Yemen: otro foco de incendio en el mundo

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Hasta los nombres de la operación se inspiraron en ridículas denominaciones por los estados mayores estadounidenses a sus operaciones militares. “Tempestad Decisiva” fue el elegido por la coalición encabezada por Arabia Saudita para bautizar la primera fase de la ofensiva de ataques aéreos contra Yemen, iniciada el 26 de marzo y terminada el 21 de abril. La segunda etapa “restaurando la Esperanza”, fue iniciada al día siguiente y está en curso, sin previsión de cuándo terminará. El pretexto “oficial” de los ataques es “repeler la agresión” de las milicias chiítas huzíes, aliadas al ex-presidente Alí Abdullah Saleh (1990-2012), quienes, en enero, forzaron la renuncia del presidente Abd Rabbuh Mansur Hadi, disolvieron el Parlamento e instalaron un “Comité Revolucionario” interino para gobernar el país.  

Es decir, en medio de la guerra civil que asola al país más pobre del mundo árabe, la coalición encabezada por Riad da una gran contribución para crear otro foco de incendio en la región del Gran Oriente Medio, con consecuencias potencialmente desastrosas, con las redes terroristas de Al-Qaeda en la Península Arábiga (AQAP, siglas en inglés) y una nueva franquicia del estado Islámico autotitulada Soldados del Califato de Yemen ya se ha posicionado para sacar provecho del caos.  

La coalición está integrada por Arabia Saudita, Bahrein, Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, cuyas fuerzas aéreas están involucradas en los ataques, además de Egipto, Jordania, Marruecos y Sudán, aunque estos todavía no participan en las acciones militares. Tras bastidores, como sería previsible, los EUA,  apoyan las operaciones aéreas con aviones-tanque para reabastecimientos en vuelo, además de apoyo logístico y de inteligencia en la selección del blanco de los ataques.  

Aunque la coalición alegue que lo ataques buscan exclusivamente blancos de interés militar, han tocado predios civiles, inclusive escuelas, estaciones de gasolina, estadios, plantas eléctricas y otras instalaciones de infraestructura. El 24 de abril, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) informó que los ataques aéreos habían causado la  muerte de 500 civiles, entre ellos, 115 niños.  

Además de esto, como es común en áreas conflagradas, los precios de los productos básicos se dispararon: el pan aumentó 300% y los combustibles hasta un 600%. El gas doméstico se está agotando y, sin electricidad y sin combustible, las bombas de agua no pueden funcionar. Para complicar todo, el bloqueo aéreo impuesto por la coalición está impidiendo el arribo de barcos al puerto de Adén, lo que es vital para la población yemenita, toda vez que el país importa cerca del 80% de los alimentos que consume.  

Hasta ahora, los combates forzaron que más de 300 mil personas abandonen sus hogares, y la situación se agrava por los ataques aéreos.

Aunque Washington se esfuerce por presentar la operación como una iniciativa saudita al frente de una coalición sunita preocupada por el supuesto avance del Irán chiíta en la región, puesto que los  huzíes cuentan con el apoyo de Teherán, los previsible acontecimientos de la desestructuración de más de un país árabe, se encuadran en la agenda de fomento del caos favorecida por los círculos más belicistas delEstablishment anglo-americano, al que muchos llaman el “Partido de la Guerra”.

Incluso antes de los ataques, un boletín del selecto Consejo de Relaciones Exteriores de New York (CFR), anticipaba una de las consecuencias de una intensificación del conflicto interno yemenita: “Un conflicto sectario en Yemen podría ayudar al AQAP a explotar la inestabilidad y expandir su insurgencia doméstica entre las comunidades sunitas”.

En un artículo publicado el 28 de abril el sitio Strategic Culture Foundation, el estratega ruso Nikolai Bobkin complementó:

“La guerra en Yemen ha proporcionado una expansión del extremismo en la región. El movimiento de los yihadistas está a la alza. Una recién anunciada división del Estado Islámico, autotitulada “Brigada Verde”, desató ataques contra los huzíes. Los simpatizantes del EI han intensificado sus actividades en otros países de Oriente Medio. El liderato de Hamas está preocupado con la aparición de grupos yihadistas en Gaza. El EI quiere ampliar su presencia por allá. El Cairo extendió el estado de emergencia en la Península de Sinaí, donde islamistas siguen enfrentando a las fuerzas gubernamentales”.

Bobkin concluye con la siguiente advertencia:

“Arabia Saudita no puede derrotar a los huzíes sin poner los pies en el terreno. Los aliados de los sauditas no están mordiendo el anzuelo para instalar fuerzas terrestres en Yemen. Qatar, Bahrein y Emiratos Árabes Unidos no tiene la capacidad de realizar operaciones terrestres a gran escala. Un puñado de batallones no sería suficiente. El primer mes de guerra en Yemen mostró que esos estados no desean más participación en el conflicto yemenita bajo la bandera del reino saudita. Egipto, Turquía y Pakistán siguen observando el deterioro de la situación. No están con  prisa de iniciar una confrontación con Irán.

En el periódico británico The Independent del 25 de abril, el corresponsal Patrick Cockburn, uno de los mejores conocedores del mundo árabe en toda la mass media occidental (junto con su colega Robert Fisk), anticipa la inviabilidad de una operación terrestre en Yemen, afirmando que, en el país:

“Faltan muchas cosas, pero las armas no son una de ellas. Según un informe publicado por especialistas de la ONU a inicios de este año, los yemenitas tienen entre 40 y 60 millones de armas. Esto sería suficiente para los 26 millones de habitantes del país…Pase lo que pase, la guerra en Yemen  no terminará porque a algunos de los participantes le quede poco armamento”.

En seguida, Cockburn advierte otra posible consecuencia del conflicto:

“El colapso del país en un estado de guerra permanente enviaría olas de refugiados rumbo a Europa Occidental o a cualquier otro lugar donde puedan encontrar refugio. Es absurdo que los líderes europeos sigan fingiendo que están haciendo alguna cosa al respecto del “terrorismo” o de los refugiados que se están ahogando en el Mediterráneo, mientras ignora las guerras que son la causa de estos eventos (…)”

Así como ocurre en relación al conflicto en Ucrania, la pasividad que Cockburn critica en los líderes europeos le puede costar muy caro al Viejo Continente. Por lo menos, mientras no rechacen la ruta entrópica preparada por los pirómanos que dominan Washington y Bruselas.

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