MSIa Informa, 26 de marzo de 2021.-Círculos económicos internacionales comienzan a cuestionarse sobre el peligro futuro de un regreso de la inflación, temiendo que pueda sobrepasar la meta ideal del 2%. La mayor preocupación es con Estados Unidos.
Lejos estamos de pretender introducir otros elementos de miedo y tensión, en una situación ya saturada de problemas. Sin embargo, es justo reflexionar sobre las consecuencias de algunas decisiones, que, aunque necesarias, deben mantenerse bajo control.
En los últimos días, el gobernador de la Reserva Federal, Jerome Powell, intentó tranquilizar a los mercados en cuanto al hecho de que el aumento reciente de los rendimientos del Tesoro de EUA reflejaba optimismo con la recuperación económica, y no una expectativa de vuelta a la inflación.
No obstante, es relevante observar que, históricamente, el crecimiento de la inflación siempre estuvo asociada a la oferta excesiva de liquidez en relación con la demanda. Lo que los gobiernos y bancos centrales hicieron en 2020 y están preparando hacer en 2021, para contener los severos efectos recesivos de la pandemia, es de suma importancia. En los EUA, la “Fed” inyectó liquidez, elevando su balance hasta más de 7.6 billones de dólares, un aumento de casi 3.5 billones.
El gobierno de Washington destinó recursos públicos para apoyar la economía y los empleos, elevando el déficit anual a 17% y la deuda pública hacia niveles todavía más elevados, equivalentes al 132% del PIB. Además de esto, el presidente Biden acaba de anunciar un paquete 1.9 billones de dólares para enfrentar la emergencia de la Covid-19, prefigurando otro déficit del 9%. Desde febrero de 2020, el índice monetario M2, el cual mide la disponibilidad de dinero y otros activos financieros bastante líquidos, creció 26%, el mayor aumento de la historia estadounidense. Europa hizo una política semejante.
Es importante estacar la situación en Estados Unidos, porque lo que acontece ahí siempre tiene fuertes repercusiones en el mundo, principalmente, en Europa.
En EUA, muchos niegan el aumento de la inflación. En 2020, dicen, hubo deflación, con pérdida del PIB y un aumento anual de precios del 1.4%.
Si esto fuera verdadero, nos preguntamos hacia donde se fue toda la liquidez disponible. Claro, parte de ella, por fortuna, permitió que las familias y los pequeños negocios, superaran la emergencia. Gran parte, sin embargo, acabó en la Bolsa de Valores. En EUA, entre marzo y diciembre de 2020, el PIB cayó un 3-5%, mientras que el índice Dow Jones subió 65%. Incluso el ahorro de las familias creció de forma dramática: en septiembre de 2020, en comparación con el mismo año anterior, fueron 2.2 billones de más.
Los procesos y los efectos son un tanto inciertos. “Hay una posibilidad de que el estímulo macroeconómico, en una escala más cercana a la de los niveles de la Segunda Guerra Mundial que la de los niveles normales de recesión, desencadene presiones inflacionarias de un tipo que no veíamos desde hace una generación”, alertó recientemente Larry Summers, ex-secretario del Tesoro de Bill Clinton.
Después de las vacunas y las cuarentenas, el ahorro citado puede transformarse en una intensa demanda de consumo de bienes y servicios, lo que podría llevar a un despunte inflacionario. El refinanciamiento de una deuda que creció enormemente podría exigir un aumento en las tasas de interés ofrecidas, para encontrar compradores.
Los precios de las materias primas ya están al alza, a pesar de que los niveles de producción son inferiores a los del período pre-pandemia. Por ejemplo, el precio de la gasolina en los EUA volvió a los niveles del inicio de 2020, a pesar del hecho de que las personas hoy viajen menos. En 2020, el precio del cobre aumentó 56%, el de la soya, 54%, de la madera, 117% y el del transporte de mercancías, 215%.
En Europa, crece una cierta preocupación, expresada particularmente por economistas alemanes, siempre temerosos de la experiencia de la República de Weimar. Hasta el ex-economista en jefe del Banco Central Europeo (BCE), Peter Praet, alertó de la necesidad de prepararnos hacia nuevos escenarios. Este es un análisis compartido por Jens Weidmann, jefe del Bundesbank.
La pregunta que está circulando es: ¿la “Fed” y otros bancos centrales están pensando adecuadamente sobre la inflación? Esperemos que sí, siempre que no solo piensen solamente en la inflación, sino también en los empleos y en el desarrollo.

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