El G-7 sigue el baile de la OTAN

G-7-AFP

Semanas atrás comentamos la danza en la conferencia de los cancilleres de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Antalya, Turquía, realizada en los días 13 y 14 de mayo.  Como se recordará, los alegres diplomáticos culminaron sus trabajos danzando al son de “We are the world”, la célebre canción de Michael Jackson y Lionel Ritchie compuesta para recaudar fondos para los hambrientos de África.  Como afirmamos en esa ocasión, esta fue una manifestación muy preocupante del estado mental de la cúpula dirigente de la alianza militar más poderosa del mundo.  En la reciente reunión del G-7 en Alemania no hubo baile, en el sentido literal de la palabra, pero los ilustres jefes de Estado y de gobierno que pasaron el último fin de semana en el lujoso balneario de Schloss Elmau, en los Alpes orientales alemanes, trasmitieron al mundo un mensaje no menos preocupante de alienación de los problemas del mundo real. La mayoría, dígase de paso, creada por la obsesión del núcleo dominante del G-7, representado por el eje angloamericano, de preservar la hegemonía mundial, que para el establishment oligárquico es casi un derecho divino.

Es difícil saber en realidad si es más lastimoso o peligroso ver a los dirigentes de algunos de los países más poderosos del planeta reunidos para enfrentar, supuestamente, los seudo problemas del calentamiento global, para comprometerse a eliminar el uso de los combustibles fósiles ¡en el año 2100¡ o para seguir con la demonización de la Federación Rusa de Vladimir Putin, el personaje más citado por los presentes, para resaltar en todas las oportunidades el ilusorio éxito de su estrategia de “aislamiento” del país con las sanciones económicas y políticas impuestas luego de la reintegración de Crimea a la Federación Rusa.

A propósito, la renovación del conjunto de sanciones de la Unión Europea (UE), que vence en julio, parece haber sido el principal propósito de la reunión, en la que el presidente Barack Obama trató de imponer la mano dura de Washington a sus “socios,” varios de ellos, empezando con la anfitriona, Angela Merkel, presionados por los líderes empresariales de sus países, en función de los crecientes daños acarreados por las sanciones a sus exportaciones a Rusia.  Obama llegó, inclusive, a amenazar con la imposición de nuevas sanciones, en caso de que Moscú no colabore con el buen éxito del acuerdo de paz para el Este de Ucrania, el acuerdo Minsk 2, mismo que ha sido violado repetidas veces, principalmente por las fuerzas del gobierno de Kiev.

Mientras Obama y sus “socios” (muchos comentaristas han usado palabras más fuertes para calificarlos) posaban para las cámaras en los Alpes bávaros, las fuerzas militares de Estados Unidos y de la OTAN realizaban maniobras terrestres, aéreas y navales a gran escala en el Báltico, el Este europeo, Escandinavia, el Cáucaso y el mar Negro –todas regiones fronterizas con la Federación Rusa.  En 1914, por mucho menos, el Zar Nicolás II, ante la declaración de guerra del Imperio austro-húngaro a Serbia, respondió con la movilización de su ejército, lo que provocó la movilización del ejército imperial alemán y la Primera guerra mundial.

El Canciller inglés, Phillip Hammond, uno de los bailarines de Antalya, anunció que Londres se retirará en breve del Tratado de Fuerzas Nucleares Intermedias (INF, por sus siglas en inglés), lo que le abrirá las puertas para que se puedan estacionar nuevamente proyectiles crucero atómicos en suelo británico.  El tratado, firmado originalmente en 1987 entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética, ha sido uno de los pilares de la estrategia de limitación del uso de armamentos nucleares por las súper potencias.  La declaración británica le indica al Kremlin que el eje angloamericano no tiene ninguna intención de renunciar a su pretensión de mantener su hegemonía manu militari, aunque este implique la movilización de armamento nuclear.

El distanciamiento de dicho programa de aspiraciones y necesidades reales de las sociedades que Frau Merkel y sus invitados presumiblemente gobiernan quedó demostrado en las numerosas manifestaciones realizadas en Alemania para protestar contra la reunión del G-7, que llevaron a miles de personas a las calles.  No fue, pues, coincidencia la movilización de 17 mil policías de todo el país para garantizar la tranquilidad de los grandes gobernantes mundiales.

Al comentar la exclusión rusa del grupo, en un artículo publicado en el blog The Saker (8/06/2015), el politólogo estadounidense Andrew Korybko fue categórico:

“En lugar de reliquias unipolares como el G-7, las instituciones multipolares emergentes como los BRICS y la SCO (Organización de Cooperación de Shanghái) se han convertido en los actores más dinámicos en el delineamiento de los acontecimientos mundiales, y los intereses soberanos de Rusia están mejor salvaguardados y servidos al abrazar la opción multipolar que Occidente, sin quererlo, la obligó a adoptar.

Korybko recordó que las siguientes reuniones cumbre de las dos organizaciones tendrán lugar casi simultáneamente, en julio, en la ciudad rusa de Ufa –la de la SCO los días 8 y 9, y la de los BRICS, el 9 y 10.  El día 9, significativamente, está previsto una reunión de los jefes de Estado y de gobierno de las dos entidades para analizar las formas de cooperación entre ambas –algo que se facilita por el hecho de que Rusia y China forman parte de las dos, condición que India, que ya es miembro observador de la SCO, obtendrán dentro de poco. Rusia preside actualmente ambas organizaciones”.

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