Aunque las referencias habituales al imaginario calentamiento global ya están en marcha para explicar el desastre que se abatió sobre la ciudad de Houston, con el paso de la tempestad tropical Harvey, la tragedia es realmente de naturaleza humana, pero no exactamente vinculada a la dinámica climática.
La tempestad, que fustiga a la región desde la noche del 25 de agosto, ocasionó devastadoras inundaciones que provocaron la muerte de más de 20 personas y dejaron a decenas de miles desprotegidas. Los daños materiales quizás alcancen los 160 mil millones de dólares, lo que la convertiría en el mayor desastre natural de la historia estadounidense, según la agencia AccuWeather (29/08/2017).
Sin embargo, los cambios climáticos no tienen nada que ver con esto. Un oportuno reportaje de la agencia RT (30/08/2017) tiene explicaciones más consistentes, desde su subtítulo: la ciudad decidió apostar por un enfoque de desarrollo que destruyó las principales defensas naturales en caso de tempestades fuerte. Según esto, Houston es una ciudad que da poca importancia a la planeación urbana con reglamentos poco sólidos para la ocupación del suelo. Esto implica una gran vulnerabilidad para una ciudad de 2.3 millones de habitantes, situada en una planicie de inundación del golfo de México, lo que la hace particularmente vulnerable a las crecidas.
En los últimos años, dice el texto, la región de Houston ha tenido problemas recurrentes con las crecientes causadas por lluvias aisladas. El problema es que el riesgo de creciente ha aumentado, en la medida en que los proyectos de construcción han acabado con sus zonas húmedas (manglares, etc.) que ayudan a contener las crecidas de los ríos, al retener el agua para liberarla más lentamente.
Según un estudio realizado por el GeoTechnology Research Institute y el Houston Advanced Reasearch Center, entre 1992 y 2010, la cuenca del río White Oak Bayou, que incluye gran parte de la zona noroeste de Houston, perdió más de 70 por ciento de esas áreas húmedas por pavimentación. La región, en conjunto, perdió la capacidad de retener cerca de 15 mil millones de litros de agua –la que, evidentemente, acaba por dirigirse a las zonas urbanas.
La devastación provocada por la tempestad Harvey es tan sólo el ejemplo más reciente de las consecuencias de un desarrollo desordenado, afirma el reportaje. Houston es la mayor ciudad de Estados Unidos que no sólo no dispone de legislación urbanística, sino que no cumple con los reglamentos federales específicos. Por ello, además de la destrucción de zonas húmedas, muchas construcciones se han hecho en zonas propensas a las inundaciones.
Un levantamiento hecho en 2015, para evaluar las licencias de construcción expedidas entre 1990 y 2012, demostró que en menos de la mitad de los casos, los constructores habían presentado la documentación necesaria y, en un tercio de ellos, no había ninguna información sobre las medidas de mitigación exigidas por la legislación. En el estudio citado anteriormente, en una muestra de 12 proyectos autorizados, los investigadores constataron que sólo dos habían efectuado satisfactoriamente las compensaciones referentes a la destrucción de zonas húmedas; otros siete las cumplieron solo en parte y tres no lo hicieron.
Los ejemplos de tormentas como Harvey han sido recurrentes. La tempestad tropical Allison pasó por el sur de Texas en 2001 y dejó más de 40 muertos y 3 mil damnificados.
Curiosamente, el mismo reportaje de RT hace sus concesiones al alarmismo ambientalista cuando afirma que el panorama podrá agravarse debido a la inclinación contra el ambientalismo del gobierno del presidente Trump.
Pero no deja de ser irónico que, de hecho, haya habido muchos abusos de las autoridades ambientales, en especial de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), sobre restricciones en zonas inundadas. En numerosas propiedades privadas en el interior del país, los propietarios han sido multados, enjuiciados y hasta encarcelados por desarrollar actividades productivas en marismas, pantanos y otros humedales de importancia menor, rigor que contrasta con la pasividad demostrada en las zonas litorales de Texas.

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