La secuencia de maniobras militares que las fuerzas estadounidenses y de varios países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) han realizado en varios países limítrofes con Rusia, calcula una reacción extrema de Moscú que allanase el camino para una intervención militar abierta, lo que, huelga decir, de inmediato desataría una conflagración bélica.
La más reciente, denominada Tornado, iniciada en Estonia, el pasado 19 del mes, involucró unidades estadounidenses y locales.
“Los ejercicios Tornado serán los últimos antes de las maniobras Siil, e incluyeron a todas las unidades de la Primera Brigada de Infantería de los EUA y las tropas de los países aliados de la OTAN. El objetivo principal de esta actividad es simular las condiciones de una guerra convencional y aumentar nuestra preparación militar”, afirmó un portavoz del ejército estoniano (RT, 20 de abril de 2014).
De manera simultánea, en Ucrania, se inició una serie de ejercicios conjuntos entre unidades de la Guardia Nacional ucraniana y 300 “asesores” de las fuerzas aerotransportadas estadounidenses. A ellas, se les agregarán próximamente un efectivo todavía no determinado de policías militares canadienses, para ayudar en el entrenamiento de las fuerzas locales de seguridad. La ironía es que tanto Washington como Ottawa no se cansan de denunciar la presencia de militares rusos junto a los milicianos insurgentes del este de Ucrania, aunque nunca hayan presentado evidencias concretas.
Otro ejemplo es la agresiva entrevista del comandante del Ejército estadounidense en Europa, teniente-general Frederick “Ben” Hodges, al diario Daily Telegraph del 18 de abril, en la cual afirmó que la “amenaza rusa” hacia Europa no es una suposición, sino un “hecho real”.
“Yo no creo que una confrontación militar sea inevitable. Pero usted tiene que estar preparado militarmente, para permitir una diplomacia efectiva. La mejor garantía que tenemos contra una confrontación es que la OTAN permanezca unida” aseveró.
Usando un léxico más apropiado para un porro estudiantil que para un oficial militar de su posición, Hodges dijo. “Nosotros no estamos interesados en una lucha justa con nadie. Nosotros queremos tener superioridad en todos los sistemas. No creo que nos hayamos quedado atrás, pero Rusia puede llenar el vacío en ciertas capacidades. No queremos que cierren ese vacío”.
Entre estos vacíos, mencionó la capacidad de guerra electrónica.
Mientras Hodges disparaba sus bravatas, uno de sus colegas militares más conscientes, se reunía con un alto oficial ruso (ambos de reserva), para advertir de los riesgos de que la actual escalada de tensiones pueda redundar en un conflicto nuclear. En un artículo publicado en el New York Times del 19 de abril, el general de los Fusileros Navales James E. Cartwrigth, quien fue sub-jefe del Estado mayor Conjunto y jefe del Comando Estratégico norteamericano (responsable de los misiles nucleares intercontinentales), y el mayor-general Vladimir Dvorkin, quien dirigiera el Instituto de investigaciones de las Fuerzas de Misiles rusas, emitieron una alerta:
“Nos encontramos en un ambiente estratégico cada vez más peligroso. La crisis ucraniana tiene amenazada la estabilidad de las relaciones entre Rusia y el Occidente, incluyendo la dimensión nuclear, como se hizo evidente el mes pasado, cuando se supo que oficiales de defensa rusos aconsejaron al presidente Vladimir V. Putin que considerara poner en alerta el arsenal nuclear de Rusia, durante la crisis en Crimea, durante el año pasado. Los esfuerzos diplomáticos han hecho poco para aliviar esta nueva tensión nuclear. Esto vuelve más crítico todavía que Rusia y EUA conversen, para aliviar las presiones de “emplear y perder” las fuerzas nucleares durante una crisis y para minimizar el riesgo de un lanzamiento equivocado”.
Los oficiales, que integran la Comisión Cero Global para la Reducción de Riesgos Nucleares, afirmaron que, además de los errores de interpretación y defectos en los sistemas de alerta, una acción de guerra cibernética podría desatar un disparo nuclear:
“Para ambos lados, la decisión de disparar sobre un alerta –en el intento de lanzar sus propios misiles antes de que sean destruidos- sería tomada sobre la base de informes de satélites de alerta anticipado y radares terrestres. Dados los 15 a 30 minutos de vuelo de los misiles estratégicos, la decisión de disparar después de un alerta de un aparente ataque debe ser tomada en minutos. Por consiguiente, este es un escenario de riesgo mayor, toda vez que provocaciones o errores pueden desatar una catástrofe global. Desde que los sistemas de información basados en computadoras fueron instalados, la probabilidad de semejantes errores ha sido minimizada. Pero el surgimiento de amenazas de guerra cibernética aumentó el potencial para alertas falsos en los sistemas de alerta anticipada. Y la posibilidad de un error no puede descartarse”.
Más adelante dicen:
“Este riesgo debería motivar a los presidentes de Rusia y de los EUA a decidir en conjunto la eliminación del concepto de lanzamiento-a-la-señal-de-alerta de sus estrategias nucleares. Ellos deberían reinstalar las conversaciones directas entre sus militares, las cuales fueron suspendidas debido a la crisis de Ucrania, para buscar este desarme como una prioridad urgente. (Una decisión conjunta al respecto no desestabilizaría la disuasión nuclear: ambos países tienen fuerzas nucleares para soportar un primer ataque y garantizar ataques vengativos.) (…)
“En períodos de tensiones aumentadas y plazos reducidos de decisión, aumenta la probabilidad de errores humanos y técnicos en los sistemas de control. El lanzamiento-a-la-señal-de-alerta es una reliquia de las estrategias de la Guerra Fría, cuyo riesgo actual excede en mucho su valor real. Nuestros líderes necesitan conversar urgentemente y, esperamos, concordar en descartar este obsoleto protocolo, antes de que ocurra un error devastador”.
No solamente Cartwright y Dvorkin son los únicos en manifestar semejantes preocupaciones, en el actual ambiente de escalada de tensiones mayoritariamente provocado por los piromaniacos de Washington. Para numerosos observadores, el riesgo de que ocurra un tiroteo nuclear es todavía mayor que durante el período de la Guerra Fría. Uno de ellos es Theodore A. Postol, profesor de Ciencia, Tecnología y Seguridad Internacional del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), para quien las condiciones técnicas, la inestabilidad política y las tensiones geopolíticas generan un peligro mayor de guerra nuclear accidental entre EUA yy Rusia. (Vea una de sus conferencias recientes).
El profesor Postoi no menciona, pero debería haber incluido en la lista de inexistencia, en el Occidente, la de cualquier estadista de la estatura de los que estaban en servicio durante la Guerra Fría –como John F. Kennedy, Charles de Gaulle, Harold MacMillan, Alcide de Gasperi, Konrad Adenauer y otros.

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