El acosado presidente de Brasil, Michel Temer, se apresuró a anunciar con fanfarrias lo que catalogó de “fin de la recesión”, luego de que el Instituto Brasileño de Geografía y Estadistica (IBGE) , divulgara el diminuto crecimiento de 1% del PIB en el primer trimestre del año, en comparación con el último trimestre de 2016. Sin miedo de hacer el ridiculo el secretario de Hacienda Henrique Meirelles, le hizo segunda, celebrando que era “un día histórico”. Por desgracia, para la gran mayoría de los brasileños, contando con los sectores productivos, las declaraciones oficiales no pasan de un esfuerzo patético propio de un verdadero ilusionismo económico, una vana tentativa de justificar la permanencia de un gobierno que tiene en sus prioridades satisfacer las demandas del mercado financiero.
La gerente de las Cuentas Nacionales del IBGE, Rebeca Palis, no demoro ni tantito en aguar la fiesta al afirmar que es muy prematuro hablar del fin de la recesión. De hecho, si se compara con el mismo periodo de 2016, el PIB retrocedio 0,4%, con una caída de 2,3% en los doce meses que terminan en marzo. Incluso considerando el trimestre anterior, los demas componentes del PIB registraron caídas: 0,1% en el consumo de las familias; 0,6% en los gastos del gobierno; 1,6% en la Formación Bruta de Capital Fijo (inversiones). La tasa de inversión quedó en 15,6% del PIB, contra los 16,8 de la registrada en el mismo periodo de 2016.
Y ni que mencionar el alto nivel de desempleo–o destrucción de puestos de trabajo- que no solo continua en la alta sino que es el peor de los últimos 25 años, 14 millones de personas buscan trabajo, tal y como demuestra un estudio reciente de los economistas Bruno Ottoni e Tiago Barreira, de la Fundación Getúlio Vargas.
El diminuto salto celebrado por Temer, se debe casi exclusivamente, al repunte del sector agricola, que registró una alta de 13,4%, el mejor resultado en 21 años. Así lo explica la economista Monica de Bolle, del Instituto Peterson de Economía Internacional: “ Al contrario de lo que Meirelles habló, no existe nada historico hasta hoy día, pues el resultado positivo del PIB se debe integralmente al sector agropecuario, con una safra inusual de maiz. El resto opera en rojo, tanto en la producción como en la demanda –a exepción de las exportaciones, que en parte tambien son un reflejo de la safra excepcional (O Estado de S. Paulo, 01-06-2017)
Así el Banco Mundial redujo la proyección anterior de alta del PIB brasileño para 2017, de 0,7% para 0,3%; en nada sorprenderá si hay nuevas correcciones a la baja.
Sintetizando, no existe ningun indicador de peso referente a las actividades productivas que señale que el actual panorama recesivo se revierte. Buscar soluciones solidas no será una acción de magia, urge un nuevo gobierno que reuna las condiciones para capitanear un proyecto nacional de desarrollo.

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