decenas de personas en el Puente de Londres y, después de abandonar el vehículo, apuñalar a todo el que estuviera a su alcance antes de ser abatidos a tiros por la policía. Saldo: siete muertos y 48 heridos.

Los dos atentados involucran a musulmanes jóvenes y radicalizados, con una extraña – y sospechosa- coincidencia más: todos eran conocidos de los servicios de espionaje británicos.

El atacante suicida de Mánchester, Salman Abedi, pertenecía a una familia que a su vez pertenecía al Grupo Combatiente Islámico Libio (LIFG, por sus siglas en inglés), grupo extremista vinculado con el MI-5 y el MI-6. Según el periodista John Pilger, cuando la actual premier Theresa May era secretaria del Interior, los yijadistas del LIFG pudieron viajar libremente por toda Europa involucrándose en diferentes reyertas; primero, en el levantamiento que derrocó el régimen del líder libio Muamar Jadafi en 2011, y, después, con grupos ligados a la red Al-Qaeda en Siria (True Publica, 01/06/2017).

A principios de 2017, el FBI estadounidense informó al MI-5 que Abedi estaba siendo investigado, pero es evidente que su contraparte británica no hizo nada con esa información.

Pilger, en referencia a las elecciones parlamentarias del 8 de junio, escribió:

“Lo misterioso en la campaña electoral de Gran Bretaña es esto: las causas de las atrocidades de Mánchester se están suprimiendo para proteger los secretos de la política exterior británica. Cuestiones críticas –como por qué el servicio de seguridad MI-5 mantenía lazos ‘activos’ con terroristas en Mánchester, y por qué el gobierno no advirtió sobre la amenaza – permanecen sin responder, esquivadas por la promesa de una ‘revisión’ interna (de los procedimientos de las agencias).”

Uno de los atacantes de Londres, el paquistaní Juram Butt, estaba siendo investigado desde hace dos años, era bien conocido por el MI-5 y tenía otros detalles intrigantes en su ficha. Se denota que a pesar de haber participado en un documental del Canal 4 sobre yijadistas británicos (The Jihadist next door, 2016), consiguió un empleo administrativo en el metro londinense durante seis meses. Además, nunca ocultó su relación con el grupo extremista Al-Muyajiroun, -de notorios vínculos con el MI-5; además Butt, mantenía nexos estrechos con un contacto clave de Mojammed Siddique Jan, señalado como uno de los cuatro suicidas responsabilizados por el ataque terrorista de Londres de junio de 2005 y también con Anyem Choudary, catalogado el predicador más radical del odio islámico contra Europa.

Butt ya había sido objeto de denuncias de vecinos musulmanes molestos con su intransigencia, que llegaba al extremo de calificar de “infieles” a los musulmanes que no ostentaban barbas cerradas como la suya.

A pesar de ese currículo, Butt fue calificado de “poca prioridad” por la Policia Metropolitana. De sus otros dos colegas, Rachid Redouane no tenía antecedentes criminales, pero el tercero, Youssef Saghba, italiano de origen marroquí, había estado preso en Bolonia, Italia, el año pasado, al tratar de viajar a Siria para unirse al Estado Islámico. Al ser detenido habría exclamado: “Voy a ser terrorista” (The Guardian, (06/06/2017).

A pesar del incidente, Saghba no tuvo problemas para viajar por Europa Occidental sin ser molestado y unirse a la red de Butt.

En relación con el ataque de Mánchester, John Pilger afirmó, que la atrocidad suspendía “la piedra de la política exterior británica, para revelar su alianza faustiana con el islam extremista.”

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