Desde su formación, el centro neurálgico del grupo BRICS ha sido la dupla Rusia-China (RC). Brasil, India y África del Sur han sido coadyuvantes. Con sus respectivos gobiernos, empantanados en asuntos de corrupción grave y decrepitud institucional, Brasil y África del Sur tienen poco que ofrecer, por el momento, a la dinámica de los cambios globales.
Por su parte, las elites gobernantes de India no logran resolver el dilema existencial, entre poner el considerable peso del país a favor de un nuevo marco global cooperativo para el desarrollo compartido, en construcción acelerada a su vecindad, o mantenerse atrapado en la dinámica ofrecida por la “globalizado”, decrepita.
Una evidencia de esta limitación es la mala voluntad del actual gobierno de la primer ministro Narendra Modi demostrada con China, negándose a participar en el Foro Internacional Franja y Ruta, celebrado en mayo en Pekín, evento al que el gobierno chino invitó a varios países para unirse a la iniciativa de una integración física y económica de Eurasia, ítem fundamental para la consolidación de un nuevo ordenamiento cooperativo no-hegemónico, cuya construcción encabeza, en conjunto con Rusia.
Para complicar las cosas, en junio, Nueva Delhi y Pekín se involucraron en un querella en el remoto escenario de Doklam, en la triple frontera entre los dos países y Bután, en el que tropas de los dos ejércitos estuvieron frente a frente durante semanas, retirándose hasta finales de agosto, en vísperas de la novena cumbre de los países que integran el BRICS en Xiamen, China, celebrada entre el 3 y el 5 de septiembre. Vale la pena recordar que India ingresó recientemente en la Organización de Cooperación de Shangai (SCO, siglas en inglés), creada, exactamente, para sustituir las confrontaciones por el entendimiento con miras a un desarrollo compartido.
Por esto, en Xiamen, más una vez, la cumbre del grupo BRICS se ocupo de la asociación estratégica de la dupla RC.
Los anfitriones manifestaron la seriedad de su propuesta de ensanche del grupo, una especie de “BRICS plus”, con la invitación hecha a los mandatarios de México, Egipto, Tailandia, Guinea y Tayikistán.
Aunque una ampliación formal no haya sido discutida, la propuesta incluye la expansión de asociaciones y cooperación con estos y, eventualmente, otros países.
El periodista Pepe Escobar, indicó que esta disposición china también se demuestra en el posible lanzamiento para finales de año, de la Asociación Económica Regional Total (RCEP, siglas en inglés), establecida en el vacío dejado por la finada Asociación Transpacífica, iniciativa estadounidense enterrada por Donald Trump. Aunque propuesta por China, la RCEP cuenta con la participación de Japón, Australia, India y los diez miembros de la Asociación de naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).
Escobar advierte que los dos primeros, tradicionalmente aliados de los EUA, e India, puedan crear dificultades para la consolidación de la iniciativa (Asia Times, 5 de septiembre de 2017).
Por otro lado, las “bombas” de la cumbre, a decir del periodista, fueron lanzadas por el presidente ruso Vladimir Putin.
La primera, geopolítica, fue resaltar el armónico entendimiento de la dupla RC en el enfrentamiento de tres focos de crisis. Siria, Península Coreana y Afganistán. En Siria, destacó la crucial actuación de Rusia –y, tras bastidores, de China, disfrazada entre los “otros países interesados”, creando las condiciones para finalizar el conflicto. En la Península Coreana, después de advertir que la situación está en el umbral de “un conflicto a gran escala”, enfatizó que el impasse solamente puede ser solucionado por un “diálogo directo entre todas las partes interesadas y sin precondiciones”. En cuanto a Afganistán, la Declaración de Xiamen propone un proceso de paz y reconciliación nacional encabezado por los propios afganos, basado en el “formato Moscú de consultas”. Según Escobar, “se trata de un código para una solución totalmente asiática (y no occidental), encabezada por la dupla RC y mediada por la SCO, de la cual Afganistán es observador y futuro miembro pleno”.
La segunda bomba, fue geoeconómica, refiriéndose a la firme y creciente disposición de la dupla “RC” a reducir el uso del dólar en las transacciones comerciales, especialmente, de hidrocarburos.
“Rusia comparte las preocupaciones de los países del BRICS sobre las injusticias de la arquitectura financiera y económica global, que no da la importancia debida al creciente peso de las economías emergentes. Estamos listos para trabajar juntos con nuestro socios, para promover reformas de regulación financiera internacional y superar el excesivo dominio del limitado número de monedas de reserva”, dijo Putin.
El mensaje es directo: el objetivo es la combinación dólar-petrodólar. Escobar informa que China prepara el lanzamiento de contratos de futuros de petróleo denominados en yuans y convertibles en oro.
“Esto significa que Rusia, así como Irán, el otro punto nodal de la integración euroasiática –podrían sobreponerse a las sanciones estadounidenses, negociando energía con sus propias monedas o yuans. Incorporada en la iniciativa hay una auténtica propuesta ganar-ganar china: el yuan será plenamente convertible en oro, en las bolsas de Shangai y Hong Kong. La nueva tríada de petróleo, yuan y oro significa, en verdad, gana-ganar-ganar. No hay problema si todos los proveedores de energía prefieren ser pagados en oro físico, en lugar de yuans. El mensaje clave es que al dólar estadounidense se le está dejando de lado.
“Desde hace algún tiempo, la dupla RC –vía banco Central de Rusia y Banco Popular de China- viene promoviendo swaps rublo-yuan”.

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