Iberoamérica necesita relaciones soberanas con China

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La reunión cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), realizada los días 28 y 29 de enero en Belén, Costa Rica, pudo haber sido una simple pasarela de alfombra roja para los jefes de Estado, de no haber sido por la presencia del «factor China». El gigante asiático está firmemente comprometido en la incorporación de la región a su colosal pauta de inversiones en el exterior, con la tentadora propuesta de elevarlas nada menos que a los 250 mil millones de dólares y duplicar el comercio bilateral a los 500 mil millones de dólares en los siguientes diez años, tal y como lo prometió en la primera reunión ministerial del Foro China-CELAC, realizada en Pequín tres semanas antes.

El programa presentado en la capital china contempla iniciativas de comercio, inversiones y cooperación en seis renglones principales: infraestructura, energía, recursos naturales, industria, agricultura, y ciencia e intercambios culturales.

El presidente anfitrión de la reunión de Belén, Luis Guillermo Solís, resaltó el optimismo despertado en la región por la propuesta china: «China es fundamental. El presidente Xi Jinping hizo una apuesta muy concreta por América Latina, que se reflejó en la reunión que sostuvo con el cuarteto de CELAC en Brasil el mes de julio pasado. Ese esfuerzo se vio consumado con nuestro encuentro en Pequín de hace tres semanas, por el cual se destaca la importancia de China como actor internacional en los planes futuros de CELAC» (Xinhua, 26/01/2015).

Además de inversiones, Pequín ha actuado como un «bombero» providencial junto a los países de América del Sur en problemas con los mercados financieros internacionales, como Argentina, Ecuador y Venezuela, interviniendo en la práctica como una opción ante el sistema centrado en el Fondo Monetario Internacional (FMI), sin las draconianas condiciones que acompañan los paquetes de rescate ofrecidos por la institución dominada por el eje anglo-americano.

Por otro lados, es crucial que los líderes iberoamericanos establezcan con la debida lucidez y claridad los términos de las relaciones de sus países con el gigante asiático, para eliminar el riesgo de que estas sean marcadas por una nueva subordinación de estilo neocolonial, como ha ocurrido con algunos países africanos.

Por tanto, será necesario definir de forma precisa y firme los sectores que deberán recibir las inversiones chinas, de acurdo con los intereses de cada país, a modo de promover sinergias de oportunidades mutuamente benéficas que se encuadren en el escenario mundial de cooperación para el progreso que China, sola o asociada en grupos como el BRICS y la Organización de Shangái para la cooperación (SCO, por sus siglas en inglés), está ayudando a configurar. Escenario que se contrapone a la subordinación a la hegemonía anglo-americana, cuyo plan de auto-perpetuación está en la raíz de la crisis mundial en curso.

Un ejemplo de las empresas que se encuadran en ese paradigma es el ferrocarril transcontinental que comunica el Centro-Oeste brasileño con la costa del Perú, con financiamiento chino, objeto de un acuerdo firmado entre los tres países en junio de 2014, durante la reunión del BRICS en Fortaleza, Brasil. Otro es el Canal de Nicaragua, ya en marcha y contra el cual, no por casualidad, el eje hegemónico ha desencadenado una fuerte oposición, con la movilización, en especial, de su aparato de organizaciones no gubernamentales ambientalistas/indigenistas y de «derechos humanos.»

De conducirse con esa orientación, la cooperación chino-iberoamericana podría apuntar y consolidar un nuevo marco en las relaciones entre los pueblos del planeta, exhaustos y agotados por siglos de imposición de una hegemonía que ya no tiene cabida en el siglo XXI.

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